En Occidente se impusieron unos valores que nos permiten vivir cómodamente. Pero no los tenemos debidamente sabidos, diríase que se han impuesto por inercia y de ahí que resulte tan fácil retorcer conceptos, como cuando se habla de paz, cuando resulta que lo que hay son terroristas y víctimas.
No dominamos bien los conceptos, puesto que junto a ideas como libertad y tolerancia convive el egoísmo. Hemos acaparado vacunas contra la gripe aviar, sin darnos cuenta de que como mejor podríamos aprovechar esas vacunas es poniéndolas en donde la gripe va a entrar sin remedio.
Somos egoístas porque no nos damos cuenta de que junto a nuestro mundo hay otros mundos. O sí que nos damos cuenta, pero miramos a esos otros mundos con displicencia y menosprecio. Les dejamos llegar como inmigrantes y los consideramos de segunda categoría y ellos se vengan trayendo consigo su religión y sus costumbres, que les permiten considerarnos a nosotros como impuros. Hemos de darnos cuenta de que todos somos iguales, de que hay otras personas también capacitadas para disfrutar de nuestros modos de vida y hemos de hacerlo antes de que se nos tiren al cuello.