Santiago López Castillo

El lenguaje sexista

El lenguaje sexista
Santiago López Castillo. PD

En cierta ocasión, José Antonio Labordeta, a la sazón diputado en Cortes por la Chunta Aragonesista, presentaba mi novela «La Cruz de la Santera» , y en el coloquio un señor del público me preguntó si los políticos hablaban mal; yo le contesté que rematadamente mal, salvo excepciones como el propio Labordeta que para eso era cantautor, andarín, andariego y llevaba una jamón en la mochila. La cosa, el mal uso de la palabra, fue a más gracias a la desgracia de una izquierda nada ilustrada que sólo se preocupa del sexismo. V. gr.: miembros y miembras, periodistas y periodistos, que con tanta aplicación difundieron aquellas memas ministras del zapaterismo, siendo la paladín Leyre Pajín, alias Morritos Jagger, que por aquella ironía me persiguió el socialismo imperante como a un delincuente, viva la libertad de expresión y su puta madre. (A otros, en otros tiempos, los asesinaron).

De modo que llevamos casi dos décadas de analfabetismo supino, y esto no lo remedia ni Cervantes al que casi nadie ha leído y menos a Lázaro Carreter, pese a sus magistrales dardos en la palabra. La burricie, con perdón de los asnados, impera en esta piel de toro que tiene muchos cuernos pero poca sesera. Servidor, aprendió a leer y a escribir con el Miranda Podadera, que aun guardo, y no era un refresco sino la gran guía de nuestra riquísima gramática, para enderezar vocablos y oraciones copulativas. Este lenguaje sagrado, empero, está siendo mancillado y expuesto a las hordas contra el idioma lenguaje español, el más extendido por todo el mundo en tercera posición.

Mi cabreo no se amansa pese a esta noble tarea de procurar el lenguaje correcto, y aun recurriendo al académico Rodríguez Adrados, no se dan por enterados, los que desconocen el genérico, el neutro y sólo viven de los polvos y estrellas. «Si alguien quiere sacudirse complejos -explicaba el académico-, diremos que el masculino genérico no es un invento para molestar a la mujeres. Es un reto de la época pregenérica del Indoeuropeo».

No concibo al general Franco en el Palacio de Oriente exaltando a los congregados con un «¡Españoles y españolas…!» O el 1º de Mayo dirigiéndose a los obreros con «¡Trabajadores y trabajadoras…» Y, amén de disquisiciones políticas, un general tiene más formación que esas pazguatas de la izquierda socialista y abertzale, recua. ¿Por qué son tan sexistas las antisexistas? ¿Por qué se empeñan colgar a cada palabra el sambenito del sexo? Demasiado sexo. Yo mandé a paseo al alcalde del pueblo serrano donde vivo por sus correos en lenguaje sexista; era comunista. Se han admitido las figuras de «la ministra», «la arquitecta», «la jueza» pero, de momento, gracias a Dios, no se ha llegado a la brutal definición de periodista y periodisto. Y mucha culpa de ello tienen esos vendedores radiofónicos que evidencian una incultura supina fruto de la Logse.

Meternos en otros vericuetos gramaticales como «en contra tuya», en vez de en contra de ti; punto y final, puntuación inexistente, es el punto final, o el manido «sorpasso» y ya no digamos el evento, manda huevos, que diría el prócer. Eso está para otros comentarios y a sabiendas de que los implicados no me harán ni puto caso. De nada.

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