Hasta aquí hemos llegado.
Intentarán culpar al maquinista y, si no lo consiguen, harán responsable al vagón, al Cambio Climático, a Franco o a María Santísima.
En cualquier caso, aquí no sabremos nunca a ciencia cierta —como con el apagón— qué ha pasado.
Pero da igual.
Es irrelevante que técnicamente sea un perno, un manguito o la soldadura.
Los responsables, los culpables de las 43 muertes, son ellos: los que llevan más de siete años pillando comisiones millonarias y gastando el dinero público en furgones de putas, juergas y chiringuitos.
Los que colocaron a dedo en la presidencia de Renfe a un progre experto en bicicletas, enchufan “sobrinas” cachondas e incompetentes izquierdistas en empresas como ADIF, se cachondeaban de las quejas de maquinistas y usuarios y destinaron el año pasado menos fondos a revisar la vía de Adamuz, que a anuncios chorra del Ministerio de Igualdad o a pagar paniaguados en los actos del Año Franco.
Supongo que no tengo que aclararles que estoy hablando del amoral Sánchez, el bocachancla Puente, el inane Marlaska, la verdulera Montero —que ahora se mete en todas las fotos para intentar pillar votos pero nunca apareció por Levante durante la DANA— y el resto de maleantes.
Son ellos, con la inestimable colaboración de los periodistas pesebreras de ‘Brunete Pedrete’, quienes etiquetaron de criminales a personajes como Aznar o Mazón y hasta lucen camisetas sentenciando que Ayuso ‘asesinó’ a 7.281 desventurados en las residencias de ancianos durante la epidemia de COVID.
Que no nos vengan con monsergas, pidiendo ahora con ojos de cordero degollado moderación, paciencia y comprensión.
Y que esta oposición tan blandita que tenemos se deje de melindres, no repita más esa memez de que “no somos como ellos” y sacuda duro y a la cabeza.
No es un terremoto, un tsunami, un virus incontrolable, un volcán, la Madrastra Naturaleza o el azar lo que ha matado a 43 españoles.
Es la incompetencia, la codicia, la mangancia, la ineptitud y el sectarismo de Sánchez y su cuadrilla de caraduras.