Más que palabras – Un hombre solo.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Fue un superviviente del empresariado español que se fraguó en el franquismo y consiguió lo que parecía imposible en la época del dictador: situarse entre los primeros, sin pertenecer a uno de

los apellidos grandes de España. Se ha arruinado varias veces y resucitado otras tantas, se le ha tildado de estafador o genio, de héroe o villano pero además de sus habilidades para construir y

destruir negocios lo que mejor hacia José María Ruiz Mateos era poner en marcha su máquina de propaganda.
Le conocí y empecé a entrevistarle después de convertir su disfraz de Superman en lo que ahora llamáremos un viral y su «que te pegó leche», contra Boyer, en Trending Topic. En las entrevistas era claro, directo, ingenioso, sin pelos en la lengua dando la sensación de que nunca quería situarse en lo políticamente correcto porque eso, simplemente, era aburrido y el no era feliz sin una vida marcada por la polémica y el espectáculo, llevado a los extremos más

insospechados.
Estos días he leído en algunos periódicos esa declaración de intenciones que le acompañó durante años: «cuando ponga en pie 100.000 puestos de trabajo estaré listo para morir». Nunca

llegó a conseguir su sueño, pero sí que sus empresas fueran reconocidas y mediáticamente muy identificables tanto con el holding Rumasa como nueva Rumasa.
Siempre fue un heterodoxo, un emprendedor, cuyo holding llegó a tener ¡nada más y nada menos! que 17 bancos de su propiedad. Fue hombre de la «Obra», finalmente expulsado del Opus Dei que no dudo en disfrazarse de Cristo con la cruz a cuestas y tampoco no tuvo

problemas de conciencia para de disfrazar sus fianzas cuantas veces hizo falta. Lo tuvo todo y se quedó, aparente y temporalmente si nada, cayó y se levantó pero siempre conservó esa especie

de inquina contra Boyer, el todopoderoso ministro de Economía que convenció a Felipe González, recién llegado a la Moncloa de la expropiación de sus empresas. Durante años, cuando le entrevistabas, les dedicaba un prólogo a ambos adobado de ingeniosos insultos que

solía repetir a modo de retahíla insistiendo una y otra vez en una elaborada teoría de la conspiración en la que, según nos decía, habían participado no sólo Felipe González sino sus colegas de la banca, el Opus y cualquiera que pasará por allí.
Según dicen el patriarca y fundador de Rumasa ha tenido unos duros últimos años: perseguido por la Justicia, acosado por las deudas, sin poder disponer de sus bienes y abandonado por los suyos. El que fuera un empresario milagro término sólo, acompañado únicamente por una de sus 13 hijos, entre los temblores del Parkinson y una muy deteriorada salud mental. Llegó a perder 200 pleitos contra el Estado, ingreso media docena de veces en la cárcel aunque nunca fue condenado y ha acabado sus días como un hombre solo abatido y sin esperanza. Estos últimos días de obituario algunos han dicho que provocaba más risas que rabia porque era excesivo y extravagante. Tal vez sea así pero lo peor de todo es que al final era solo un hombre además un hombre solo. Descanse en paz.

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