Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

«Los diputados no son una casta ociosa y desvergonzada (1)».

Al reiniciarse hoy el periodo de sesiones en el Congreso, ha habido indiscretos que han echado cuentas a propósito de la duración de las vacaciones tanto de los diputados (llevaban 48 días sin sesiones con motivo de las fiestas de Navidad) como de los senadores (y éstos, 53 días), ambos inclusive, si a mano viene, y aunque esté feo decirlo, el caso es que mi señoría ha sido víctima de una conjunción planetaria, aunque no obámica, al coincidir este debate en torno la duración de las vacaciones de sus señorías con la llegada a su e-correo, o sea, a mi correo electrónico, de una composición poética acerca, si no de la duración de sus vacaciones, del trabajo que desarrollan las susodichas señorías, que ciertamente no parece ser tan liviano. El Presidente del Congreso ha manifestado hoy en concreto: “Se traslada una imagen incorrecta cuando se dice que el Parlamente y los diputados están de vacaciones, queriendo trasladar que los diputados son una casta ociosa, desvergonzada”(sic). Y ha aclarado que ellos no están de vacaciones todo ese tiempo, sino que ”es un periodo inter-sesiones, en que no hay sesiones plenarias, pero sí hay trabajo”. Pero claro, como muy bien ha dicho el señor Bono, la imagen que “se traslada” a la ciudadanía es incorrecta. Y de ahí vienen los malentendidos que pone de manifiesto el conjunto de ripios cuya primera parte les transcribo a vuesarcedes, en esta chirigota, sin perjuicio de que, en días sucesivos y en las dosis adecuadas, les haga llegar el resto. Desconozco quién sea su autor, pero se me informa de que sus versos o ripios llevan ya circulando bastante tiempo por la red y puede incluso que para algunos lectores sean ya conocidos. Pero adviertan vuesarcedes cuánta maldad puede encerrarse en la inspiración de algunos poetas. Sin más, he aquí el comienzo de esta bazofia poética y asï:

Título: «Déjame dormir, mamá»

Hijo mío, por favor,/de tu blando lecho salta. / Déjame dormir, mamá,/ que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor, / levántate y desayuna./ Déjame dormir, mamá, /que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor, / que traigo el café con leche. / Mamá, deja que en las sábanas / un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor, / que España entera se afana./ ¡Que no! ¡Que no me levanto / porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor, / que el sol está ya en lo alto. / Déjame dormir, mamá, / no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor, / que es la hora del almuerzo./ Déjame, que levantarme / me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor, / van a llamarte haragán./ Déjame, mamá, que nunca / me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor, / ¿y si tu jefe se enfada?/ Que no, mamá, déjame, / que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor, / que ya has dormido en exceso./ Déjame, mamá, que soy / diputado del Congreso
y si falto a las sesiones / ni se advierte ni se nota./ Solamente necesito / acudir cuando se vota…

Y, por hoy, ésta es la dosis. Ya está bien de rollo. ¿O no?

9-02-2010.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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