Reedición. Esta parleta se publicó en septiembre del pasado año, con motivo de la huelga de enseñanza de la Comunidad de Madrid. Y como para mañana hay anunciada otra huelga, en la que según se ha dicho intervendrán hasta padres de los alumnos (¡qué paradojas tiene la vida…!), a mi señoría le ha parecido oportuno reeditar estas reflexiones por si algunos de vuesarcedes estuvieran o estuviesen interesados en saber de qué va la cosa, aunque siempre mutatis mutandi. Decía, mi señoría, con el mismo frontispicio de hoy, al cual han de conectar con el subtítulo siguiente:
(o “…,¡yo qué sé!”).
Mi señoría, de esto de enseñanza debería saber bastante, que no en vano se ha pasado uno no sólo los mejores sino también los peores años de su vida activa metido en la docencia, que no en la decencia. Por eso tenía que saber bastante, pero la realidad es que el amigo Sócrates, griego él y maestro de Platón, condensó el saber humano en esa frase paradigmática y universal de “sólo sé que no sé nada”. Hay quien la amplía o adecúa a la inteligencias de algunos indigentes intelectuales como esos que hay entre vuesarcedes, y queda así: “Sólo sé que no sé nada y, al saber que no sé nada, algo sé; porque sé que no sé nada”. Y si le hacemos caso a Newton, don Isaac: “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”. Otro aserto en la misma línea es aquel de Einstein, don Albert: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos”.
Actualmente, la jornada laboral completa de los profesores de Instituto, según nos dicen, es de 37, 5 horas/semana. De ellas, en la Comunidad de Madrid se han venido dando 18 horas lectivas/semana, y las 19,5 restantes teóricamente se “debían” dedicar: hasta las 30, a permanecer en el Instituto, atendiendo tutorías, recibiendo padres, etc.; y el resto de la jornada citada, es decir, 7,5 fuera del centro, preparando clases, corrigiendo ejercicios, etc.
Eso, en teoría. En la práctica, uno se malicia que en algunos (o tal vez en muchos, en función de que haya habido más o menos control) centros de la Comunidad se habrán venido dando las 18 lectivas y… paren vuesarcedes de contar. Y las consecuencias reales, si se pasa de 18 a 20 horas lectivas semanales es, en efecto, cómo computarán los del 15 M, los liberados sindicales y algún profesor que considere, como el todavía Presidente del Gobierno del Reino de España , en el que, de vez en cuando se queman banderas y fotos del Rey impunemente; algún profesor que considere, repito, itero o reitero, como el todavía Presidente del Gobierno del Reino de España, señor Rodríguez, que a su vez también sigue siendo todavía Presidente del Consejo de Ministras y Ministros, ambos inclusive; que considere –a las tres va la vencida– que “el mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca, y mirando al cielo”. ¿Está claro? ¿Lo entiende hasta el más indigente intelectual de vuesarcedes? ¡Vale!
Y ahora como, basta que mi señoría no haya estudiado todavía en Harvard para que sea tan aficionado al Método del caso (MdC), les copio uno que ya publiqué, en este mismo blog, hace 3 años (3-9-2008), en una de mis parletas que llamé “Así ayuda la enseñanza pública a la privada”. Si gustan, pueden ´pinchar´ y leerla en su versión original. Mi señoría, sin embargo, se la va a transcribir cambiando las cifras, es decir, “mutatis mutandis” que decimos los que añoramos una inmersión lingüística en latín.
“ … la tesis de cualquier persona sensata, como mi señoría (no, no se rían vuesarcedes, ¡coño!) es que si la distribución del alumnado, en el nivel de referencia es que, por ejemplo, el 80 % pertenecen a la pública, el 12 a la “concertada” y el 8 restante a la privada, los chavales de este 8 % no le están costando nada al Fisco, de tal forma que la parte del presupuesto que le correspondiera, en un reparto igualitario, a estos alumnos, incrementa, en la cuantía que sea, lo que se le asignaría a ellos, si la tarta se distribuyera, a partes iguales, entre la totalidad de los escolares. Ergo…”.
Pero ahora, además, añade uno que si al 12 % del alumnado que está en la “concertada” se le da la mitad de lo que costaría la enseñanza de ese colectivo si se la proporcionara la Comunidad, más ayuda todavía.
¿Por qué hay gente que protesta tanto de la enseñanza privada si, en muchas ocasiones, la prefiere? ¿Los sindicatos, por reducir el número de liberados? ¡Ah…! Recuerden lo que decía el señor Benavente, don Jacinto, Premio Nobel él: “A veces un gran amor no sabe manifestarse sino con apariencias de odio”.
¿Quedó claro, entonces, que si no existiera la enseñanza “concertada” y la “privada”, y la Comunidad tuviera que atender también a sus alumnos, se tendría que gastar más pasta? ¿O no?
P. d. Obsequio de este martes: otras dos greguerías de don Ramón Gómez de la Serna. “Hanlas” a continuación:
“Sabio: tiene sobre su mesa, en vez de cigarrillos, una caja de barras de tiza”.
“Frente al yo y al superyó está el …¡yo qué sé!”
20-09-2011.
