Siete días trepidantes – El «quinto de caballería» de Mariano Rajoy.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

El bloc de notas del cronista se adensa de día en día. La actualidad ruge como un motor de competición, y uno ya no sabe bien con qué acontecimiento concreto quedarse para comentarlo, tantas cosas están pasando. En lo que podría ser un apretado resumen, yo diría que Mariano Rajoy, y su «quinto de caballería», comandado, claro está, por una vicepresidenta que no provoca ya unánimes elogios, se han lanzado al ataque, aprovechando que el principal rival –¿rival?–, que sería el PSOE, anda algo perdido, en busca de su propia identidad. Y, así, de consejo de ministros en consejo de ministros -que son, estos ministros, siempre los mismos: no cambian–, nos encontramos con una reforma fiscal, con medidas sin duda beneficiosas para el empleo juvenil, para los emprendedores, mientras los socialistas andan en campaña electoral interna, procurando no hacer mucho ruido.
Lo que ocurre es que el general Rajoy se equivoca algo: bien están las medidas de bonificaciones juveniles, bien las que quieren fomentar la aparición de emprendedores, que es algo que se nota en las cifras cuantitativas de un empleo cualitativamente, claro está, peor. La coronela Sáenz de Santamaría sabe vender bien estos avances, que lo son, y sabe potenciar a comandantas como Fátima Báñez, que lo está haciendo bastante bien, o Ana Pastor, que lo hace aún mejor. Lo que pasa es que hay también comandantes, como José Manuel Soria, o incluso como Cristóbal Montoro, que, sin romper filas ni desobedecer a la coronela, faltaría más, se reclaman algo más afectos al general que a su principal subordinada, a la que achacan no coordinar del todo bien a la tropa. Una tropa que incluye nada menos que a la «otra coronela», que se mantiene como puede en el cuartel general de la calle Génova, mirando de reojo lo que hace el «mando supremo» en Moncloa.
Y digo que el general Rajoy se equivoca porque limita la batalla al campo económico, dejando el terreno político libre al enemigo. Me encantaría, de veras, estar desacertado cuando pienso que el presidente yerra al pensar que el territorio-Cataluña se verá libre de sediciones, complots, desplantes y violaciones de la legalidad por sí mismo. Hay que actuar. Y no precisamente por la vía de la dureza que proclaman los sedicentes estrategas más despistados en Madrid. Todo lo contrario: hay que ganarse al enemigo a base de no considerarlo enemigo, porque el enemigo real de la unidad de España es quien sin duda ganaría unas elecciones que un Artur Mas, desesperado y deseoso de ahorcarse con su propia cuerda, podría acabar convocando anticipadamente, aunque ahora diga que no. ¿Cuántas cosas ha dicho el president de la Generalitat que luego ha incumplido?

Pero Rajoy se/nos ha metido en el laberinto de las promesas regeneracionistas, en un intento sin duda bienintencionado, pero perezoso, de ir cubriendo ese territorio político que ha dejado libre a otras iniciativas, entre ellas la muy respetable en la que está malamente embarcado el PSOE estos días. No sé nada de esa «escuela de verano» del PP en la que se discutirían y, espero, se concretarían esas iniciativas de regeneración política, y solo conozco lo que van diciendo en la paralela semana veraniega de la Fundación FAES, capitaneada desde la distancia por Aznar y que este domingo clausuran al alimón, como es tradicional, el propio ex presidente y su sucesor, Rajoy.
Atención, pues, a lo que digan el teniente general en la reserva –¿en la reserva?_y el general con máximo mando en tropa en esta comparecencia en la sierra madrileña: conviene no perderse en los detalles de siempre, como si ambos se saludan con más o menos afecto, un afecto que ya sabemos que no existe, lo que poco importa ya. Vivimos tiempos nuevos, lo que implica algo de improvisación, que suele ser, por qué no, la madre de muchas grandes iniciativas. Y claro que yo desconfío de ese chupinazo regeneracionista que ha lanzado a los aires San Fermín Rajoy: lo más probable es que estalle en los cielos del verano, fuése y no hubo, nada tras los encierros escolares veraniegos. Pero ¿y si por ventura me equivoco? ¿Y si, entre todos, hacemos que el espíritu regeneracionista -que, sin duda, anida ya en el PSOE desvalido, en la UPyD ansiosa, en IU temerosa del empuje de ese «bluff» que sin embargo tanto ruido hace, «Podemos»– se enrosque también en el partido gobernante, que sigue, con todo, siendo el más estable,? ¿Y si el general de cuatro estrellas nos da una agradable sorpresa, que es algo a lo que no nos tiene acostumbrados, a la tropa y a la marinería en general?

Todo cabe, ya digo, en estos tiempos del cólera y de esperanza. Y, ya que hablamos de sorpresas y de milicia, para mí no ha sido una novedad la renovación como jefe de los servicios secretos del general Félix Sanz Roldán. Un hombre que tiene sus detractores, pero que me parece que ha hecho una buena labor tanto en la lucha contra ETA como en la consolidación de la Corona en sus tiempos más difíciles. Comprendo que Felipe VI -que ha comenzado a volar, lo mismo que la «tenienta generala», que ha pronunciado su primer discurso, y bien, ante una ONG– quiera tenerle a su lado, y que la «coronela de La Moncloa» lo haya mantenido, por tanto, al frente del Centro Nacional de Inteligencia. Porque tampoco hay que excederse a la hora de dar sorpresas, qué caramba.

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