Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

´Veros´, ¡c.!, de una p. v.

(o “Con títulos en clave, la abstención es menos grave”).

Mi señoría desconoce cómo andarán de lectores los demás blogueros, pero dada la circunstancia de que uno no tiene ni el recurso del intercambio Me explico: cuando este famoso autor, parte de cuya obra están leyendo vuesarcedes, y además gratis total (¡de nada!); cuando este genio era todavía un joven adolescente, que pululaba por los mentideros literarios de la capital, tales como el paradigmático Café de Gijón, llevaba uno, con frecuencia, un fajo de cuartillas manuscritas o garrapateadas en la zona sub-axilar, o sea, debajo del sobaco, ora del brazo diestro o del otro (claro, el siniestro), cuartillas en las que había ido dejando todo su arte literario, bien en prosa o bien en verso, y su ilusión de llegar a ser un escribidor de gran prestigio en el futuro. Así deambulaba uno por los mentados mentideros e iba al encuentro de homínidos similares, portadores de carga análoga, y al igual que los cartujos… A ver si me entienden vuesarcedes, porque si no, la cosa tiene menos gracia todavía. Los cartujos son unos monjes o religiosos, de la Orden de la Cartuja, fundada por San Bruno, allá por el año de gracia de mil y ochenta y seis, que cuando se encontraban uno de ellos con otro, invariablemente mantenían este dialogo:

-Morir habemos, hermano.

Y el contertulio, en tono fraternal, le contestaba:

-Ya lo sabemos.

Bueno, pues con la misma música, pero con distinta letra era lo que nos espetábamos los dos presuntos homínidos portadores de obras literarias de nuestra incipiente autoría. Y uno decía:

-Si me lees, te leo –, mostrándole el tocho de cuartillas a su interlocutor.

Y si éste aceptaba el reto, casi sin devolverle palabra, intercambiaban sus testigos y a leer se había dicho.

Mi señoría omite el epílogo habitual de dicho contrato sinalagmático, porque hoy no es tema que toca.

Lo que si le agradaría a uno es lograr más lectores, aunque fuera o fuese mediante un convenio colectivo con otros blogueros, que es lo que mi señoría quería decirles ya en la primera línea del texto de esta chirigota. Porque, oh admirados aunque no leídos colegas, a mi señoría, y escribiendo todo lo bien que escribe, apenas le leen cien leedores al día. Así es que el resto de los miembros de esta bloguería seguro que no llegan ni a veinte. Lo dice uno porque es que comparando calidades literarias es que, disculpen la inmodestia, pero no hay color. Que tanta es la excelente calidad de mis escritos, mientras que la de los demás suele dejar bastante que desear. Tienen mucho que mejorar, amados colegas. Que así no les van a dar nunca ni el Nobel de literatura, ni el Premio Cervantes, ni el Premio Nacional de las Letras Españolas, ni siquiera el Trofeo literario de Puerto Hurraco. “Na” de “na”. Y encima, se quejarán No, si

Como comprenderán, tener más o menos lectores, a mi señoría le trae sin cuidado. Lo que sí le preocupa a este modesto escritor es que mis ideas le lleguen a tan pocos ciudadanos y consiguientemente, que diría don Felipe González, Presidente que fue otrora del Gobierno de España, no las puedan aplicar, me refiero a las ideas, para resolver problemas tan gordos (éste padece obesidad mórbida) como el del paro, para el que mi señoría tiene la solución; no como la que dijo tener el señor Pérez, candidato él, por le partido socialista , a la Presidencia del Gobierno, en las últimas elecciones generales; solución que jamás dio a conocer. ¿Será por eso por lo que le ganó, por mayoría absoluta, el PP al PSOE, en el sufragio general de referencia?

Mi señoría, en síntesis, solucionaría así el mórbido problema del paro. ¡Atención!

De los 5 millones de parados, 2 no trabajarán nunca, porque lo que ocurre no es que no encuentren trabajo sino que no quieren encontrarlo porque no quieren trabajar. Prefieren vivir de ayudas, subvenciones, etc., pero no dar un palo al agua. Los 3 millones restantes quieren trabajar, lo que ocurre es que no encuentran trabajos en los que se les remunere en la cuantía económica habitual. Pero si se resignan a cobrar algo menos (o bastante menos, aunque siempre más que estando en el paro), y los empresarios quieren, de verdad, reabrir sus empresas -si se vieron obligados a cerrar por la crisis- o quieren crear nuevas empresas o ampliar sus plantillas, si el Estado disminuye sensiblemente los impuestos, la mano de obra les saldrá a los empresarios más barata. Con ello, sus productos o servicios serán competitivos y no tendrán dificultad en su venta. ¿O no?

30-11-2011

P. d. Para ampliar estas ideas, pinchen aquí. Y confíen en que mi señoría les aclarará, en breve, el título de esta chirigota (¿´Veros´, ¡c.!, de una p. v.?)..

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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