(o “¿Qué es cohechar, señores ministros?»).
Mi señoría no va a contarles, a vuesarcedes, un cuento, sino una historia, en cumplimiento flagrante de la promesa que (¡atención, que viene una esdrújula…!) híceles en la adenda de la chirigota anterior, pues dije que les contaría la prueba que uno, o sea yo, le había hecho a la traducción al chino de mi nunca suficientemente bien ponderada chirigota intitulada (que es lo mismo que titulada, pero lo aclaro para los ignaros, que siempre hay algunos)”Ya ni el ministro te escribe”.
Vuesarcedes tranquilos, que ahora se lo narro. Éste que lo es o melhor escritor do mundo inteiro, adviertan qué ladino es mi señoría, cogió el texto castellano de la susodicha chirigota, y con un doble trasvase de “copiar” y “pegar”, introdújolo (¡hala!, otra esdrújula) en un traductor de esos “on line” y le dijo –al traductor, ¡coño!-: “Viértamelo –otra…– al idioma chino”. Y el traductor preguntome -ésta sólo es llana, la pobre-:”¿Chino simplificado o chino tradicional?” Y uno le dijo:”Simplificado”. Y…, ¡ya está!
Entonces uno, que no es tan tonto como muchos lectores creen, se le ocurrfió la feliz idea de meter el “¡ya está!”, que ya estaba en chino, en el lugar del texto a traducir al español, y le di al botón y… Pues nada, que no se parecía en nada al prístino texto original en castellano. Y entonces, por eso fue la adenda de que no me responsabilizaba de los eventuales errores que se hubiesen cometido en la traducción.
No, si mi señoría comprende que vuesarcedes no lo entiendan casi ninguno, pero ya verán cómo diciéndoselo a lo bestia, sí que se enteran. Lo que ocurrió es que cogí mi texto, en un castellano perfecto, como siempre, y le ordené al ordenador (valga la anáfora), que por eso se llama así, que lo tradujera o tradujese al idioma chino simplificado. Él lo tradujo. Y uno, luego, le ordenó al traductor, siempre virtual, que eso que había traducido al chino simplificado lo tradujera o tradujese al español. Y es que este español no se parecía en nada al castellano perfecto con que uno empezó el experimento o prueba. ¿Tampoco se enteran algunos? ¡Joder!, esto es serio, ¿eh? Bueno, miren: es como si vuesarcedes traducen una cosa a un idioma y luego la destraducen. Y si no coinciden, ¡malo! Y el que ya no pille, esto es que tiene que hacérselo ver por un médico, aunque sea de la Seguridad Social, si no tiene otro. Hombre, si tiene otro, que le vean los dos.
¿Cómo que cuántos chinos hay? No; dos son los idiomas chinos que me ofrecía el traductor “on line”, pero chinos, lo que se dice chinos hay…Contando también a las chinas debe de haber unos (y unas) 1.338.299.600, es decir, del orden de 1 millardo 338 millones 299 mil 600, más o menos. Ymi señoría se felicita por tener la ocasión de usar la palabra millardo, que casi nadie sabe qué es.
Y pasando a otro tema, tengo que acusar recibo del Comentario de Rafael a la anterior chirigota (léanlo completo, please!), en el que va y dice:”… Mis conocimientos del chino que utiliza SS. no me permiten entrar a comentarlo (me lo temía), pero espero que algún Ministro conteste a SS y se establezca una buena y prolongada línea de correspondencia”. Pues la verdad es que sí, que a uno le gustaría ser amigo de algún ministro, no porque fuera o fuese a incitarlo a cohechar, que mi señoría no es sospechoso de corrupción de menores (tengo setenta y catorce años), pero sí para que le explicara o explicase a uno qué es eso de los cohechos activos, pasivos, perifrásticos y otras malas artes que se utilizaban en otras épocas de la historia, porque desde hace bastante tiempo los ministros del Gobierno del Reino de España no pueden ser más honestos, porque si pudiesen serlo, lo serían. ¿O no?
27-02-2012.
