(o “Hacia un lenguaje vehicular más sencillo”).
Mi señoría tiene visto y oído que en Andalucía, en esos EREs presuntamente (¡caramba!, presuntamente…) fraudulentos de que tanto se hablaba hace unos meses (ya, ni pío…), había un “beneficiado” al que le había indemnizado como si hubiera o hubiese empezado a trabajar en una empresa, por cierto en la que no trabajó nunca, precisamente el día que nació. Y es que de siempre ha habido gente muy, muy trabajadora, pero no sé si hasta ese extremo… Claro, si intervino un sindicato y no se dieron cuenta del dato en cuestión… Porque no habría cohecho, ¿no? Por si sí o por si no, el caso es que este hecho, presuntamente delictivo, dijeron que se había dado en aquella tierra de María santísima. Bien. Ahora, como el tema estará ´sub judice´ , seguro que casi no se podrá hablar de él sin incurrir en el ámbito de lo judicialmente o jurídicamente correcto. Es decir, el hecho en sí es que la criatura en cuestión pasó del seno materno al seno de la empresa en que supuestamente trabajaba, aunque nunca trabajó en ella, sin solución de continuidad. Pero, ¿por qué les cuenta mi señoría esto a vuesarcedes?
Uno sabe que no se lo van a creer; sin embargo, yo tengo que explicárselo así, porque es la pura verdad. Y es algo, of course, que viene a cuento. Si no se lo creen, eso es cosa de vuesarcedes, que a mí, plim o plin, como gusten, porque de ambas formas es correcto, para indicar que me importa un pito. Y se lo tengo que contar porque a uno le ocurrió algo análogo a lo que le aconteció al andaluz citado, al “beneficiado” del ERE, ese que nada más nacer empezó a trabajar (?); y, sin embargo, mi señoría lo que comenzó a hacer, desde que nació, fue a preocuparse por el prójimo. Mi primera actividad, al salir del seno materno, fue saludar cortésmente, con un sonoro llanto, a la comadrona que atendió a mi madre en el trascendental acto de mi orto. Y a continuación vine en ofrecerme, con otro hermoso llanto –claro, es que entonces, a los cero añitos, mi único idioma vehicular era el llanto-: vine en ofrecerme, decía, a mis deudos, amigos, enemigos y demás personal de mi séquito o entorno y de fuera de ellos, ambos inclusive, brindándome a todos (y a todas, con perdón de la RAE) para servirles y ayudarles a resolver cuantos problemas se les pudieran o pudiesen presentar, de cualquier índole: legales; jurídicos; alfabéticos y analfabéticos; sanitarios; laborales; de corrupción política; de pertenencia o no a los sindicatos mayoritarios, también ambos inclusive, y de su financiación ´mamandúrrica´ y presuntamente ´cohechosa´ para realizar cursos de formación y reciclaje, ambos inclusive siempre; de militancia o no a los partidos políticos mayoritarios (“Pero, ¿quiénes se creen ustedes que son? El grupo PP-PSOE ha expropiado la Constitución y la democracia española” ), minoritarios y del grupo mixto; de modificaciones Constitucionales de mayor o menor calado o rango, para poder impetrar una abundante ayuda ´eurónica´ (o sea, de euros) por mor del binomio señora Merkel-señor Sarkosí que así lo quieren; de problemas, en fin, del ecosistema; del toma y daca diario; de los endémicos déficits económicos y financieros de las Autonomía que han pasado al poder diestro, como el de Castilla-La Mancha o el de Extremadura, ambos inclusive… Pues así les dijo mi señoría al nacer a la turbamulta. Y alguien manifestó: “Este neonato se preocupará por la sociedad, y en el futuro será un gran político, pese a quien pese”. Y acertó, ¡cáspita!, por no decir ¡coño!, que siempre es como más ordinario.
Porque, en efecto: en cuanto tuve uso de razón, me hice político. Mas ocurrió lo que ocurrir tenía: que enseguida me di cuenta de que en el mundo mundial había alguna personas normales, pero que la mayoría… Pues gente desinformada, inculta, egoísta…, gente en fin incapaz de autogobernarse. (No, si vuesarcedes no; son siempre los demás, claro).
Por eso, uno se ha preguntado frecuentemente: ¿Es que, en circunstancias tales puede funcionar una democracia , aunque los políticos, para justificar nuestro “modus vivendi, manducandi et potendi (vel bebendi)”, como decíamos en la antigua Roma, engañemos al “populus” con el mensaje de “no os preocupéis, imbéciles –esto en el sentido etimológico–, si cada cuatro años tenéis ocasión de elegir a quienes queréis que rijan vuestros destinos, así es que tranquilos”? Sí, sí…; así es que tranquilos. ¿Tranquilos? ¿Tranquilos con noticias como ésta que leyó ayer mi señoría, en “Cotizalia”, de “El Confidencial”, periódico éste virtual donde los haya, que (¡oído al parche!) decía: ”Agosto se termina, y algunos de los ‘hedge funds’ más importantes del mundo han quedado muy escaldados tras el paso de la tormenta financiera que han vivido los mercados durante todo el mes. Muy pocos se han salvado de las pérdidas que, en algunos casos, igualan al colapso de Lehman, según publica Financial Times”.
Y es que, después de eso, ¿cómo van a elegir los ciudadanos de a pié, ni cada cuatro años, ni cada dos días, ambos inclusive, a quién tienen que votar? Imposible. Tenemos que hablarles en lenguaje más llano. El idioma vehicular tiene que ser como el del antiguo NO-DO: “Al alcance de todos los españoles (y todas las españolas, con perdón). ¿O no?
3-09-2011.
