Navidad 07

Hoy es un día entrañable, en el que todos deberíamos tener en cuenta a aquellos que sufren, porque están solos y nadie se acuerda de ellos. Es un día también, propicio para pensar en Dios. Cualquiera, creyente, agnóstico, ateo, etc., puede pensar en Dios. Con ello ni hace daño ni pierde el tiempo. Pero no hay que olvidar que muchas veces cuando se busca a Dios, se hace en función de las propias expectativas y si no se cumplen, se decide unilateralmente que no hay Dios. Puede haber y puede no haber, pero tanto en un caso como en el otro no tiene nada que ver con nuestras expectativas o deseos. Si hay piedras, por ejemplo, son como son y sirven para lo que sirven, independientemente de nuestras expectativas o deseos. Por otro lado, los problemas del mundo no los ha creado Dios, en el caso de que haya, sino que los hemos creado los humanos. Pretender que Dios resuelva lo que nosotros hacemos mal es infantil. No aceptar la vida como es, con las enfermedades, los accidentes, las muertes, etc., es infantil. Es la humanidad la que pone en peligro la Tierra y puede llegar a destruirla; por tanto, es la humanidad la que debe plantearse las cosas que está haciendo mal. Hay que convenir en que el principal problema del mundo es el hambre. Sin embargo, las discusiones políticas, en España en particular, y en el mundo desarrollado en general, giran alrededor de propuestas egoístas, insolidarias y muy poco o nada preocupadas por este problema. Dejamos, entonces, morir a miles de personas sin siquiera inquietarnos por el detalle. ¿Tiene la culpa Dios, si lo hay, de que seamos así? Lo que sí existe es la idea de Dios. Es posible que surgiera cuando nuestros remotos antepasados se dieron cuenta de que eran perfectibles, de que la humanidad iba avanzando. La idea de lo perfectible lleva a la idea de lo perfecto, de modo que debieron pensar que debe de haber algo o alguien perfecto. No obstante, somos limitados. Hay un límite del que nuestra imaginación no puede pasar. Pero dentro de ese límite caben cosas muy buenas: la nobleza, el amor, la solidaridad, el desprendimiento, el interés por el otro, la abnegación, etc. Y todas esas cosas son plenamente humanas.

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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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