El bochorno de ayer en el final de la Vuelta Ciclista a España en Madrid no ha sido solo la enésima demostración de la intolerancia de unos radicales antisemitas que creen tener derecho a imponer sus delirios violentos sobre el deporte y la convivencia, sino sobre todo, la confirmación de la doble moral y la desvergüenza de Pedro Sánchez y su Es jecutivo, un presidente que no solo calla ante la barbarie, sino que la aplaude, la jalea y la utiliza como eficaz herramienta política para engordar su megalómano ego y ambición de poder.
No es casualidad que estos grupúsculos ultras de la extrema izquierda –formados por los socioas comunistas y activistas de Jarrai , de Unidas Podemos, Sumar, de la Kale Borroka y afines que disfrazados de “progresismo» y a la vez de un rancio y ancestral «anti- semitismo», se sintieron –jurídica y moralmente muy legitimados para reventar un importante evento deportivo nacional seguido en todo el mundo– muy bien apoyados y mejor respaldados «por» y «desde» Moncloa. El mensaje que ha trasladado Sánchez durante meses contra Israel, su connivencia con el relato victimista de Gaza & Hamás y su permanente propaganda a favor de quienes han hecho del antisemitismo un modo de vida, hoy les ha dado alas muy potentes y, ya no se esconden, sino que lo celebran como una gran victoria política contra el estado sionista y genocida de Israel. A la cita no ha faltado ni Ione Belarra ni, por supuesto, Irene Montero –«marquesa de Galapagar»– eso sí, las dos bien protegidas por sus gusrdaespaldas. No faltaron tampoco a la manifestación el violento abertzale Ibón Meñika –ex dirigente de Jarrai, ex recaudador de impue nostos de ETA, con dos condenas sobre sus ensangrentadas espaldas y líder de la violenta y agresiva manifestación contra el equipo israelí– e Ibán Sánchez –apoderado de Sumar– y portavoz de MDS Madrid.
Benjamin Netanyahu ya lo advirtió con meridiana claridad y rotundidad: “Los que hoy aplauden y justifican el terrorismo contra Israel, son los mismos que mañana lo sufrirán en sus propias familias, calles y plazas ”. Emmanuel Macron, –con más prudencia , pero con la misma firmeza– recordó que «Europa no puede tolerar que sus plazas y sus instituciones sean secuestradas por quienes odian la democracia bajo la máscara de la violencia antisionista”. Mientras tanto, ¿qué hace Sánchez…? Aplaudir a los que insultan al único Estado «legítimo» y «democrático» de todo Oriente Medio, y dar cobijo político a los que convierten el antisemitismo en un sangriento y violento espectáculo callejero.
Israel –al que Sánchez tanto demoniza con su vengativa retórica– se enfrenta a una agresion tan intensa, que ningún otro Estado, en pleno siglo XXI , ha soportado nunca ni soporta en la actualidad ni mucho menos soportará: la amenaza constante de Hamás en Gaza con sus misiles y túneles–; los ataques de Hezbolá en el Líbano, brazo armado de Irán–; la Yihad Islámica, sembrando terror con atentados suicidas; las células terroristas en Cisjordania, financiadas desde el exterior; el régimen iraní que abiertamente busca su destrucción; las campañas diplomáticas y mediáticas en la ONU y en Europa que intentan aislarlo; y, finalmente, el fundamentalismo y el terrorismo islamista global que convierte a Israel en la diana y campo de batalla de su acerbo y ancestral odio contra Occidente. A estos siete reales y belicistas frentes de violencia, de muertes y de destrucción, habría que añadir otros frentes occidentales que aunque no produzcan ni víctimas reales ni destrucción física, socavan con su ideología y su apoyo la democracia de Israel, al mismo tiempo que vitorean y jalean los crímenes y matanzas de los terroristas de Hamás , Hezbolá , la Yihad Islámica junto a los crímenes de ETA, no borrados de la memoria de gran parte de españoles.
Aunque esos son los auténticos enemigos, de carne y hueso, de Israel. Lo más grave de todo es que, en España, el Gobierno socialcomunista de Sánchez en su afán de ir haciendo «amigos» y «aliados» por el mundo –en la persona y a través de su super engolado ministrillo de Asuntos Exteriores, alias el pequeño «Napoleonchu»– ya se ha convertido en el gran aliado político y moral de esa misma inmoral estrategia: blanquear a Hamás, y a sus socios de la Yihad Islámica, jalear a los radicales de Sumar, Jarrai, EH- Bildu , ERC…, ridiculizar y zaherir a todos los que defienden la libertad y la democracia por encima de cualquier ideologia partidista, separatista e, incluso, fundamentalista.
La Vuelta Ciclista no debería haber terminado con pancartas antisemitas, derribo de vallas, gritos de odio y de veinte y dos policías antidisturbios heridos. Debería haber terminado con el triunfo del deporte, de la convivencia y de la dignidad. Pedro Sánchez, sin embargo– en su megalómana inmoralidad y desvergüenza– ha preferido que el ajado escaparate internacional de España quedara mucho más manchado y ridiculizado por el sectarismo, el fanatismo y la desverguenza que él mismo ha creado y alimenta.
Y la pregunta ya no es ¿qué harán los radicales…? —porque ellos seguirán haciendo «lo mismo» de siempre— sino… ¿qué hará España con un presidente que los anima, los legitima y los convierte en los verdaderos protagonistas de la auténtica política nacional…? La respuesta queda supeditada –no al gusto del lector ni del bien de España– sino de la ideología que interese y convenga «ad maiorem gloriam et potestatem Petri Sánchez».
