Se creen dioses y desearían decidir por sí mismos lo que es bueno y malo, lo justo o lo injusto

Ante la muerte, el ser humano está solo. La responsabilidad de lo que ha hecho o dejado de hacer durante su vida es suya. Y puesto que esto es así, lo lógico es que cada uno se fíe de su propia conciencia. Otra cosa es que la cultive, tratando continuamente de mejorarla, durante su vida y otra muy distinta que sólo atienda a sus pulsiones caprichosas o egoístas.
Los hay que por no poder considerarse buenos, quieren creerse mejores que otros. Eso les sirve como sucedáneo, y ya con esa sensación se quedan conformes. Por ello, dar motivos para que unos se crean mejores que otros, sin más, no puede ser una buena idea. Yo no tengo nada contra los creyentes, ni contra los no creyentes, ni en principio contra nadie. Creo que cada cual tiene el derecho y la obligación de elegir el rumbo que ha de tomar su vida, y no el que le marquen. Ahora bien, uno es mejor o peor por sus hechos, no por sus creencias. Si alguien quiere alardear de ellas, que lo haga, pero sin dar la sensación de que se considera moralmente superior.
Vengo diciendo, a lo largo del tiempo, que abortar es matar. Ahora bien, levantar bandera doctrinal contra el aborto es una mala idea. Hay mujeres que abortan porque les obliga la hipocresía social, que, por otra parte, tanto ha fomentado y fomenta la propia Iglesia; y hay mujeres que abortan por egoísmo. Evitaría más abortos la Iglesia si combatiera, sobre todo con el ejemplo, el egoísmo y la hipocresía y fomentara la solidaridad. De todos modos, eso de llamar asesinos a quienes están a favor del aborto, no parece muy correcto.
Tampoco parece correcto exigir que los símbolos religiosos invadan los espacios públicos en un Estado laico. ¿No es suficiente con que estén en el interior de los templos? La función de la Iglesia debería ser la de hacer mejores a las personas, no la de disputar parcelas de poder a los legítimos representantes de la sociedad.

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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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