Prada y la cadena perpetua

José Manuel de Prada ha escrito un artículo en que dice que dice que aceptar la cadena perpetua constituye una aceptación tácita de la pena de muerte. Y alega que cuando se asume que una vida es disponible lo mismo da privarle de libertad hasta su consunción física que abreviarla. Pues no es así, porque en ese caso lo mismo daría privar a alguien de libertad por un día que a perpetuidad. A mí me molesta mucho que me hagan perder media hora de tiempo, porque a mí no me lo regalan. De modo que encerrar a alguien durante un día debe de ser un trastorno enorme, significa que se dispone de su vida.
Lo más importante de las personas transcurre en su interior, hasta el punto de que Goethe dijo que la venganza más cruel consiste en no vengarse, pero hemos de reconocer que el sistema punitivo constituye una barrera frente al crimen. Que la cárcel tenga como finalidad la de reinsertar a los presos. Esto es más o menos delirante. Hay presos a los que ni echándole mucha imaginación cabe esperar que se puedan reinsertar.
Quienes están en la cárcel tienen libertad de pensamiento, cosa que no ocurriría si los hubieran ajusticiado. Hay diferencia entre una y otra pena. Si puede pensar, puede llegar incluso en hacerse una persona de bien, aunque sea teóricamente.
La finalidad de la cárcel no es la reinserción de los presos, entre otras cosas porque no lo puede demostrar mediante estadísticas. Lo que se pretende con la cárcel es disuadir de que se cometan delitos y en este sentido la cadena perpetua para ciertos crímenes sería ideal en la lucha contra el terrorismo. Un terrorista debería saber que una vez que lo pillan sus posibilidades de volver a pisar la calle son muy reducidas. De este modo a los cabecillas de la banda les resultaría más difícil reclutar voluntarios para asesinar.
La cadena perpetua, además, no excluye el indulto, de modo que si el infame De Juana estuviera cumpliendo esta pena y le diera por darse cuenta del mal que ha hecho, podría ser indultado. Pero si se diera cuenta de eso no pediría ser indultado, porque el dolor que sentiría sería insuperable.
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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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