El buenismo como estrategia de manipulación


El “buenismo” es esa tendencia estúpida e injusta que se ha impuesto en los últimos años en nuestras sociedades necias, de la mano de los que tienen una moral más bien pírrica, y que ahora, desde sus atalayas contemplan el “mundo al revés”, camino del caos y el desmorone. En paralelo –y como apoyo—, funcionan las mordazas, ¡y pobre de quien ose saltarse las sagradas leyes del laicismo radical, impuestas por la dictadura de lo políticamente correcto, porque la descalificación y el oprobio ahí están como espada de Damocles. El pensamiento único estrangula como hiedra parásita a una sociedad despersonalizada y frívola, que cabalga sin alma, con los ojos vendados, los oídos tapados y el cerebro zombificado. Comer, dormir, trabajar y procrear, es el sino de estas pobres hormigas locas conducidas por políticos psicópatas.

En esta sociedad ramplona en la que el sistema piensa cuándo hay que ponerse banderas en el perfil de Facebook y nos elije víctimas propiciatorias para calmar nuestra ira contenida, está mal visto e incluso castigado decir la verdad. Al cardenal Cañizares se le ocurrió decir que no “eran trigo limpio” todos los refugiados y utilizar la socorrida metáfora de la Eneida, al hablar de un posible “caballo de Troya”. ¡Pobre purpurado! Encima le cayó nada menos que la Fiscalía General del Gobierno –perdón, del Estado—para amonestarlo e invitarle a que pidiese perdón. ¿Pero qué moral puede dictar un Fiscal General que ha “mangoneado” y “amañado” lo habido y por haber, para que la inefable Infanta de España –qué
vergüenza—esquive la cárcel y para que Hacienda admita facturas simuladas? ¿En qué cabeza cabe? ¿Qué normas morales puede impartir un Fiscal General que no aborda de oficio los casos de corrupción públicos y vergonzosos?

El cardenal Cañizares solo ha declarado lo que el Ministro ha dicho en privado, y sabe toda la Policía de España y de otros países: que con los refugiados está entrando un ejército camuflado a través de las mafias de la CIA, con armas que ya quisieran para sí nuestros policías, armados con pistolas casi de jabón, al estilo de “Take the Money and run”. También ha puesto el dedo en la llaga el cardenal al preguntarse de dónde iban a salir los fondos para alimentar a tanto refugiado, cuando tenemos en el país a miles de sin techo víctimas del desahucio, cuyas viviendas se les están entregando a los que llegan. Y lo mismo se puede decir de las ayudas familiares, para guarderías, dependencia y demás prestaciones sociales. Como de momento, dos y dos son cuatro, no hay para todos. Son reflexiones primarias, es cierto, pero no por ello carentes de lógica. Por eso, quiero manifestar mi repulsa hacia todos los que, de una manera u otra, han contribuido al linchamiento del cardenal Cañizares. Hoy le tocó a él, pero mañana te tocará a ti o a mí. El linchamiento, aparte de primitivo, siempre es vergonzoso. Una vez más se ha visto que somos una manada y que actuamos más por instinto que por razón.

Para terminar, puntualizo sobre la idea que subyace en estas y otras acciones a las que, por desgracia nos estamos acostumbrando. El buenismo es una corriente propiciada por el sistema para bajar los niveles de excelencia, equidad, de lo bien hecho, de lo conveniente, de lo justo; es una estrategia de manipulación que invita a criticar y a ser intolerantes con los valores que han hecho del ser humano lo que es, y a ser tolerantes y complacientes con la mediocridad, la incultura, lo feo y lo vulgar. El buenismo es un lobo disfrazado de cordero, que nos animaliza y baja nuestra frecuencia vibracional. ¿Vamos a consentirlo? ¿Vamos a seguir permitiendo que el sistema nos diga qué pensar y a quién inmolar en la pira?

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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