Los jubilados y la huelga

Es una desfachatez decirle a un jubilado, al que además no se conoce, qué es lo que ha de hacer. Es algo que no requiere explicación. Sin embargo, nuestra clase política, dentro de la cual puede englobarse a los sindicalistas, se ha degradado de tal manera que ha perdido el norte por completo.
Los sindicalistas y los políticos deberían tener el máximo respeto a los ciudadanos, para los que teóricamente trabajan, pero dado que su mayor fuente de ingresos proviene de las subvenciones del Estado pueden permitirse el lujo de menospreciar a aquellos a los que representan y en lugar de servirlos, darles órdenes.
Los sindicatos, atenazados por las subvenciones, que pueden ser más o menos, según decida el gobierno, han asistido impávidamente a todo el deterioro que vienen sufriendo los trabajadores, fundamentalmente, por la inoperancia del gobierno, aunque los de las Comunidades Autónomas tampoco han estado a la altura de las circunstancias. Y ha llegado un momento en que el gobierno ha cargado el peso de la crisis en la clase trabajadora, recortando derechos logrados con sangre, sudor y lágrimas, y queda muy feo entonces que los sindicatos no hagan nada. Hasta el gobierno reconoce que no les queda más remedio que hacer la huelga, aunque se trata de dirigirla contra otros sectores.
La finalidad de la huelga no es defender a los trabajadores, sino salvar la cara de los sindicatos, motivo por el cual puede que sea un fracaso rotundo. De todos modos, llevarla a cabo no va a reportar ningún beneficio a los trabajadores, sino que al aumentar las pérdidas de la nación, ya endeudada para varias generaciones, puede provocar nuevos despidos, por cierre del negocio. Pero si fracasa la huelga, los sindicatos habrán hecho el ridículo. Para evitar esto, un sindicalista ha tenido una idea “genial”. Ha pedido a los abuelos que ese día se unan a la huelga y no cuiden a sus nietos, para que sus hijos no puedan ir a trabajar. Pero es que a los jubilados les han congelado las pensiones y encima los tratan de cualquier modo. Los jubilados harán lo que crean que deben hacer o se les antoje, diga lo que diga cualquier fantoche de esos.

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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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