Frenar al fascismo

El momento ha pasado ya al reino del olvido. Las cosas van rápidas y abundan los que ni siquiera recuerdan lo que han dicho media hora antes, como se percibe claramente en las gentes del gobierno actual, las de izquierda, las de extrema izquierda y las de extrema izquierda con moño.

Pero hubo un tiempo en que Felipe González fue el no va más, el líder al que las masas de la izquierda ansiaban obedecer. El forjador del actual PSOE.

Para ser buena persona hay que tener generosidad, ternura y ansia de justicia. Si Felipe González lo hubiera sido, en el PSOE habría mucha gente así. En una comparecencia televisiva enseñó a identificar a los votantes de derechas. Más o menos, quienes no se identificaban claramente como del PSOE. Lo hizo componiendo el mismo gesto que cuando -después de informar de que no se trataba de un pronto, sino que lo había meditado mucho- dijo aquello de «Aznar y Anguita son la misma mierda».

El demócrata es, precisamente, buena persona. Acepta al prójimo, le reconoce el derecho a vivir, aunque piense de otro modo, y respeta la confidencialidad del voto.

En democracia puede florecer la amistad entre rivales ideológicos porque nadie tiene por qué saber a quién votan los demás. Cuando estas cosas no importan, la amistad no existe.

Sólo hay un modo de frenar al fascismo y es explicar en qué consiste. Vargas Llosa ha hecho hoy una definición a vuelapluma, «El fascismo es el racismo, la demagogia, el espíritu guerrero, el nacionalismo frenético», que sirve, con la salvedad de que todo nacionalismo es frenético o tiende a serlo. Pero también se puede resumir así: el fascismo es antidemocrático.

Los catalanistas llaman fascistas a quienes hablan en español. Falso. Lo suyo es racismo y discriminación.

Los podemitas llaman fascistas a todos los que tienen a su derecha. Falso, los fascistas son ellos.

Los sinvergüenzas, los que prometen una cosa y hacen otra, de derechas, de izquierdas o importados de Argentina, también son fascistas.

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Vicente Torres

Vicente Torres es Coautor de '1978. El año en que España cambió de piel' y autor de 'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades' y 'Yo estoy loco', 'Diario de un escritor naíf', 'El Parotet y otros asuntos' y '2016. Año bisiesto'. He participado en los libros 'Tus colores son los míos', 'Enrique Senís-Oliver' y 'Palabras para Ashraf'.

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