Voy con las riendas sueltas y refrenando el vuelo/ Porque no es lo que importa llegar pronto y solo/ sino con todos y a tiempo León Felipe, poeta español
¿Seremos capaces los españoles de llegar todos juntos y a tiempo para salvar a España de estos enfrentamientos que nos separan y nos impiden avanzar en la dirección correcta? En 1978 todo hacía presagiar que iba a ser así. Quedó en una ensoñación; una más de las ensoñaciones a las que tan aficionados somos los españoles.
Fue en 2004 cuando empezó a joderse España, fue en ese año cuando se dio el pistoletazo de salida para derruir todo lo construido en 1978 y comenzar de nuevo con la división y el enfrentamiento resucitando las dos Españas. El pistoletazo no fue tal, fue una explosión que se llevó por delante trenes, ciudadanos y sembró el miedo entre los españoles que no supimos hacer frente al desafío, que nos acojonamos y que dimos el poder a un personaje llamado Zapatero.
En 2007, los mismos españoles que entronizamos a Zapatero al frente de España, comenzamos a darnos cuenta de nuestra equivocación para, cuatro años más tarde poner el timón en manos de Rajoy. Solo fue otra ensoñación de este pueblo que vive entre las nubes de las promesas irrealizables de izquierdas y el barrizal que dejan al gobierno entrante. Rajoy tuvo que hacer frente al desaguisado de Zapatero y hacer lo que hoy se llama “real politic”. Pero a los españoles no nos gusta vivir en la realidad, sino en un mundo de promesas melifluas y palabras bonitas. Milongas, tangos y música para canarios es lo que nos gusta oír a nosotros ciudadanos de este país que nunca acaba de arrancar porque nunca está unido. Bastó la impostura de Sánchez para hacernos ver que su moción de censura abría las puertas a un país comparable al paraíso y, sobre todo, que no nos agobiaba con la verdad. Porque es la verdad lo que no nos gusta oír a los españoles. Somos cobardes y huimos de la verdad porque nos es molesta, preferimos una mentira edulcorada que, aunque nos afecte económica y socialmente, no nos obliga a pensar y nos permite no renunciar a nuestro espacio de confort a pesar de que este se reduzca día a día. Y así, a cada cuatro años, cuando el gobierno de izquierdas nos ha llevado a la ruina, hacemos un movimiento pendular y entregamos el país a quien lo puede arreglar para, a continuación, volvérselo a entregar a quienes nos llevaron hasta el borde del precipicio porque las medidas del que lo arregla no nos gustan. Así, España pendulea de izquierdas a derechas y viceversa. Y es que los españoles no solo estamos separados por las ideologías, también lo estamos por dos conceptos totalmente diferentes de concebir la vida: o como un reto con oportunidades para avanzar o como una subvención que nos permita, más que vivir, respirar y nos aleje de responsabilidades.
Ahora estamos en un periodo de subvención y entreguismo a quien nos subsidia y subvenciona que tiene – como siempre – dividida a España y a los españoles. Y si dentro de dos años un gobierno que apueste por el mérito y el esfuerzo, en vez de subvencionarnos, nos da oportunidades que son las que hacen que el hombre prospere si sabe aprovecharlas; la otra parte de España, la que bosteza, la que huye del esfuerzo, hará todo lo que pueda para sentar de nuevo en el sillón presidencial a quien no le de oportunidades, sino la sopa boba y la paguita.
España y los españoles seguimos divididos, perdimos la oportunidad en el inicio de esta democracia imperfecta de haber hecho de nuestro país un solo país en el que sus ciudadanos fuéramos todos unidos para hacer de él un país más fuerte y con un futuro despejado. No fue posible, no es posible; puede que nunca sea posible a pesar de saber que es mejor llegar todos juntos y a tiempo que llegar separados y a destiempo.
MAROGA
