ESTUDIOS INDEPENDIENTES HABLAN DE UN “CAMBIO CLIMÁTICO” PROVOCADO

El cambio climático, una mentira de diseño que eclosiona en plena crisis covidiana. ¿Casualidad?

El cambio climático, una mentira de diseño que eclosiona en plena crisis covidiana. ¿Casualidad?

Cada vez que hablan “los expertos” es para echarse a temblar, porque alguna mala noticia traen. Y siempre mienten. No sirven a la sociedad, sino al sistema y a sus cuentas corrientes. El chasco que se van a llevar cuando Caronte los transporte en su barca y caigan en la cuenta de que una vil moneda bajo la lengua es suficiente, y que los réditos del Mal no cotizan en ese lado de la realidad, salvo para entrar en el averno.

Pinceladas mitológicas aparte, los expertos del cambio climático han vuelto con su tabarra trasnochada y cansina, pero rentable, que es lo que importa y, sobre todo, cortina de humo para delinquir sin barreras y a la luz del día, bien adornada, claro está, con eufemismos, exageraciones, invenciones, tergiversaciones y mentiras al por mayor cocinadas ad hoc para crear el golpe de efecto. “El ritmo del cambio se está acelerando, es tiempo de actuar y de hacerlo ya […] Es imprescindible acelerar el ritmo de transformación de nuestro modelo económico si queremos vencer la amenaza”, dice Teresa Ribera, ministra de “Transición Ecológica y el Reto Demográfico” –el nombrecito es para nota—, secundado por la de Derechos Sociales, Ione Belarra –otra eminencia que tal baila—. Y entre la una y la otra, el caballero de mohatra, Pedro Sánchez Castejón. Esto ocurre tras conocerse el sexto informe de Evaluación sobre el cambio climático de los expertos de marras. ¡Lo que se nos viene encima con la aceleración del cambio de modelo económico, teniendo como telón de fondo el cambio climático y la pandemia! Dos grandes tramas para transformar aceleradamente a una sociedad anestesiada y sumisa, que camina sin rumbo, acostumbrada a que se lo den todo pensado y dispuesta siempre a aceptar cualquier patraña. Estoy segura de que las palabras del uno y de las otras no iban dirigidas a los españoles, sino a sus “amos” de la cúpula. Tienen que demostrar que la apisonadora está engrasada y que España está entregada.

He publicado mucho sobre el gran engaño del cambio climático, pero no está de más retomar la información. Este texto no es mera opinión, sino basado en datos a los que cualquiera puede acceder. Solo hay que tomarse el trabajo de investigar y deducir. Veamos qué hay detrás de todo este asunto y cómo se ha ido cocinando a lo largo de las últimas décadas esta gran manipulación sobre el cambio climático, que eclosiona precisamente en este momento de pandemia covidiana, coincidiendo a la vez con la reforma de la Ley de Seguridad Nacional ¡Esto no es casualidad! Son tres pilares para sustentar el mayor ataque a la humanidad en toda su historia. Por si sirve de algo, me propongo publicar una serie de artículos pormenorizando la gestación de esta gran mentira satánica.

En realidad no es una mentira, sino una verdad mentirosa –perdón por la contradictio in terminis—, y esto es lo grave. Es cierto que se está produciendo un cambio climático, pero no por causas naturales ni por culpa del ser humano y la mala utilización de los recursos del planeta, como nos quieren hacer creer, sino de una manera provocada.

El famoso High Frequency Active Auroral Research Program (HAARP), del que tanto habla la conspirología desde hace tiempo, fue puesto en marcha ya en los años sesenta con la intención de modificar el clima, y ha despertado el interés y la preocupación de muchos científicos responsables.

Que el clima está presentando anomalías que nuestros mayores no habían presenciado, nadie puede negarlo. Las imprevistas nevadas o granizos en verano y los calores agosteños y repentinos de febrero están ahí para demostrarlo. Huracanes y ciclones son más agresivos que nunca y hasta parece que están cambiando la temporada de aparición y las trayectorias naturales. El cambio también se nota en la luz solar, que en los últimos años parece que llega filtrada por una neblina blanquecina o plateada que casi nos deslumbra. Debido a este filtro, creado artificialmente, en muchos lugares ya no se ven las clásicas puestas de sol anaranjadas. El cambio lo vemos también en el florecimiento de los árboles, en la maduración de algunas frutas, o en el comportamiento de algunas aves, que ya no saben si emigrar o quedarse. Es como si a la naturaleza, de repente, se le hubiera estropeado el reloj.

No faltan quienes opinan que esto se debe a los ciclos propios de la naturaleza. Sin embargo, otras voces, basándose en datos, más científicos que especulativos, apuntan hacia un cambio climático provocado, con fines económicos. Si todo se quedara ahí, podríamos perdonar su irresponsabilidad a los megalómanos y coleccionistas de ceros para añadir a sus cuentas corrientes. Pero mucho nos tememos que lo que se esconde tras esta arma mortal es de unas dimensiones tan destructivas para la humanidad, que da miedo pensarlas. Pero vamos a seguir.

Desde siempre, los seres humanos han querido controlar el clima, fuera a través de rogativas a los dioses para que enviaran la lluvia deseada, o fuera a través de hechiceros o chamanes que tenían el poder de controlar los agentes meteorológicos. El santón budista, Milarepa, que vivió hacia el año 1000, tenía la facultad de desencadenar tempestades y así destruía las cosechas de sus vecinos. En México, existen unos chamanes llamados graniceros, que controlan la lluvia y las tormentas. Hemos tenido la oportunidad de ver a don Lucio en plena acción con los meteoros. Pero esta es otra historia.

Dejando a un lado el componente mágico de estas prácticas, en los años cincuenta, Wilhelm Reich, construyó un artefacto denominado cloudbuster, con el que desviaba huracanes y hacía llover. Consistía en una especie de cañón rompenubes, con el que aseguraba controlar la capa de orgón que, supuestamente, rodea la Tierra. A Reich nadie le hizo caso en su tiempo, aunque su invento llegó a conocimiento del presidente Eisenhower. Por esos años, la Casa Blanca ya tenía un asesor para modificar el tiempo, el capitán Howard T. Orville. Este, sin duda, recogió toda la información enviada por Reich, mientras este daba con sus huesos en la cárcel. Estaba prohibido inventar si eso atentaba contra los intereses y “verdades” del sistema. ¡Justo como hoy!

Los primeros documentos “serios” que hablan de experimentos para controlar el clima datan del año 1877. El profesor de la Universidad de Harvard, Nathaniel Shaler, propuso desviar las corrientes marinas con el fin de deshelar el Polo Norte. A partir de ahí, se ha continuado con el delirio de enmendarle la plana a la naturaleza, con la puesta en marcha de diferentes proyectos, como Argus, Skywater, Stasfish o Popeye. Sin embargo, es a principios de los sesenta cuando empieza el auténtico debate sobre la modificación del clima, y alcanza su punto álgido a partir de los 90, con la aplicación de grandes partidas presupuestarias y la presentación de programas y actividades.

En el año 1992, el documento Implicaciones políticas del calentamiento derivado del efecto invernadero, de la Academia Americana de Ciencias, fue todo un hito y punto de partida en las políticas de los años venideros sobre el clima.

Cómo surge el concepto “efecto invernadero”

El concepto “efecto invernadero” fue formulado en 1896 por el físico y químico sueco, Svante Arrhenius, autor de la Teoría de la disociación electrolítica. Este afirmaba que la presencia de ciertos gases en la atmósfera, como el CO2, podía provocar un aumento de la temperatura global de la superficie terrestre, y planteó la hipótesis de que la Tierra podía evitar una nueva era glaciar, gracias al calor de las fábricas. Sin embargo, la teoría no tuvo demasiado eco y fue abandonada hasta que Hansen la reactiva años después, para darle una ocupación a la NASA y a sus satélites artificiales.

En los años ochenta, Thomas E. Bearden, físico e ingeniero nuclear, trabajó para el departamento de Defensa de EE.UU. experimentando con nuevas armas de guerra, con el pretexto de que los rusos estaban ensayando técnicas sofisticadas para modificar el clima y arruinar su economía agrícola, amén de otros planes de mayor alcance. En efecto, los rusos estaban muy avanzados en estas tecnologías, pero con el hundimiento de la URRS, muchos científicos recibieron ofertas para trabajar en Estados Unidos, Canadá y Alemania. Por esos años, se empezó a hablar de la utilización de los haces de ondas escalares. Eran los comienzos del Programa de Investigación de Alta Frecuencia Auroral Activa (HAARP, por sus siglas en inglés), descrito en el Informe A4-0005/99 como “un sistema de armas destructor del clima” que debiera considerarse “una amenaza para el medio ambiente con un impacto incalculable para la vida humana”.

Recordamos ahora un artículo del ingeniero Alberto Borrás Gabarró, publicado hace más de treinta años en la revista Enigmas, donde leemos:

Estas ondas se emitían desde unas potentes antenas direccionales llamadas Howitzer, y uno de sus efectos se registraba en múltiples bandas (de 3 a 30 MHz), en un sistema que los norteamericanos y los radioaficionados llamaron WP, Woodpecker (pájaro carpintero), ya que en los altavoces se captaba un sonido muy parecido al tac, tac, tac de esa ave.

Las emisiones WP se iniciaron en 1976, y en una década  el clima de EE.UU. se alteró tan radicalmente, que un riguroso estudio publicado por la prestigiosa revista Science, demostraba que tal anomalía solo se podía producir en un año de cada 1200. […] Según parece, estas frecuencias WP perseguían también otro objetivo aún más insidioso y delictivo: interferir en los procesos cerebrales humanos. (Nótese que se habla de interferir en los procesos cerebrales humanos, un tema de rabiosa actualidad hoy).

Parecía ciencia-ficción, pero era para echarse a temblar. Y los que empezamos a columbrar lo que se avecinaba en los próximos años, les aseguro que temblamos.

Mi marido y yo hemos oído este tac, tac, tac pernicioso, sin sospechar que se trataba de una tecnología especial. Estábamos en Puerto Rico y, cuando regresábamos de la playa, teníamos la costumbre de escuchar radio Exterior de España, en onda corta. De pronto, empezaba el tac, tac, tac y casi no dejaba oír la locución. Un tiempo después, coincidimos con el doctor Rodríguez Delgado en un congreso y hablando de las experiencias con microondas le preguntamos sobre este extremo. No recuerdo qué nos dijo en concreto –yo aún estaba muy verde por aquel entonces—, pero, por sus palabras y sus silencios, mi marido dedujo que estaban ensayando con un determinado tipo de ondas, con fines no muy éticos.

Hace casi medio siglo, el que fuera consejero para la Seguridad Nacional de Carter, Zbigniew Brezinsky, predijo un modelo de sociedad mucho más controlada, dirigida por una nueva élite de poder que no escatimaría recursos técnicos para planificar los resultados electorales, eso sí, haciendo creer a los ciudadanos, que viven en democracia; y decir democracia es decir libertad. Basándose en las palabras de Gordon MacDonald, especialista en sistemas bélicos y asesor de Nixon, escribió estas escalofriantes revelaciones:

Los estrategas políticos están tentados a explotar la investigación sobre el cerebro y la conducta humana. La utilización de impulsos con exacta sincronía puede conducir a un modelo de oscilaciones que concentran niveles relativamente altos de energía sobre ciertas regiones de la Tierra. Así, se puede desarrollar un sistema capaz de afectar seriamente a la actividad cerebral de grandes poblaciones en regiones seleccionadas y durante un prolongado periodo.

Y por si no nos hubiera quedado claro, en otro momento remacha el clavo al exponer:

… Esta élite no dudará en lograr sus fines políticos utilizando las últimas técnicas modernas para influir en el comportamiento público, manteniendo a la sociedad bajo una estrecha vigilancia y control. El momento técnico y científico les proporciona los medios para explotarla.

¿Se dan cuenta de que esto es la realidad actual y que nada es improvisado? Hemos sido unos perfectos estúpidos, y no sé por qué hablo en pasado. Insisto en estas referencias para aclarar que esto no es algo que surgió de la noche a la mañana, en la era Internet, sino que se viene gestando desde hace décadas. El plan para dominar el mundo es tan viejo como el ser humano, pero ahora parece que estamos tocando fondo, porque las armas que el sistema tiene para mantenernos atontados y aletargados van mucho más allá del “pan y circo” tan socorrido de los romanos.

La pieza importante del HAARP es una patente con el título Método y aparato para alterar una región en la atmósfera de la Tierra, ionosfera, y/o magnetosfera, basado en la tecnología de Nikola Tesla, lo cual se especifica en el mismo. ¿Sabe Pedro Sánchez quién fue Tesla? Lo dudo. Él solo es un muñeco diabólico en este descomunal juego de rol en tiempo real. Eso sí, está encantado con el papel. Como vemos, todas las líneas convergen en un vértice denominado CONTROL.

Envío de frecuencias electromagnéticas a la ionosfera

El HAARP tiene varias antenas distribuidas por todo el planeta, que envían frecuencias electromagnéticas a la ionosfera. Oficialmente es “un proyecto científico cuyo objetivo es el estudio de la ionosfera, haciendo hincapié en la comprensión y el uso de la misma para mejorar los sistemas de comunicación y de vigilancia, con fines tanto civiles como de defensa”, según leemos en sus papeles. ¿Defensa de los extraterrestres? No se tomen la pregunta a broma. Durante el mandato del presidente Ronald Reagan se puso en marcha la Star Wars, la guerra de las estrellas. En más de una ocasión, el actor vaquero de la Casa Blanca habló de la necesidad de defender la Tierra frente a una invasión alienígena. Recordemos las declaraciones en tándem con Mijaíl Gorbachov sobre la unión frente a enemigos foráneos. También se define el HAARP como una serie de “calentadores ionosféricos”, para caldear el aire cuando convenga.

La mayor de estas antenas es la de Garona, Alaska, con una potencia de 1GW (gigawatio), operando entre 1 y 15 MHz. El proyecto funciona en conjunto con otros programas, como el brasileño de Modificación de la Ionosfera (BIME) y el Sura (la antigua Gorki), en Rusia, un emplazamiento similar al estadounidense, y casi seis veces más potente [1]. En el próximo artículo continuaremos con esta “historia para no dormir” sobre el clima.
(Datos de mi libro Conspiraciones contra la humanidad. La agenda de los amos del mundo, con actualizaciones de las últimas noticias)

NOTAS:

[1] En 1999, el Parlamento europeo advirtió de los grandes peligros de estos programas. En el 2002, el Parlamento ruso afirmó que Estados Unidos buscaba dispositivos capaces de utilizar la troposfera, como agente destructor.

Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración. Lo mismo si se reproduce el texto en un medio escrito.

gcomunicacion@laregladeoroediciones.com

 

Te puede interesar

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Lo más leído