Análisis

José Luis Suárez: «Sanchiceta»

José Luis Suárez: "Sanchiceta"
Pedro Sánchez y Miquel Iceta (PSOE - PSC). EP

«Dios los cría, ellos se juntan» para hacer la campaña. Entonces, Sánchez es a Iceta como Iceta es a Sánchez.

Sanchismo e Icetismo se reclaman herederos de un «sanchopancismo» que se sube al carro político, o se apea, según las conveniencias del momento, deslizándose desde la Barataria utópica del independentismo hasta el «barato, barato» de la opción podemita.

Sánchez e Iceta han buscado el apoyo mutuo a través del PSOE-PSC, en mítines y campañas electorales. Y aunque Iceta «la cague», que suele hacerlo más que un caganer en fiesta navideña, Sánchez «la baila» con él, al mismo son, siguiendo la estela, o la estelada que le marque el «bailón» de Barcelona, al que suele vérsele el plumero «indepe», más o menos según el «cazo» o los guiños del simbolismo del momento, aunque siempre, uno y otro, estén dispuestos a rectificar, sin rectificarse mutuamente.

El seguidismo de Pedro Sánchez con Miguel Iceta se puso claramente de manifiesto en el momento culminante del ‘procés’, cuando sucedió el mitin socialista de Badalona el 23 de septiembre de 2017, tras la operación policial de registros y detenciones de los días 20 a 22, en que tuvieron lugar los disturbios secesionistas que motivaron la denuncia de sedición ante la Audiencia Nacional por la Fiscalía del Estado. Entonces, el líder del PSC arengaba, con asentimiento del líder estatal: «¿De qué sirve un Gobierno de España que delega todas sus funciones en los tribunales?… Ni vías unilaterales ni vías judiciales van a resolver el problema político… Las ilegalidades hay que perseguirlas, pero los derechos no se recortan… No podemos aparecer al lado de los que quieren limitar los derechos de la gente» …, clamaba Iceta, y Sánchez musitaba: Si, Si, Si. Pero recordemos que el Articulo 155 de la Constitución hubo de limitar, desdiciéndose el dúo, los supuestos «derechos» que se tomaron los golpistas y su comparsa independentista.

Ahora, de nuevo, y en tiempo de campaña, Iceta y su socio «listo» (haciendo éste mutis por el foro) escenifican el baile del mambo. Canta Iceta:

«Si el 65% de los ciudadanos [catalanes] quiere la independencia, la democracia debe habilitarla». Esto ha declarado el «bailón» a un medio independentista vasco, sin aclarar qué clase de democracia ha de hacer esa torpe concesión.

En dicha afirmación de prospectiva política aparece solapado el «programa Sánchez», no ya para una próxima alianza poselectoral con los separatistas, de donde sean, sino como intención de «hoja de ruta» del rompimiento federalista de España, por supuesto asimétrico.

Miquel Iceta, y su mano izquierdosa, siempre han sido partidarios del «derecho a decidir», quizás con más ímpetu que el Comú Podem de Cataluña.

Iceta fue quien se pronunció, allá por febrero de este año, en apoyo de la figura del «relator», hecho que arrastraría a la manifestación españolista de la Plaza de Colón en Madrid.

Iceta fue también el que urdió la idiopática idea del «indulto» de los golpistas (rebeldes o sediciosos), propósito infame seguido por la Delegada del Gobierno Sánchez en Cataluña, Teresa Cunillera, y también subrepticiamente apoyado por líderes del PSOE, incluida la miope Ministra de Justicia, Dolores Delgado.

Hubo de pronunciarse atinadamente la líder del partido político más votado en Cataluña, Inés Arrimadas, cuando manifestó que «el sanchismo» ha puesto fecha de caducidad a España, permitiendo a los independentistas que sigan con la maquinaria para alcanzar esa supuesta clave del 65 por ciento… «Y cuando lleguen, nos cargamos España», dijo la de Ciudadanos.

Tras este último resbalón sufrido por el bailarín Iceta, el partido estatal ha acudido presto a levantarle, salvándole de sus inconvenientes declaraciones, parecidas a las de Borrell sobre la «nación catalana». Ábalos, en Telecinco, ha dicho que «el compañero Iceta es muy dado a hacer reflexiones, inapropiadas cuando se insertan en un contexto como el actual de confrontación electoral».

Quiere decir el valenciano que se impone el respeto al contexto, no vaya el texto a estropear el resultado.

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