Muchos se plantean la fe como un objetivo final, tras el cual todo se ha cumplido y puedes relajarte diciendo aquí paz y allá gloria.
Pero no es así, porque la fe no es más que el principio; la iniciación en un camino de iluminación, crecimiento y descubrimiento interior del único amor que no falla ni defrauda; el amor que no solo no teme al dolor, sino que lo devora y crece en él.
Y con el correr de los años vas sintiendo, y oyendo decir a los demás, lo grande que es tu fe; y tú te lo crees, hasta que un día descubres que tu fe no es grande; que nunca lo fue.
Y es ese día cuando descubres que lo único que siempre fue y es grande, es tu Dios… ¡Dios, no tu fe!

