Por José María Arévalo

(Pinturas en la iglesia de Santa Eulalia)
En el verano de 2021 dos vecinas de Villacintor, pequeño pueblo leonés, pusieron en marcha una iniciativa para proteger el patrimonio histórico y artístico el pueblo, un tesoro escondido. En Villacintor la iglesia ha unido al pueblo. Otra vez, porque la primera fue durante su construcción, hace siglos. Ahora, para salvarla, la iglesia y su “Capilla Sixtina rural”. Vamos a verlo.
La iglesia de Santa Eulalia es una pequeña Capilla Sixtina de pinturas murales renacentistas, 147 metros de arte en los diez arcos de la nave central. “La carretera se adentra en tierras de labor – escribía Susana Vergara Pedreira en Diario de León-, paisaje inabarcable de cereal segado, salpicado por árboles testigo que se agrupan a veces en pequeños bosques y algunos campos de girasol que están más secos que el secano. El canal, que se anuncia con un gran cartel que reza ‘Pan Nacional de Regadíos’, deja el agua a unos kilómetros. «Aquí no llega, ‘rega’ a la derecha», advierten. La carretera, casi desierta, la recorren unos pocos tractores y algún paisano en bici con la regadera atada a la cesta y el bajo de los pantalones sujeto con pinzas de la ropa, para no trabarse en la cadena. Luego contarían en el pueblo que no se asfalta desde hace 54 años, desde aquel día de 1968 en el que murió la madre de los Sahelices. «Sólo parches», sentencian. El estado de la brea brillante y recalentada es el reflejo de la sensación de abandono. Desde lejos se divisa ya la torre. Vigila desde hace siglos esta tierra ahora de pueblos de tiendas cerradas, gigantes polideportivos vacíos vestigio del Plan E que dilapidó millones, laboreo en las fincas y vecinos a la fresca de la tapia, de charla matutina.”
Sur de León. Villacintor. Un pueblo de barro antiguo y ladrillo moderno que tiene, dicen con orgullo sus vecinos, el mejor campo de secano del país. Buena tierra, tierra buena. Todas las calles conducen a la iglesia. La iglesia que ha unido al pueblo. Otra vez. La primera, durante su construcción hace siglos. Ahora, para salvarla. Cuando abrieron la puerta por los Santos, el suelo de barro cocido, una reliquia, estaba cubierto de cascotes. Y ahí saltó la alarma.
Santa Eulalia, pequeña Capilla Sixtina
La iglesia de Santa Eulalia es una pequeña Capilla Sixtina de pinturas murales renacentistas. 147 metros de arte en los diez arcos de la nave central. Se descubrieron en 1995. Más bien habría que decir que se redescubrieron. Porque los frescos estaban allí desde el siglo XVI. Luego, se cubrieron con una capa de cal blanca y nadie guardó la memoria de una magnífica obra de arte hasta que una restauración en los 90 las devuelve de nuevo a la vida. Fue cuando el pueblo se moderniza, se construye un parque público, se levanta una escultura de Ajenjo homenaje a los sembradores —una de las pocas que existe en España dedicada a esta figura—, se instala el alumbrado público «sin escatimar focos» y se construye un consultorio.
Para sorpresa de todos, bajo el pigmento blanco había un conjunto pictórico único en las iglesias rurales. Los profetas Miqueas, Daniel, Isaías o Habacuc en medallones con sus nombres claramente escritos, ángeles, escudos con el león rampante en el primer cuartel y el castillo de segundón, la muerte con su guadaña y su mal, un repaso completo de la Biblia.
Una obra dedicada a la mayor gloria de Dios y, también, de los hombres. Porque no faltan los retratos enmarcados en medallones de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico —hijo de Juana, legítima reina de Castilla, y de Felipe el Hermoso— representado con y sin corona haciendo referencia a su abdicación, y también los de su hijo Felipe II ‘el Prudente’ y Juan de Arfe, además del retrato de una misteriosa dama y un caballero, quizá los mecenas de esta obra. Y algo más: sobre las columnas hay pintados ladrillos simulando a su vez pilares. Una rareza.
Juan de Arfe, retratado
Que Juan de Arfe esté retratado en los muros de la iglesia ha disparado todo tipo de conjeturas. La más asentada, que su abuela era y vivía en el pueblo. El gran orfebre español del Renacimiento era leonés, hijo de Antonio de Arfe y María de Betanzos y Villafañe, un apellido de la zona, y nieto del célebre maestro artesano Enrique de Arfe, autor de las custodias de Toledo y de Sahagún, a 20 kilómetros de Villacintor, y del arca funeraria de San Isidoro de León.
Cuando se inició la obra de las pinturas murales de la iglesia de Villacintor, Juan de Arfe, uno de los artistas favoritos del rey Felipe II, tenía 18 años. Edad suficiente como para haber comenzado ya su carrera artística. Quién sabe si en el pueblo de su abuela. Porque las obras de esta Capilla Sixtina, que se inauguraron el 16 de mayo de 1558, se hicieron entre 1553 y 1558, siendo rector de la iglesia Diego García Bayón. Las firma Francisco Hernández. Así consta en uno de los murales del templo.

(Iglesia de Santa Eulalia)
El tamaño de la iglesia asombra aún hoy, como sorprendió a Bartolomé Santos de Risoba, obispo de Almería, de Sigüenza y de León, canónigo magistral de Palencia, hombre culto formado en las universidades de San Antonio de Porta Coeli y Salamanca, que no salía de su pasmo plantado delante de este lugar sagrado. Consta así en el libro de fábrica del templo, de 1640. La desaparición del primero de esos libros, que permiten acceder a información minuciosa sobre las economías de las parroquias y son una fuente de información para estudiosos y científicos, ha impedido conocer la fecha exacta de la construcción de la iglesia pero sí hay rastros de que en el lugar que ocupa la torre hubo un pequeño cenobio ya en el siglo VII.
De ahí, de esa época, procede el nombre de la villa, quizá de un monje procedente de Cataluña que recorría el Camino de Santiago. Y eso explicaría también la advocación de la iglesia a Santa Eulalia, la mártir cristina que es patrona de Barcelona junto a la Virgen de la Merced y cuyos restos están enterrados en su seo.
Tal vez lo que impactó al obispo Risoba fue la magnitud de la torre, 30 metros verticales sobre un altozano, visible desde los pueblos vecinos. Una torre vigía más alta que las de Almanza y Sahagún y una de las más importantes del país, una atalaya desde la que vigilar las campañas de Almanzor y un sistema de comunicación y alerta entre pueblos vecinos que con el paso del tiempo fue creciendo en altura.
Barro, ladrillo cocido y pinturas
«¿Diste bien con el pueblo? Porque a mí el otro día el navegador me dijo que no lo encontraba». El comentario afloja la risa de Ángel Sahelices, Juan Carlos Pérez Copete y Amalia Villafañe. Son, junto a Concesa Caballero, presidenta, los miembros de la junta directiva de la Asociación Amigos de Villacintor. Hacen de cicerone por el pueblo, mostrando la torre, la iglesia, la ermita de San Roque —una belleza en adobe—, las casas de barro… «Hizo calor este verano, pero nosotros dentro no lo pasamos», dicen.

(Interior de la iglesia)
La asociación ha unido al pueblo. 40 casas abiertas en invierno, 40 vecinos, uno por casa —llegó a tener 200—, lo que deja patente la situación de estos pueblos de la España vacía. Apenas faltó ninguno a la presentación de la asociación, en la iglesia, claro, el 27 de agosto, a la que acudió el diputado de Cultura, Pablo López Presa.
«Nos gustaría que incluyeran el pueblo en las rutas de retablos, iglesias y patrimonio del sur de León», piden.
Hace años que en Villacintor dejó de hablarse en fanegas, celemines, heminas, cuartillos, arrobas y onzas, aunque el pueblo aún vive de lo que producen los campos de secano. Y de las pensiones, claro. Al borde de esa LE-6620 que espera un buen arreglo.
Bajan las escaleras de la iglesia Sahelices, Pérez Copete y Villafañe y dejan bien cerrada su Capilla Sixtina. Se han empeñado en que su pueblo resucite. Sin esperar a que haya un milagro.”
Desconocidas pinturas
De este hallazgo ni Wikipedia dice nada. Solo que “Villacintor es una localidad del municipio leonés de Santa María del Monte de Cea, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. El pueblo se encuentra en el centro del municipio, por donde pasa el arroyo del Parazuelo. Se accede a la localidad a través de la carretera local LE-6620. La iglesia está dedicada a santa Eulalia”.
Y en un apartado de Historia, reseña la descripción de Villacintor en el tomo XVI del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, obra impulsada por Pascual Madoz a mediados del siglo XIX: “Lugar en la provincia y diócesis de León, partido judicial de Sahagún, audiencia territorial y capitanía general de Valladolid, ayuntamiento de Villamizar. Situado en un valle frondoso a la margen derecha y en las vertientes del río Cea; su clima es algo frío pero sano. Tiene 72 casas; escuela de primeras letras; iglesia parroquial (Santa Eulalia) servida por un cura de primer ascenso y presentar de Su Majestad en los meses apostólicos y en los ordinarios del monasterio de religiosas de San Pedro de las Dueñas, orden de San Benito, y buenas aguas potables. Confina con Villamizar y Castellanos. El terreno es de mediana calidad y le fertilizan las aguas del Cea. Los caminos son locales. Producciones: granos, legumbres, lino, vino y pastos; cría ganados y alguna caza y pesca. Industria: telares de lienzos del país. Población: 72 vecinos, 290 almas.”
De la iglesia y sus pinturas, nada.