Oscar López, César Luena y Hernando creren que saltarán por encima de los 'barones' del PSOE

El entorno de Pedro Sánchez sabe que lo de Ciudadanos es paripé y da por hecho un acuerdo con Podemos, IU y PNV

La suma de los cuatro partidos alcanzan los 167 diputados, por encima de 163 que reunirían entre PP y Ciudadanos

El entorno de Pedro Sánchez sabe que lo de Ciudadanos es paripé y da por hecho un acuerdo con Podemos, IU y PNV
César Luena, Pedro Sánchez y Antonio Hernando. PD

Aunque desde Podemos insisten en no temer a las urnas, lo cierto es que las diferencias internas y con las confluencias pueden ser un hándicap que desmonte muchas de sus candidaturas en caso de repetición electoral

La dirección federal del PSOE confía en que los vetos sean sólo el punto de partida para negociar.

El socialista rechaza tratar en exclusiva con Iglesias y espera que éste reconsidere su postura.

A pesar de los bloqueos, el entorno de Pedro Sánchez cree que el secretario general socialista alcanzará finalmente La Moncloa gracias al apoyo de Podemos, IU y PNV.

La suma de los cuatro partidos alcanzan los 167 diputados, por encima de 163 que reunirían entre PP y Ciudadanos.

Aunque queda por delante un camino de duras negociaciones -hoy se verán con PNV- y desde la dirección son conscientes de que el proceso «se va a hacer largo», también confían en que los vetos cruzados por parte del resto de partidos sean sólo el punto de partida de una negociación en la que, aunque todas las partes tensarán la cuerda hasta el final, finalmente cederán.

Sánchez, con un discurso más falso que un euro de madera , avanza en la partida además desde el lugar más codiciado del arco parlamentario, la centralidad.

Y más en un momento como el actual, en el que si en algo coinciden todos los actores económicos es el peligro de la inestabilidad y los extremismos.

A ello se suma la motivación extra del socialista: sólo tiene una bala que disparar. O consigue ser presidente del Gobierno gracias a un acuerdo avalado por las bases o las presiones internas de su partido le pondrán muy difícil conservar el liderazgo del PSOE.

De hecho, desde la federación socialista cuestionan que la consulta de Sánchez a los militantes en caso de llegar a un acuerdo resulta finalmente favorable para el líder socialista.

Pero a pesar de esas hipótesis del entorno de Susana Díaz de momento los barones guardan silencio y respetan «la hora de Sánchez».

A favor del secretario general soplan vientos tan paradójicos como la actitud de PP y Podemos.

El inmovilismo de ambos, con el asilamiento de Mariano Rajoy y el órdago de Pablo Iglesias, han servido como motores de la estrategia de Sánchez, que ha conseguido situar a dos fuerzas antagónicas en el mismo lado del tablero: el de los bloqueadores.

Apremio a Iglesias

Una presión sobre la formación morada con la que el PSOE pretende que Iglesias ceda, aunque sea en el minuto de descuento, para no cargar con la responsabilidad de ser el obstáculo de un Gobierno de izquierdas.

Para una buena parte de los votantes de Podemos sería difícil de entender que las condiciones «irrenunciables» de su líder -la Vicepresidencia y varios Ministerios, así como la exclusión de Ciudadanos de la negociación- puedan acabar bloqueando la negociación y forzando otras elecciones que den una segunda oportunidad a Rajoy.

Además, aunque desde Podemos insisten en no temer a las urnas, lo cierto es que las diferencias internas y con las confluencias pueden ser un hándicap que desmonte muchas de sus candidaturas en caso de repetición electoral.

Ayer mismo, Pedro Sánchez lamentó que Podemos le plantee una negociación «en exclusiva y excluyente», con la condición irrenunciable de no negociar con ellos y a la vez con C’s.

«Un acuerdo con Ciudadanos sería un acuerdo con el PP en diferido», señaló ayer Iglesias tras su encuentro con Sánchez.

El socialista, en un tono más duro que el usado el día antes tras su encuestro con Rivera, remarcó que sigue adelante con el diálogo abierto con todas las fuerzas políticas, a excepción del PP.

Además, instó a Iglesias a reconsiderar su postura porque, de lo contrario, «tendrá que explicar a sus votantes por qué vota con el PP en contra de un Gobierno progresista».

De nuevo, Sánchez busca la identificación entre populares y morados en una estrategia para forzar un paso atrás de Podemos o. incluso, una abstención del PP a un hipotético pacto con Ciudadanos.

Una hipótesis lejana, pero que no es del todo descartable teniendo en cuenta la división entre los populares. Algunos de sus diputados podrían facilitar un Gobierno de Sánchez respaldado por Rivera con un doble objetivo: evitar que Podemos entre el Ejecutivo y abrir un proceso interno que releve a Rajoy al frente del partido.

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