(o “Por tan poquito dinero, ¿convence uno al mentidero?”).
A mi señoría le gustan las tertulias tanto de radio como de televisión. La emisora de uno u otro medio, convoca a una serie de personajes o personajillos y se reúnen en el estudio o en el plató, y ¡hala!, a tertuliar, a estar en la tertulia, a conversar.
Se supone que de los susodichos entes (personajes o personajillos, ambos inclusive), unos están a favor y otros, en contra del ideario de la parte contratante, es decir, de la adscripción política del amo. Si los amos son listos, como lo es, sin ir más lejos, mi señoría, suelen escoger, por ejemplo, un tertuliano contrario y tres a favor del o de los amos. No es el momento de entrar a analizar cómo suelen transcurrir las conversaciones, pero hay momentos en que el barullo es tan escandaloso que a los oyentes o televidentes les entran ganas de enviar un mensaje a la mesa diciéndoles que si hablan sólo dos a la vez, todavía se puede uno enterar de algo, que ¿por qué no actúa, también un tercero, por ejemplo, el coordinador para que ya los ´pacientes´ nos quedemos “in albis” de lo que están diciendo? Pero los “listos” como mi omnisciente señoría, no llamamos ni enviamos mensajes por las tarifas vigentes con adenda para el titular del número llamado. ¿Por qué creen si no, que los emisores o, si prefieren, las emisoras insisten con tanta frecuencia en que les interesa mucho nuestra opinión o nuestra respuesta a alguna eventual pregunta que formulen? En la mayor parte de las ocasiones, lo que pensemos los oyentes o televidentes les trae, a los amos, como hemos dado en llamarles, completamente sin cuidado. Lo que acontece es que o la pasta les viene de casta o el capítulo de ingresos nunca basta.
Y si mi señoría opta por dejar a los amos en paz y enfocara o enfocase a los contertulios, ¿qué observaría? Pues antes de entrar a esbozar el perfil del coordinador… Sí, es que aparte de los contertulios no sé si uno ha dicho que hay un coordinador, de cuya figura se preocupará después mi señoría, si ha lugar, porque tampoco esta chirigota o cuchufleta va a ser interminable para sus coetáneos (¡uy! Más de ochenta; es decir, setenta y catorce)acaben quedándose traspuestos y sin enterarse de lo que leen, que para eso no ha escrito mi señoría 1.131 chirigotas de éstas, es decir, que la presente es la milésima centésima trigésima segunda. Ahí es nada la pomada. Lo reconoce mi señoría.
Admíranse vuesarcedes porque se ha perdido, en mala hora, la costumbre de utilizar los adjetivos numerales ordinales. Mas no es eso lo peor. Es que hasta los cardinales úsanse incorrectamente por los comunicadores que dicen, sin el menor recato que, por ejemplo, se va a celebrar el veitiún aniversario de la revolución de las rosas, por no decir, de los claveles; y ello, en lugar de hablar del aniversario veintiuno de la revolución de marras. Hombre: está claro que vuesarcedes deben denominar el evento en cuestión como el vigésimo primer aniversario de la revolución citada ´ut supra´(¿ven, qué ´fisno´?).
Bueno, no perdamos el hilo, que mi señoría, con padecer ”el síndrome de la persiana”, o séase, que se enrolla con sus cultas elucubraciones de sabio, porque lo es, vamos de… trasero, por no decir de culo. Estábamos tertuliando de las tertulias, y ahora nos tocaba hablar de los integrantes de las susodichas (tertulias, ¡caramba! ¿Qué van a ser?).
Pues bien, tanto el que se suele oponer como los que acostumbran a estar de acuerdo, dicen con harta frecuencia: “A mí lo que me preocupa es…”, y citan cualquier tontería, en lugar de ser sinceros y confesar que a ellos lo que les aterra es que no le guste su actuación a los amos y no lo vuelvan a llamar, porque de esa guisa no van a insacular o meter en su saco la soldada con que retribuyan cada parleta. Esa es, en muchos casos, su auténtica preocupación: la pasta nefasta.
Y, para concluir, en lugar de ocuparnos de la silueta de los que coordinan estas charlas -tiempo habrá de ello en otra ocasión-, mi señoría opta por traer a colación el denominador común de muchas de ellas, durante los últimos días. Casi todas parecen estar de acuerdo con que el gobierno no lo está haciendo mal del todo, pero lo que ocurre es que no tienen buenos comunicadores que le expliquen a la turbamulta las virtudes de lo que está haciendo, que no es otra cosa que asegurar que en un futuro se acabarán las alarmantes cifras del paro que hoy padecemos por mor de los siete años and pico que pilotó la nave de nuestra nación el nunca suficientemente ensalzado (pero, ¿qué más quiere el mozo, si dado le ha S. M. el Collar de Isabel la Católica? ¡A ver si todavía no se lo vamos a quitar…!), para mal de España, el Excelentísimo Señor Rodríguez, conferenciante de pro -¿60.000 €/parleta en Venezuela?-, que nos llevó a la ruina y como premio acabará siendo (si no lo es ya) miembro del Consejo de Estado, ente eficiente, gracias al cual en los territorios de España nunca se pondrá el sol. En el futuro, claro.
Un último punto. Que si el Gobierno quisiera o quisiese un buen comunicador, mi señoría se ofrece para ello. Ya que Rajoy no le hizo a uno ni ministro, ni nada parecido, que aproveche ahora la oferta de mi señoría. Con tal de que me pague algo más que en Periodista digital, estoy a las órdenes del Ejecutivo. Aunque sea de negro. Y vuesarcedes completamente seguros de mi eficacia como excelente comunicador. ¿O no?
4-04-2012.
