Laurene Powell Jobs, viuda de Steve Jobs, ha utilizado ya la mitad de los 10.000 millones de dólares que le legó el creador del iPhone.
Con esta decisión, cumple con el deseo del genio detrás de Apple: destinar su fortuna a hacer del mundo un lugar mejor. No a lujos ni extravagancias, sino a una filantropía comprometida y efectiva. Y, por si fuera poco, entre sus inversiones destaca la inteligencia artificial (IA), un ámbito que Jobs vislumbró antes que muchos.
La historia se remonta a 2011, cuando fallece Steve Jobs, dejando a su esposa una fortuna monumental, valorada en unos 10.000 millones de dólares. Él siempre solía decir: «No quiero que mis hijos hereden todo; deseo que hagan algo significativo». Laurene interpretó esto al pie de la letra. Fundó la Emerson Collective, una plataforma para invertir en educación, inmigración y medio ambiente. En una década, ha destinado 5.000 millones en donaciones. Ha adquirido periódicos como el Washington Post, apoya escuelas en comunidades desfavorecidas y combate el cambio climático. ¿Dilapidar? Más bien convertir dinero en un impacto tangible.
Pero aquí viene el giro tecnológico que enlaza con el legado de Jobs. Laurene no pasa por alto la IA, esa ola que está revolucionando el sector donde su marido brilló con luz propia. Los últimos resultados de grandes empresas como Apple y Microsoft evidencian cómo la IA está impulsando sus ventas, aunque no sin contratiempos. Apple alcanzó cifras récord en el último trimestre: ingresos por valor de 143.000 millones de dólares, con un aumento del 23% en las ventas del iPhone gracias a nuevos chips y funciones inteligentes. Imagina: Laurene invierte en startups dedicadas a la IA que podrían llevar los futuros iPhones a otro nivel, analizando escenas al instante o estabilizando imágenes como hacen los últimos modelos.
La IA avanza, pero encuentra obstáculos
La IA se desarrolla a pasos agigantados, y Powell Jobs es consciente de ello. Meta sorprendió al mercado con resultados que hicieron despegar sus acciones un 11%: están invirtiendo en IA personalizada para aplicaciones como WhatsApp y Threads, además de realizar grandes inversiones en centros de datos. Tienen planes para duplicar sus ingresos en cinco años. Por otro lado, Microsoft vio caer sus acciones a pesar de reportar ingresos por valor de 51.500 millones; su herramienta Copilot crece apenas un 1% anual, ya que muchos empleados prefieren usar el popular ChatGPT por cuenta propia. Además, problemas relacionados con el suministro energético han limitado el crecimiento de sus centros de datos: Azure podría haber crecido entre un 40-50%, pero no hay suficiente capacidad eléctrica.
- Apple: récord en ventas del iPhone y expansión en China e India con IA integrada.
- Microsoft: Azure alza su participación al 38%, pero necesita invertir entre 80.000-90.000 millones para GPUs.
- Meta: monetiza aplicaciones mediante IA; sus acciones suben con fuerza.
Desde luego, Laurene ve oportunidades donde otros ven dificultades. Su organización, la Emerson Collective, apoya iniciativas centradas en una IA ética; por ejemplo, algoritmos que mejoran las recomendaciones (hace diez años eran bastante imprecisos; ahora son mucho más acertados). En fotografía, los smartphones equipados con IA desafían incluso a cámaras mirrorless que cuestan alrededor de 4.000 dólares: pueden analizar profundidad y luz en tiempo real. ¿Y si decide invertir en eso? Jobs creó el iPhone; ella podría revolucionarlo aún más con una IA capaz de «ofrecer la toma perfecta antes de pulsar».
Filantropía tecnológica: un legado en evolución
No se trata solo de donar sin más consideración. La visión de Powell Jobs combina causas sociales con innovación tecnológica. Adquiere terrenos para conservación ambiental mientras financia iniciativas enfocadas en mejorar la calidad de vida para personas mayores mediante IA: estabilización manual o recordatorios para tomar medicamentos. Piensa también en proyectos como el Grok AI desarrollado por Elon Musk, diseñado para detectar amenazas en mensajes. Aunque su fortuna se reduce, su impacto se incrementa notablemente. Algunos críticos afirman que está «dilapidando» su herencia; sin embargo, las cifras demuestran eficacia: Emerson ha canalizado miles de millones hacia resultados medibles.
De cara a 2026, cuando se espera que Apple lidere el área móvil con inteligencia artificial y Meta tome las riendas en redes sociales, Laurene posiciona su legado hacia un futuro prometedor. Steve dejó tras de sí una herencia valuada en 10.000 millones; ella está convirtiéndola en semilla para lo que está por venir. ¿Quedará algo al final? Es probable, pero lo cierto es que el genio aprobaría esta filosofía: es preferible gastar recursos en revoluciones antes que dejarlos acumular polvo.
Mientras los gigantes enfrentan dificultades relacionadas con energía y adopción tecnológica, su apuesta por una IA filantrópica podría resultar ser el movimiento maestro.
