(o “Encuesta de indemnización o reintegro”).
Como preví antier, mi señoría ya ha la idea feliz para ponderar o medir, con el menor coste posible, si la ciudadanía (especialmente los contribuyentes imbéciles) estamos de acuerdo o no con que cuando deja un político de desarrollar su tarea como tal, bien porque su partido pierda las elecciones o por cualquier otra causa; si se está de acuerdo o no, con que al tío (o a la tía) en cuestión se le indemnice, indistintamente de cómo haya realizado el trabajo que tenía encomendado. Por establecer un primer baremo , digamos que lo ha podido realizar excelentemente, bien, regular, mal o catastróficamente, estos dos últimas categorías ´con extracción´ o ´sin extracción económica´, es decir, habiendo metido mano (o sea, robando todo lo que podía) o sin introducción manual en la bolsa de los fondos ajenos con ulterior traslado al propio marsupio. En fin, sin trinque.
En el desarrollo del trabajo mal y en el catastróficamente, aparte de la faceta crematística, también se pueden presentar efectos secundarios no deseados tanto en lo moral como en lo económico, en lo cultural, en lo institucional, en lo etc. o en todos a la vez, como ya quedó dicho en la chirigota anterior.
¿Que cuál es mi idea feliz? Pues simple y llanamente: que además de las dos urnas que hay previsto instalar en los Colegios electorales el 20-N para depositar, en una de ellas, los votos para elegir los miembros y ´miembras´ (con perdón de la RAE) del Parlamento o Cámara Baja; y en la otra, los idems e idems (con perdón de la idem) del Senado o Cámara Alta; que aparte de esas dos urnas, propone mi señoría que se instale una tercera, en la que los ciudadanos puedan depositar, debidamente cumplimentada, una encuesta, previamente elaborada por algún ´encuestólogo´ de prestigio internacional -que podía ser perfectamente mi señoría, sin ir más lejos, si llegamos a un acuerdo en el precio que yo cobraría por su elaboración (sí, de la encuesta), tabulación e interpretación. La cuantía de tal precio podríamos negociarla entre el Gobierno o quien proceda y mi señoría, ambos inclusive, bien en una gasolinera o, mejor aún, porque es más progre, en una electrolinera. Nunca en un despacho ministerial o lugar semejante Y ello, por los inconvenientes que esta circunstancia pudiera o pudiese tener ante los “mass media” que luego empiezan con tertulias y líos en la radio, en la televisión y aun en la prensa, ora digital, ora en papel, que no ayudan en nada a la feliz realización libre de eventuales denuncias de cohechos activos, pasivos o perifrásticos-.
Aclarado el cómo, mi señoría va a esbozar ligeramente, en futuras chirigotas los pasos a dar en una presunta hoja de ruta para llevar a cabo la “Operación, Urna 3ª”, que es como se llamará el invento, en la inteligencia de que uno ya ha depositado, en la correspondiente Oficina de Patentes, Marcas y ´Pa´ Tente mientras cobro, el proyecto completo de la actuación de referencia. Y lo digo para evitar que algún listillo quisiera o quisiese apropiarse de la idea y erigirse en su inventor, siendo así que lo es mi señoría por derecho propio e impropio, ambos inclusive. Y es que en el Reino de España hay mucho imbécil, dicho sea en el sentido de “flaco, débil”, hijo de zorra, es decir, de una persona astuta y solapada, de esas que hay tantas en nuestra nación, discutible y discutida, ¡qué coño!. (Lo de “coño”, aquí, se utiliza como interjección, para expresar mi extrañeza o enfado porque se ponga en duda que una nación es el conjunto de habitantes de un país regido por el mismo gobierno).
Uno confía en que vuesarcedes, llegado el momento, es decir, si el Gobierno del Reino de España, cuyo es Presidente todavía el señor Rodríguez, o quien proceda me contratara o contratase a mí como encuestólogo de fama internacional para la realización de la “Operación, Urna 3”; uno confía, digo, en que vuesarcedes cumplimenten adecuadamente la encuesta que a tal efecto se imprimiría (probablemente en octavillas color rosa palo) para que se sepa qué piensan y qué quieren tanto los imbéciles, en el sentido de “flacos y débiles” como los “gordos y fuertes”, ambos inclusive, que convivimos pacífica y democráticamente no sólo en Puerto Hurraco sino en toda España. ¿O no?
6-10-2011.
