La semana política que empieza – «Rebajar expectativas» es ahora la consigna.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Fueron acaso demasiado lejos algunos portavoces del partido gobernante -Rafael Hernando, José Luis Ayllón- al anunciar que llegaba, tras la constitución de los ayuntamientos, la era de los cambios desde el poder. Y sabemos que fueron demasiado lejos porque, desde donde se podía hacerlo, se les llamó al orden. «Rebajar expectativas» es la nueva consigna que se ha ido filtrando desde los círculos monclovitas. Es decir, que nadie espere de Mariano Rajoy cambios revolucionarios, sorpresas de infarto, sino «ajustes» (es el término que yo he escuchado de labios competentes) imprescindibles: que si un relevo en el Ministerio de Educación por razones cuasi familiares, que si alguna vuelta de tuerca en el partido (que patentemente funciona mal), que si alguna decisión en Valencia o Baleares, donde el PP anda como ausente… Poca cosa, si esto fuera realmente como de manera poco explícita nos lo pintan. Casi como si no hubiera habido elecciones hace veinte días y como si un aire de terremoto no se hubiera instalado en el sesenta por ciento de los ayuntamientos españoles y en el noventa por ciento de los ánimos ciudadanos.
No sé qué parte del mensaje de las urnas no ha entendido Rajoy, pero, salvo imprevistos -y él se califica como «previsible»-, es de temer que la línea argumental va a ser la misma: vamos bien en lo económico, el PSOE es reo de alta traición o, al menos, «tonto útil», por aliarse con un Podemos que acabará merendándoselo, y a ciertos ayuntamientos -entre ellos, por cierto, los tres mayores de España- han llegado grupos de aventureros que a saber en qué acabarán la fiesta. Este es el análisis que he escuchado en ambientes que se consideran próximos al presidente, que, insisto, sigue siendo el hombre más poderoso de España, por mucho poder territorial que haya perdido, y más que va a perder en la constitución de los gobiernos autonómicos, que esa va a ser otra.
¿Cómo afrontar ahora la recta final del año político, apasionante para el observador, quizá regeneradora para el ciudadano, pero muy molesta para quien, como Rajoy, se sentía en la plenitud de la gloria, del triunfo y del acierto no hace más de un mes y medio? Solamente desde una voluntad proclamada y creíble de reforma-reforma-reforma de tantas cosas, desde la Administración hasta la Constitución, pasando por la normativa electoral y por tantos detalles que tienen que ver con la profundización de la democracia, podrá salir Mariano Rajoy del cascarón. Solamente cortando por lo sano en la estructura de su partido y de su Gobierno ofrecerá a los españoles la imagen de que quiere seguir en la liza, y no casi tirar la toalla. Solamente agarrando por los cuernos, con perdón, el toro desmandado que ha soltado Artur Mas imbuirá a la ciudadanía de la sensación de que está plenamente en modo activo. Porque no va a bastar con que diga que sí, que se presentará a las elecciones generales frente a la «alternativa» que es Pablo Iglesias (increíble torpeza la de La Moncloa filtrando esta hipótesis inimaginable, que sirve para reforzar la figura de Pedro Sánchez), como convencerá a los electores de que de verdad tiene ambición de continuar. ¿Con qué programa, con qué cosas nuevas que ofrecer? ¿O va a ser planteando el «más de lo mismo»?

Rajoy se la juega ahora, ya, esta misma semana en la que todos esperamos a ver el alcance, la profundidad, la imaginación, de los cambios y de las ideas que tendrá, se supone, que plantear él mismo, con alguna comparecencia, diciendo algo más de lo que ha dicho tras las elecciones. A Rajoy, que es persona seria, con sentido común y una buena dosis de patriotismo, quizá algo anticuado en sus fondos y formas, avejentado en sus maneras en estos tiempos efebistas, tenemos que pedirle, y desearle, acierto. Porque su acierto, hasta ahora parcial en lo económico y nulo en lo político, redundará en el bien de todos los españoles: al menos, que pilote bien la transición ordenada hacia nuevas fórmulas y modelos distintos a los que él, y muchos más, proclaman como los mejores. Porque mucho de lo que ha ocurrido, y va a ocurrir, en el poder local ni ha sido lo mejor, ni ordenado, ni previsible, contra lo que a Rajoy le gusta. Pero es el cambio, y ha venido, señor presidente, para quedarse: gestiónelo bien, por favor.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído