No te va a gustar – Estos europeos hablan de todo, menos de Europa


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Pero ¿dónde están nuestros estadistas europeos? Porque he observado un clamoroso eurosilencio mientras las cosas empeoraban, el pasado fin de semana, al Este de Europa. En esa Ucrania que se ha convertido en un barril de pólvora peligrosísimo para todos y cada uno de los ciudadanos de la UE. Silencio también, atronado por cosas banales, mientras el secretario general de la OTAN, Rasmussen, advertía muy seriamente al Kremlin contra cualquier nueva tentación invasora tras lo de Crimea, invasión que ha quedado, por cierto, impune. Nadie diría que estamos a poco más de un mes de unas elecciones europeas en las que tanto hay en juego. Los candidatos principales, el conservador Juncker y el socialdemócrata Schulz, lanzados a decir nada o casi nada en la precampaña, precisamente en unos momentos en los que el futuro estatus del Viejo Continente está literalmente en peligro, tanto por el Este, con el zar ruso actuando placer, como por el Sur, con la irrupción de inmigrantes subsaharianos. Y, por lo que respecta a los candidatos españoles, qué quiere usted que le diga: que estamos como siempre.
Escuchando los rifirrafes de la precampaña, incluyendo el estreno del finalmente «revelado» candidato «popular», Miguel Arias Cañete, uno tendría la sensación de que estamos ante unas elecciones municipales -ni siquiera generales-, más que ante unos comicios europeos que, ya digo, se celebran en momentos muy peliagudos para una Europa a la que Rusia incluso se permite amenazar con un corte del suministro de gas. No he escuchado a candidato alguno, ni «popular», ni socialista, ni de cualquier otro partido, referirse a esta potencialmente angustiosa cuestión, que sin duda afectaría no poco a una España que es de los pocos estados europeos que no depende demasiado del gas ruso: por eso mismo, nuestro país y sus gasoductos desde Argelia adquirirían una importancia estratégica vital para Alemania y los centroeuropeos en general en el caso de que la situación del suministro se agravase.
Pues de esto, «ni mu» en la precampaña. A cambio, la palabrería de siempre, el «y tú más» de siempre, impropio, creo, de dos figuras elegantes y de talla como Arias y Valenciano, dos personajes que, lamentablemente, han sido designados por los «aparatos» de sus partidos (más bien por los jefes máximos) y no, como hubiese sido deseable, elegidos en unas primarias.
Puede que los futuros eurodiputados, españoles o no, crean que van a poder mantener el confortable «status quo» culiparlante en Estrasburgo y Bruselas durante los próximos cuatro años, y por eso actúan como si nada estuviese ocurriendo un poco más allá de las fronteras del Imperio romano. Pero el Imperio, ay, parece haber comenzado a tambalearse. Y puede que el europarlamento, como la eurocomisión, como todo aquello que sustenta a la satisfecha eurocracia, ya no vayan a ser lo que hasta ahora han venido siendo. Pero, claro, se trata de que nadie pueda llegar siquiera a sospecharlo en este mundo presuntamente feliz y quizá por eso se hacen las precampañas, las campañas, los vídeos y los mítines que se hacen. De lo peor, porque dan la espalda a una realidad que resulta ser, como casi todas las realidades, no demasiado agradable.

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