Se empeña Esperanza Aguirre en apurar sus opciones políticas, como si le quedara alguna. Ha tenido unas cuantas ocasiones para irse simulando ser una señora, pero las ha dejado pasar todas.
Ahora que la gente dice que está harta de la corrupción, pero está dispuesta a votar a Podemos (a unos les engañan con las preferentes, a otros con soluciones boliviaranas, dice Savater), la suerte política de Esperanza Aguirre está echada. Tuvo un momento, que se le fue por los pelos, cuando Rajoy tras perder las elecciones por segunda vez iba a dimitir. Anteriormente no estuvo entre los posibles que manejaba Aznar. En el mundo de la política se puede ganar o perder por un pequeño detalle. Zapatero ganó porque Guerra le tiene manía a Bono, así que por culpa de Guerra nos cayó encima la mundial.
Aguirre no aceptó bien la derrota. No acaba de digerir que su momento pasó. Otra persona estaría contenta por haber podido servir a la sociedad en varias instituciones. Pero los esclavos del poder no piensan en servir a la sociedad, sino que sus apetencias les importan más que nada.
He contado algunas veces cual fue la actitud de Aguirre cuando el entonces alcalde de Boadilla se vio obligado a dimitir por el caso Gürtel. La nueva alcaldesa debió haber sido María Jesús Díaz Pérez, pero Esperanza Aguirre, instigada por el alcalde dimisionario, lo impidió.
María Jesús Díaz Pérez era la alcaldesa idónea, porque ni está en el sumario del Gürtel, ni aparece en las escuchas, pero se conoce que la limpieza en el proceder no es un mérito ante Esperanza Aguirre.
Si lo fuera, el cerco de la Justicia no se estrecharía en torno a ella, que es lo que está ocurriendo. Ella se hace ahora la sorprendida con la historia de su segundo de a bordo, pero los jueces siguen investigando y encontrando documentos.
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