Cuando alguien entra en política
deberá tener constancia
que su oficio va a traerle
obligaciones y cargas;
que no todo van a ser
mamandurrias y ventajas.
A las duras y a maduras
ha de estar, pues se le paga
haga honor a unas y otras
las dulces y las amargas.
Así pues, en este asunto
dejemos las cosas claras:
van en el sueldo, y por tanto
todas, tendrá que aceptarlas.
Que lo haga, es otra cuestión
pues que, en general, es ancha
a hacer del Poder, abuso,
para esta gente, su manga.
En lo tocante a los hechos
así funciona esta panda:
si lo prometido es deuda,
hoy, casi nadie las paga.
Voy a dejar esto a un lado,
con ser muy grave la estafa,
pues quiero centrar el tiro,
busco dar en la diana
de otra terrible cuestión
tampoco es que sea manca:
me refiero a analizar
otro asunto, la palabra.
Y son varios los sentidos
en que debemos tomarla.
Uno afecta al compromiso
que se adquirirá con darla;
Otro, que el decir verdad
todas veces que se habla
es primera obligación,
puede decirse, sagrada,
de quien, cerca del Poder;
más, si en su cumbre se halla.
Habría mucho que hablar
ahora desde gente llana
en contra de frase hecha
pues que no otorga el que calla
sino el que siempre hace honor
a lo que su boca hablara.
Quisiera centrarme ahora
en actitud que me espanta;
La tarea del político
deberá estar controlada;
no se le da el Poder gratis
sino que se la da “para”.
Y deberá responder
tantas veces haga falta
a cuánto los Diputados
ajenos a su bancada
tengan a bien preguntarle;
si no le gusta, se aguanta.
Y no vale dar rodeos
ni, mucho menos, dar largas;
y, si le preguntan, “pitos”
no puede contestar “flautas”.
También está sometido,
más vale “sobra” que “falta”
a que le siga de cerca,
en estrecha vigilancia
“toda” la Prensa también
de siempre legitimada.
para freírle a preguntas;
de eso, tampoco se escapa.
Y tiene la obligación
de poner su mejor cara
al periodista incisivo
que los colores le saca.
Resumiendo, que es gerundio:
en las preguntas, no manda,
se tiene que tragar todas;
ahí no puede hacer nada.
Es dueño de sus respuestas
siempre que se digne darlas
sin mentir ni escaquearse;
de allí, como pueda, salga.
Pero no debe olvidar
que en las preguntas no manda
mucho menos en aquellas
personas acreditadas
para en las ruedas de prensa
con libertad, formularlas.
Pues bien, esto es lo más grave
hay políticos macarras
se creen reyes del mambo
y tienen gente comprada
para que sean amables
y les pregunten chorradas;
pero, a la que no se vende,
la tienen acorralada
y ahora quieren prohibirles
en el Congreso, la entrada.
Y lo peor es que aplaude
la Prensa, ésta sí, canalla
ante tamaño atropello
que los derechos se carga
de todos los ciudadanos
a tener constancia exacta
de todo lo que sucede
en nuestra doliente Patria.
Para más recochineo,
de “pseudo-medios” les tratan
a los periodistas serios
que sus chanchullos no tragan.
Una más, llevamos cientos,
parece cosa olvidada
que los españoles somos
todos, los dueños de España.
Cuando nos la están robando
encima, sólo faltaba
que además de que nos jodan
hemos de poner la cama.
