Transcurrido un día sin que Otegi haya dicho nada sobre las declaraciones en las que los etarras afirman que la tregua es reversible, ya se puede decir sin incurrir en apriorismos que es inconcebible que este personaje reciba elogios, que tampoco se pueden catalogar de precipitados. El discurso de Otegi es tan lamentable, su capacidad de expresión tan pobre y su finura intelectual tan inexistente, que no cabe ninguna duda de que en condiciones normales no hubiera podido llamar la atención en ningún lugar, como no fuera de modo negativo.
En cuanto a las declaraciones en sí, lo único que se puede decir es que si no hubiera tantos muertos por medio, tanto daño causado, ese modo de hablar daría risa. Sin las bombas cobardes y los tiros a traición esos chicos no son nadie. ¿Cómo es posible que hayan perdurado durante tanto tiempo sin que hayamos sido capaces de erradicarlos? Acaso Arzallus, Anasagasti, Imaz, Ibarretxe, Setién, tan dados a hacer brillantes análisis sobre otras cuestiones, podrían explicar ésta. Y al dar esos nombres no excluyo a los demás políticos, monseñores o cualesquiera otros que puedan hacerlo.
Y a la vista de dichas declaraciones, sugiero a todos los clérigos que esa vehemencia con que combaten otras cuestiones conviene ser empleada en combatir a ETA, con el fin de que desaparezca definitivamente.
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