No cayó antes de Navidad, como se pronosticaba, pero sí antes de Reyes. ¡Y no me dirán que no es un gran regalo para los venezolanos y para todos quienes defendemos la libertad y los derechos humanos! Un día grande que empezó la madrugada de este sábado tres de enero, digno de figurar en los anales de la historia, como así será. La espera fue larga, y debo confesar que, por momentos, muchos hemos sido víctimas de la impaciencia, sobre todo. en los últimos tres meses, y más en concreto desde la llegada del USS Gerald Ford al Caribe, exponente máximo del poder naval militar de Estados Unidos.
Por fin, tras una serie de cuidadas intervenciones quirúrgicas, Nicolás Maduro fue apresado junto a su mujer Cilia Flores y conducidos a Estados Unidos para ser juzgados por unos cuantos delitos. Las imágenes lo muestran engrilletado, con una especie de gafas y auriculares; son mecanismos de aislamiento para impedirle percibir estímulos visuales y auditivos. Es una modalidad de preso “tabicado”. El hecho se hizo esperar. Los días pasaban, la tensión crecía y Nicolás Maduro no se decidía a abandonar por las buenas, a pesar de haberle tendido varios puentes. Quizá, como expresamos en un artículo anterior, sus cómplices no le permitían exiliarse, no fuera a cantar y a contar secretos inconfesables de los delitos de Estado perpetrados en las dos últimas décadas. De hecho, estaba vigilado de cerca por sus adláteres del Cártel de los Soles, y por sus “guardianes” cubanos. Su exilio no convenía a ninguno de los dictadores totalitarios de la izquierda radical: ni a la Cuba de Miguel Díaz-Canel, ni al Brasil de Lula da Silva, ni a la Nicaragua de Daniel Ortega, ni a la Colombia de Gustavo Petro, ¡ni a la España de Pedro Sánchez!
La cosa se pone al rojo. Ahora Maduro tendrá la oportunidad que él nunca dio a sus disidentes, que morían torturados y asesinados en la cárcel sin un juicio justo. El próximo martes declarará ante el gran tribunal del distrito de Nueva York con su abogado defensor, de acuerdo a la ley. La condena por los delitos puede superar los cincuenta años, es decir, nunca más verá la luz ni abandonará el traje naranja. A no ser que confiese todo lo que ha hecho el chavismo y el madurismo a lo largo de veinte años. Deberá desvelar los nombres de los políticos, periodistas, medios de comunicación, jueces y otros, de las diversas naciones, todos ellos cómplices de la dictadura, a los cuales entregó ingentes cantidades de narcodólares.
Como venimos diciendo desde hace bastante tiempo, el agua llegará al gobierno socialcomunista de España de la mano de Rodríguez Zapatero, quizá sus hijas, José Bono y su entorno político más cercano en su etapa de ministro, algunos miembros de Podemos que contribuyeron a la desestabilización social, a través de la mentira, la injuria y la calumnia; el uso de barricadas y vandalismo en las calles, escraches a disidentes, agitprop de diseño y otros actos de la izquierda más radical en la línea del terrorismo. A todos estos les llegará su “día D”. Quizá los tribunales españoles no se atrevan con todo esto y se dejen amedrentar, aunque hay que reconocer que la condena del fiscal general, García Ortiz, proyecta un rayo de esperanza. Sin embargo, nuestra confianza apunta a los tribunales estadounidenses. Donald Trump ya conoce la trayectoria de Zapatero como defensor, colaborador y cómplice del régimen chavista, así como de su enriquecimiento “injustificado”. En efecto, el expresidente se ha hecho rico con dinero manchado de sangre, pero es consciente de que lo puede comprar casi todo. Como Sánchez. Eso les hace vivir en otra realidad, creer que están por encima del bien y el mal y sentirse intocables. Cuando despiertan de la ensoñación y caen del pedestal les cuesta trabajo digerirlo y necesitan tratamiento psicológico y psiquiátrico. Pero mientras las vacas gordas duran sienten que se comen el mundo. Por eso Sánchez aguanta, a pesar del descalabro del gobierno. Alguien normal no se atrevería a salir de debajo de la cama. Sabe, además, que cuenta con el apoyo de lo más siniestro de la política mundial; y de aquellos de sus pares europeos que también están hasta el cuello, aunque sea menos notorio. Quiero decir que son muchos los políticos europeos involucrados en el tema del narcotráfico.
El Cártel de los Soles no solo afecta a los corruptos venezolanos, a los gobernantes citados de varias naciones, sino que parlamentarios y miembros de la Comisión Europea, incluso congresistas y senadores del partido demócrata estadounidense y algún que otro republicano, habrían cobrado dinero manchado de sangre. Si Maduro declara la verdad, habremos dado un gran paso adelante.
Esto lo hemos ido sabiendo a través de las declaraciones de apresados que han declarado en Estados Unidos y que conocen bien los entresijos del régimen. El más importante y quien más puede aportar por haber estado al frente del Servicio de Inteligencia de Venezuela –a quien España se negaba a extraditar– es Hugo Carvajal, apodado el Pollo, también prisionero en Estados Unidos, quien se declaró culpable de varios delitos y pactó la colaboración con la justicia. Hay que recordar que su comparecencia se ha ido retrasando porque quiere aportar pruebas contundentes para rebajar su condena que podría ser de cadena perpetua. Si realmente sus pruebas sirven para meter en la cárcel a todos los involucrados, el indulto lo tiene más que merecido y quizá alguna medalla o condecoración que animase a otros a rendir cuentas y a transitar por el camino recto.
Sobre la operación apresamiento de Maduro la pregunta más apremiante es quién los entregó. Se sospecha que en la captura estuvo involucrada Delcy Rodríguez, que a primera hora pidió una prueba de vida de Maduro. Quizá una prueba de muerte la dejaría más tranquila. Silenciado es menos peligroso. Después hizo el papelón, como vicepresidenta, en una rueda de prensa reclamando la devolución del “único presidente de Venezuela”. ¿Pura performance pactada, desde una realidad paralela? Hay algo, o mucho, que se nos escapa. ¿Dónde están Diosdado Cabello –a quien solo hemos visto en imágenes de archivo–, Vladimir Padrino López y Jorge Rodríguez? ¿Van a entregarse? ¿Piensan extraerlos? A Delcy la hemos visto demasiado tranquila. No queremos pensar mal, pero hay poca claridad. Es cierto que solo han pasado unas horas, pero la exposición de Delcy Rodríguez fungiendo de representante del país y dispuesta a no abandonar contradice las palabras de Donald Trump que aseguró que la narcoterrorista estaba dispuesta a seguir las instrucciones de Marco Rubio y, sobre todo, contrasta con lo prometido por Estados Unidos, que no era otro que extraer al Cártel de los Soles al completo.
Para seguir argumentando y sacando alguna conclusión tenemos que remitirnos a la rueda de prensa de Donald Trump y algunos de sus puntos. Dijo que no iban a abandonar Venezuela hasta que sus estructuras no estuviesen reconstruidas. Pero ante la pregunta sobre Corina Machado, con gran sorpresa para todos, respondió que ella había sido elegida por Maduro y que no era aceptada por el pueblo venezolano. ¿A qué ha venido este cambio? ¿Quizá pretende Estados Unidos un gobierno de transición con Delcy Rodríguez al frente, mientras se convocan unas elecciones generales democráticas? ¿Por qué se habla de esto? Ya se celebraron el 28 de julio de 2024 y los ganadores fueron Edmundo González Urrutia y Corina Machado, a los que tanto Donald Trump como Marco Rubio y su núcleo duro al completo reconocieron en innumerables ocasiones como gobierno legítimo. ¿Por qué repetir unas nuevas elecciones, nada menos que con esta narcoterrorista al frente del país? Este no era el plan anunciado. Esperemos que esto sea solo una interpretación errónea por nuestra parte, aunque no somos los únicos.
Al hilo de esto, hay que recordar que Zapatero, gran aliado de Delcy a quien este llama “mi príncipe”, había propuesto un plan de transición de varios meses, con ella al frente, suponemos que, para destruir documentos, borrar pistas y ganar tiempo mientras preparan nuevos negocios, o quién sabe qué. Delcy es tan corrupta como Maduro, por lo cual, poco se habría solucionado. Pero solo estamos haciendo cábalas y pensando en voz alta.
La rueda de prensa de Donald Trump estuvo repleta de afirmaciones contundentes, pero también de muchos interrogantes y temas velados que no dejan ver la realidad. Habló de la liberación de Cuba, aunque más bien, para este tema le dio la palabra a Marco Rubio, que lleva en su sangre el dolor de la dictadura cubana y el exilio. Y suponemos que el efecto dominó se irá produciendo poco a poco.
Para quienes albergamos la esperanza de que quizá generaciones venideras puedan emprender un plan de unión con Hispanoamérica, las palabras de Trump borran toda esperanza, pues rescata la llamada Doctrina Monroe, un plan de política exterior de Estados Unidos que advertía a Europa “no colonizar ni intervenir en el continente americano, declarando que cualquier acto así sería visto como agresión”. De ahí la frase pronunciada por su creador, James Monroe, quinto presidente de la nación americana, en 1823: “América para los americanos”.
Lo deseable es que Nicolás Maduro, desde su confinamiento, haga un llamamiento al pueblo venezolano y a las fuerzas armadas a aceptar el nuevo gobierno que por derecho debería haber tomado el mando en julio de 2024, custodiado por Estados Unidos para garantizar la paz. Sería un buen comienzo para ir haciendo méritos e ir iluminando el oscuro túnel por el que deberá transitar, posiblemente el resto de su vida, o menos. Quizá los méritos para un posible indulto dependan de él.
No quiero finalizar el artículo sin una alusión a la desinformación que casi sin excepción realizan las cadenas de televisión de España. Se ve que están muy influenciados por los canales del régimen –el resto han desaparecido–, del New York Times, periódico de sesgo pro demócrata y enemigo acérrimo de Trump, que lleva todo el verano dando información falsa sobre las acciones en Venezuela. ¿Por qué la izquierda se siente fascinada por la inversión de valores? ¿Han estado los opinantes en Venezuela? ¿Saben cómo se vive allí bajo el gobierno criminal del Cártel de los Soles? Seguro que lo saben, pero como viven de las prebendas de la banda de la Moncloa, están obligados a pagar con su dignidad. Son los mismos que jaleaban a los perroflautas del turismo bélico de la flotilla. A nuestra costa. ¡Pena, penita, pena!
*Psicóloga, periodista y escritora

