ANÁLISIS

Santiago Lopez Castillo: «Sánchez; urbi et orbi»

Santiago Lopez Castillo: "Sánchez; urbi et orbi"
Pedro Sánchez (PSOE). EP

Su ambición es ilimitable, y perdón por la redundancia. Se ha propuesto llegar hasta los confines más altos de la Tierra y, seguro, que lo conseguirá. En el camino está vender hasta su puta madre (en el sentido figurado, se entiende) para seguir luciendo su palmito, él, el empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés. Y es que su soberbia es ilimitada por más que el Ripalda diga que contra ella, humildad.

El zurupeto y «okupa» de la Moncloa está dispuesto -lo viene haciendo- a comerse el mundo y a que le reverencien y no a sentirse humillado en Palacio cuando se creía el rey de Reyes. En lo que le queda de vida presidencial, el botarate Sánchez se ha propuesto conocer diez nuevos países que suman 75.000 kms. Y que me quiten lo bailado. Cuentan que en cuanto llega a los aeropuertos las hélices de los aviones se ponen en marcha.

Se las da de machito y es un perfecto cobarde. Se escondió el día de la Hispanidad y se escondió en la entrega de los premios Princesa de Asturias. Pensaba que le iban a abuchear y su ausencia ya fue un desprecio pese los laudatorios con que obliga a sus correligionarios, él sabe que es títere de sí mismo. Lo suyo es la foto, el saludo, su marcialidad como si fuera un cabo gastador, debe ser por las reminiscencias de su abuelo el general Castejón. No es una réplica de Zapatero, es el zapaterismo «cum laude» tomándonos a todos por tontos.

Para colmo -dentro de sus coordenadas de indigencia cultural por no decir mollera-, el bufo de esta comedia ha tomado como vicepresidente al Coleta, el urdidor del pensamiento bolivariano. Propulsor del resquebrajamiento de España. Y lo triste es que unos hooligans sin sentido, en estado puro de detritus, aplauden hasta con las orejas la «inacción» gubernamental de este pollo pera que es Pedrito Sánchez. Son en su mayoría de la hoz y el martini. Los de las acampadas con sudor a tigre y que ahora exigen vigilancia las 24 horas ante la mansión del jefe Iglesias que no se la salta un gitano. La broma nos va a costar a los contribuyentes 200 millones de euros. Un poquito más de lo que anuncia Seguritas Direct.

Estamos, pues, en manos de unos locos de atar. Los que, según Cela, «casi ningún tonto se sabe tonto del todo ya que al hacerlo supondría gozar de un punto de inteligencia». Estamos padeciendo lo peor.

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