(o “Si te pones malo, ¡malo! Te dan el palo” o “Versus más te rascas, más te pica”).
Mi señoría ya no sabe si reir, llorar o gemir, en el sentido de “expresar naturalmente, con sonido y voz lastimera, la pena y el dolor” (el DRAE dicit), porque sería un dolor añadido. Y si para paliar el primer dolor, el que le hace a uno ir a la farmacia, ha de soportar otro sufrimiento sobrevenido como es el de rascarse el bolsillo, no se sabe qué será peor, si el hambre o las ganas de comer. En lenguaje médico se diría que es un (o una, no se sabe) algia generada por los efectos secundarios del primer dolor fisiológico, es decir, que un fallo doloroso del organismo ha provocado una segunda dolencia, ésta de carácter económico, que puede dar lugar a toda una secuencia de enfermedades carenciales que, en casos graves hay veces que llega a generar un síndrome letal, con todas las características de un “rigor mortis” que, en ocasiones, hace cascar al paciente, dicho sea lo de cascar en su cuarta acepción del DRAE, que es morir, siendo de éste (morir), la primera acepción, que va y dice: “morir (del lat. vulg. morire, lat. mori). 1. intr. Llegar al término de la vida. U. t. c. prnl.”. Hasta aquí, el galeno ilustrado.
En román paladino es que al dolor que tengan vuesarcedes han de añadir el de rascarse el bolsillo, y teniendo en cuenta que “versus más te rascas, más te pica…»
Y fíjense de lo que acaban de informar a mi señoría. Fuente: la CAM. Le han venido a decir a uno: «Mire, si su señoría es un pensionista que gana más de 18.000 € y hasta 100.000 al mes, cuando vaya a la farmacia con una receta de un producto que vale 247,35 €, le tiene que dar al farmacéutico el 10% de su precio, es decir, 24,75 €. Pero como resulta que el tope máximo de lo que su señoría tiene que pagar es de 18 €, y el boticario cobrado le ha 24,75, hay que devolverle 24,75 – 18.00 = 6,75 € que son a favor de su señoría. Pero esos 6,75 € ¿quién se los tiene que devolver? ¡Ah…! Está por decidir. Llame dentro de unos días, y le informaremos. (¡Tiene gónadas masculinas, por no decir cojones el asunto, ¿eh?!).
Este es el statu quo de «la cosa». Y ¿qué es lo más fácil? Que el farmacéutico te cobre tu tope de 18 € y aquí “peace” (léase “pis”) y después gloria (léase “gloria” porque es palabra española y, salvo en Cataluña, que infringiendo la normativa legal con lo de la inmersión lingüística podía ser distinto, pues no: gloria también).
Claro que eso sería lo fácil, pero como una de las muchas virtudes de los políticos es complicar las cosas para luego, en muchos casos NO resolverlas, ya se habla de que la devolución de los 6,75 € podría realizarla la Seguridad Social en un plazo no superior a los seis meses, cuando le abonen a mi señoría, la pensión.
Pega primera: la burocracia que eso llevaría consigo. (Claro que, ¡será por funcionarios…!).
Pega segunda: el coste añadido del envío de los “excesos”, de la farmacia a la Seguridad Social y de ésta a los pensionistas. (¡Otra de gambas…!).
¿Porque no se plantearán los políticos en el poder y los políticos en la oposición lo de financiarse con el dinero de los “excesos” de los pobres pensionistas durante los meses que tarden en devolvérselos a sus dueños? Eso sería el colmo. Es decir: encima de cornudos, apaleados. ¿O no?
5-07-2012.
