La civilización, un mito

Hay quienes siendo conocedores de situaciones infames, no sólo se desentienden de ellas, sino que las dan por buenas y hasta puede presumirse, con suficientes posibilidades de acertar, que hasta dan golpecitos en las espaldas de quienes las ordenan o propician, y luego quizá escriben artículos cargados de buenas razones y a veces se permiten el lujo de citar la nobleza, como si no fuera ajena a sus personas. La civilización es, pues, un mito, que ayudan a forjar todos esos que optando siempre por la opción más cómoda para ellos, tratan luego de salvar su conciencia, o de engañar a los demás y de paso a sí mismos, dándoselas de probos y concienzudos hombres de bien. O mujeres. Eso explica no sólo que exista Guantánamo, sino que quienes mandan allí digan que algunos de los presos no deberían estar en ese lugar. Naturalmente que no, pero una vez que existe el sitio es inevitable que las aberraciones se sucedan. Pero no es necesario ir a Estados Unidos o a Guantánamo, dentro de España también se llevan a cabo injusticias equivalentes, quizá no tan llamativas, aparentemente insignificantes, pero moralmente igual de reprobables. Y algún día habrá que referirse a África. Volviendo lo que sucede en España, conviene repartir las culpas por todas y cada una de las comunidades autónomas, y acaso convenga sacar a colación algo que sin ser propiamente una injusticia, sí es una de las tonterías que las propician, como es la petición de Ibarra a Rubalcaba de que no deje morir al etarra huelguista, para que no se convierta en un mártir. ¿Cómo se puede convertir en un mártir un asesino no arrepentido? No conviene crear estados de opinión ilusorios. Si muere, se le entierra y a otra cosa. Sólo las malas personas pueden tratar de rentabilizar esa muerte, en el caso de que se produzca. En Ecuador, está en huelga de hambre Sandra Correa León. ¿Dónde están las voces que claman para que se le haga justicia? En este caso sí que merece la pena preocuparse por la suerte de la huelguista.

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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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