Lo prometido es deuda. Cuando se presentó a los medios la cuarta temporada de ‘Pesadilla en la cocina’, Alberto Chicote nos prometió que en esta nueva etapa ocurrirían cosas nunca vistas en la historia del programa de laSexta. Tenía razón. Durante el tercer episodio, estrenado el 22 de abril de 2015, asistimos a una agresión sin precedentes.
Cuando la semana pasada se estrenó la cuarta temporada de ‘Pesadilla en la cocina’ con una doble entrega, muchos dudamos. ¿De verdad nos iban a ofrecer algo nuevo? ¿No estaba ya quemado el programa? Cierto es que el formato sigue igual, con su misma estructura y con un Chicote, primero ‘malote, y luego ‘angelito’- pero, por lo que vimos anoche (con dos entregas de estreno), el espacio más exitoso de laSexta sigue en forma e incluso se ha vuelto más polémico.
En el primero de los episodios emitidos anoche de la cuarta temporada, ‘Pesadilla en la cocina’ voló hasta Baleares para conocer un restaurante italiano ubicado en una paradisíaca playa ibicenca, un paisaje natural de máxima diversión que para muchos podría ser el destino perfecto para iniciar un negocio.
Le Terrazze estaba regentado por Massimo, un italiano para quien el restaurante es la materialización de sus sueños y que confiaba en poder traer a su familia desde Italia para compartir con ella su gran deseo.
Pero el problema para el propietario era que hasta que el negocio no marche sobre ruedas no podía arriesgarse a trasladar a toda su familia y si las cosas seguían como hasta el momento, no sólo iba a tener que abandonar esa idea sino que se vería obligado a regresar a su país derrotado y con las manos vacías. La cocina no era de calidad, ofrecía una pizza con patatas fritas con un aspecto repugnante y el enfrentamiento entre alguno de sus empleados era insostenible.
Además, Massimo se había rodeado de un equipo joven e inexperto, dispuesto a trabajar mucho y cobrar poco. Y con ganas de disfrutar al máximo de su estancia en la isla, sobre todo en los momentos de ocio. Casi todos vivían juntos en un mismo apartamento y compartían no sólo el trabajo, sino también su pasión por trasnochar y por tomarse la última cerveza de la noche justo antes de comenzar el servicio.
Pero lo más grave de todo eran los enfrentamiento entre los trabajadores:acusaciones de envenenamiento, gritos, falta de comunicación. Pero el momento de máxima tensión del capítulo y de la historia del show, fue cuando Alberto Chicote distribuyó los roles entre los empleados de ‘Le Terraze’ para coordinar mejor el servicio.
Uno de los cambios era que Paco, el cocinero, se convirtiera en el coordinador de la cocina. Un papel que se tomó demasiado en serio y que no respetaban sus compañeros. En especial Lahougine, el pizzero, que harto de las órdenes de su compañero se alteró y agarró al otro por el cuello hasta que entró Chicote a separarlos.
Y al final, cómo no, Chicote hizo su magia y todo se solucionó. Lo de siempre. ¿Funciona? Claro que sí.

