Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Bellum pepinorum.

(o “Si habet famem manduca pepinum”).

Algo positivo tenía que haber en esto de la guerra de los pepinos. Y es que supiéramos o supiésemos , especialmente los que ya no peinamos ni canas, porque estamos calvos, la importancia que tienen las verdolagas estas en nuestra depauperada economía, porque como ya estamos todos con un principio de ´acarajotamiento senil´ y no nos enteramos de casi nada… Hombre, uno no es que sea tan mayor… ¿Mi señoría? No, sólo setenta y trece añitos. ¿Que por qué lo digo así? Porque la gente, en general, se fija en lo de los setenta y no repara en el pico. Y el pico tiene su ´telenguendengue´, es decir, su cosa, su historia, su complicación, su aquel… Sí, en efecto: a estas edades empiezas a tener cosas que no habías tenido nunca. Por ejemplo o verbigracia –aunque ésta no tiene gracia ninguna-: mi señoría fue el otro día al oftalmólogo y me dijo: Pues mire por dónde, ya tiene cataratas su señoría. Es que, claro, a medida que va uno a mayor va aumentando el patrimonio y vamos teniendo no solo más experiencia, sino más cosas…

Pero hablemos de la conflagración del pepino (o de los pepinos), que es el tema hodierno . Aparte de lo triste de la susodicha contienda, en el sentido de las víctimas mortales que, según noticias, va dejando en algunos países, y que mi señoría es el primero en lamentar, el evento en cuestión nos ha hecho conocer, además de la faceta económica del fruto de esa planta “de la familia de las Cucurbitáceas, con tallos blandos, rastreros, vellosos y de dos a tres metros de longitud»; además de eso, digo y digo bien, hemos conocido lo que teóricamente es un pepino y que ya mi señoría lo trajo a colación en la chirigota o cuchufleta de antier y que no va a repetir hoy. Si alguno de vuesarcedes tuvo la desgracia de no leerla inmediatamente que se colgó en la red, que ´pinche´ ahora aquí y que pase la vista por lo escrito por uno, insigne autor por cierto, mas hágalo comprendiendo la significación de los caracteres tan magistralmente empleados. Y que no nos haga perder el tiempo a los demás, porque si él o ella no siguen en todo momento y con gran interés las sabias enseñanzas que aquí se imparten y, por cierto, gratuitamente (¡De nada!), los demás no vamos a perder ni un solo minuto en que esos ingratos, sean quienes fueren, se pongan al tanto por haber hecho el tonto. Y si su estulticia, necedad, mentecatez, tochedad, estupidez o vaciedad fueran o fuesen patológicas, háganse ver por un facultativo de la medicina, aunque sea del SOE (¡qué coño PSOE!. Sin P, ¡joder!), porque ya les tengo dicho que de ordinario, la diferencia entre un licenciado en Medicina y Cirugía, ambas inclusive, o un Doctor en cualquiera de las especialidades medicoquirurgicas correspondientes del SOE (Seguro Obligatorio de Enfermedad) ; la diferencia entre dichos profesionales, reitero, no suele ser otra que los horarios, los honorarios y el lugar do pasan la consulta. Que por lo demás, tanto monta, monta tanto, porque… ninguno sabrá esperanto. Eso sí, que estén colegiados, para evitar intrusos malvados, que “desconocen la medicina y confunden el vino blanco con la orina”.

Sentados tales precedentes, uno se pregunta que cuál debe ser la actitud del español medio e incluso del portohurraqueño de bajo nivel económico no sólo ante el E. coli sino también ante la nación alemana o Deuchland, como le dicen los que hablan en extranjero. Veamos.

Desde el punto de vista microbiológico, los más preclaros especialistas en estas cuestiones –mi señoría entre ellos- parece que no tenemos ni zorra (con perdón) idea de dónde han podido salir estos bichitos -de que son bichos, no hay duda ninguna- que, por otra parte son tan pequeños que no hay quien los vea ni a simple vista, ni aun poniéndose las gafas, lo cual dificulta poder establecer su morfología y, en parte, su colorimetría. A cerca de ésta, se habla simplemente de que deben ser verdes, pero nadie osa afirmar de qué tipo de verde se trata. ¿Será el verde doncella de las manzanas; el “verde verderol / endulza la puesta de sol”, de Juan Ramón Jiménez; el “verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas”, de García Lorca; el tono de verde de los brotes verdes, valga la redundancia, que viera o viese, años ha, la señora o señorita Elena Salgado, a la sazón ministra de Economía y Hacienda, ambas inclusive, …? ¿De qué verde se trata? ¿Lo sabe aun el propio señor Rodríguez que, según el líder de la comunicación, don Carlos Herrera, dizque “ejerce ya de reina madre”, tal vez por el protagonismo del reciente aspirante a la Presidencia, señor Pérez, Adolfo a secas para los militantes del PSOE (éste con P, por supuesto).

Hay también indicios de que la oposición está poniendo verde al Gobierno, legal y democráticamente establecido en nuestro país desde hace siete añitos, precisamente por su reacción ante la actitud alemana acerca de que el origen de la epidemia, provocada por los pepinos, procedía de España. Pero no es menos cierto que ´miembras´ y miembros del Gobierno han puesto verde, a su vez, a la oposición por ponerles verde a ellos, por mor de su actuación en la guerra de los pepinos o “bellum pepinorum”. Es el “más eres tú” de siempre, del lenguaje político. ¿O no?

5-06-2011.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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