Cuidado con pasarse

Por Javier Pardo de Santayana

( Imagen de un Cyborg en columnacero.com) (*)

Si estamos dispuestos a percibir los signos de los tiempos en los sucesos cotidianos nos daremos cuenta de que nos movemos cada vez más deprisa en el camino hacia el dominio de la tecnología sobre el hombre, o más bien hacia un punto en el que nos será difícil mantener una visión humanista de la vida: una dirección en la que aquello que creamos para mejorar nuestra eficacia y aumentar nuestro confort pueda llegar a convertirse en algo incontrolable.

Uno de estos mecanismos es, sin duda, lo que llamamos “inteligencia artificial”, instrumento que ya hemos puesto en marcha y que en realidad no es nada nuevo salvo en sus posibilidades de futuro. Y es que, en efecto, siempre nos servimos de nuestra propia inteligencia y la apoyamos con mecanismos creados por nosotros mismos en los que materializamos procesos racionales que ampliamos y perfeccionamos con las posibilidades que nos ofrecieron. Así sucedió con los archivos de consulta, los diccionarios, las técnicas de confirmación o desarrollo de procesos, y una pléyade de procedimientos ad-hoc que, a la vez que fruto de nuestra inteligencia fueron avances que mejoraron la investigación o la consecución de ciertos objetivos.

Claro está que los recientes avances de la tecnología han multiplicado enormemente las posibilidades de perfeccionar estos apoyos. Pero el camino ya estaba iniciado desde antiguo. En efecto, el ser humano siempre fue capaz de encontrar lo que consideraba necesario partiendo de lo único que tuvo disponible, esto es, de la naturaleza: tan sólo aire, tierra y agua en el paisaje. De ella pudo obtener cuantas sustancias fueron necesarias para atender nuestras necesidades e incluso nuestros sueños, y tan solo a partir de ella pudo replicar procesos lógicos que a partir de hace tan sólo poco más de un siglo aprovecharían la rapidez de la electricidad para acelerar los procesos y acortar los plazos. Pero en realidad estos avances no constituyen nada totalmente nuevo, ya que aunque admitamos haber alcanzado algunas metas memorables debemos ser conscientes de que éstas no hacen sino lo que siempre hicimos: utilizar la razón que reside en un invento que no es precisamente nuestro: el del cerebro.

Constatemos, por tanto, que por mucho que esa inteligencia llamada “artificial” nos permita ir más allá y más rápido en la explicación, la ordenación y el aprovechamiento del mundo en que vivimos, nunca podremos despreciar nuestra indudable condición humana, ligada a un universo real que es como es, y a una intimidad de nuestro ser en la que, por mucho que avancemos, siempre estará patente la desconcertante presencia del misterio.

El segundo de los mecanismos “nuevos” a los que hoy deseo referirme es otro invento en el que últimamente andamos empeñados. Se conoce como “transhumanismo”, una doctrina que considera realizable el sueño de prolongar la vida ad infinitum revirtiendo el envejecimiento, para empezar, mediante nuevos fármacos. Es decir, con algo que, como todo lo demás, seguirá procediendo de lo que ofrece una naturaleza aparentemente elemental.

Pero la cosa no se queda ahí, pues la visión de los “transhumanistas”, que pretenden superar cualquier obstáculo que encuentren, contempla también la posibilidad – tomada como un objetivo más allá de los transplantes – de insertar en nuestro cuerpo determinados artificios que se fundirán con él definitivamente. Hasta éste extremo llega la ambición del ser humano. Pero en realidad esto también existe ya, pues ahí tenemos la posibilidad de insertar un marcapasos para el corazón, una red en las operaciones de hernia, y tantas cosas más que dejo en el tintero porque ya existen y están incluso en la rutina sanitaria. Aunque los “transhumanistas“ van mucho más allá: tienen incluso un nombre – “ciborg” – para quien tenga ya formando parte de sí mismo un dispositivo destinado a ampliar su nivel de inteligencia.

La diferencia del proyecto con otros avances anteriores y futuros reside en que estas realidades están alimentando la esperanza de hacer al hombre poco menos que inmortal. Y no crean ustedes que esta gente va de broma, pues no sólo ha creado una ideología abordada ya por universidades tan serias como la de Oxford, sino también diversas organizaciones que tratan de interesar y de avanzar en este empeño.

Pero, con todo. lo verdaderamente importante del “transhumanismo” es que nos hace constatar que la humanidad se atreve ya a considerar factible hurgar en nuestra inteligencia o prolongar la vida humana al ritmo de un año cada año sin marcar un límite al empeño. Un caso típico de “aprendiz de brujo” que pretende “crear” un ser humano más longevo y más inteligente gracias a la manipulación genética y a la incorporación de determinados artificios con el peligro de que el proceso llegue a superarnos y la soberbia humana fuerce las leyes de la naturaleza, descarte a quienes no cumplan con sus exigencias, y desvirtúe ya definitivamente nuestra compleja condición humana.

Sí; tendremos que tener mucho cuidado para poder reaccionar, si es necesario, a tiempo.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://live.staticflickr.com/65535/48035594337_eb456dc637_o.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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