ENCLAVES INALCANZABLES

Las islas de España ‘prohibidas’ al público en las que nunca podrás desembarcar

Seis islotes españoles vetados por motivos de soberanía, cuestiones militares o razones ecológicas impiden el acceso a curiosos y turistas, desde zonas fronterizas hasta reservas naturales

Las islas Chafarinas
Las islas Chafarinas. PD

Visualiza un mapa de España salpicado con puntos rojos: esos islotes diminutos donde ni siquiera el turista más curioso puede poner un pie. No se trata de anhelos de ricos, sino de razones de peso que van desde la protección ecológica hasta secretos militares o acuerdos diplomáticos que convierten estos lugares en auténticos tabúes geográficos.

Desde el Mediterráneo hasta Galicia, estas joyas inalcanzables despiertan la avidez de cualquier amante de la aventura.

El Bidasoa fluye apacible entre Irún y Hendaya, pero en su cauce se oculta un secreto compartido: la Isla de los Faisanes.

Este pequeño territorio, que apenas mide 200 metros de largo por 40 de ancho, cambia de soberanía cada seis meses, alternando entre España y Francia desde que se firmó el Tratado de los Pirineos en 1659. En este lugar histórico, se reunieron Luis XIV y Felipe IV para sellar la paz y concertar matrimonios entre sus herederos.

Actualmente, desprovista de habitantes o edificaciones, solo la Armada Española y la Marine Nationale francesa vigilan su acceso en turnos semestrales. No hay rastro del público; ni una fotografía está permitida en esta cápsula diplomática que ondea dos banderas al año.

Pasamos del río al mar abierto. En la ría de Vigo, la Isla de Toralla (10,6 hectáreas) se presenta como un oasis privado conectado por un puente de 400 metros a la playa de O Vao.

Con más de 30 chalets lujosos y una torre que alcanza las 21 plantas, restringe su acceso a residentes e invitados. Los ecologistas la califican como «usurpada» por incumplir la Ley de Costas, que demanda servidumbres públicas para el tránsito. Recientes protestas han clamado por su «reconquista», pero una garita con barrera impide el paso a quienes no están autorizados. ¿Lo irónico? Solo una parte lateral es accesible para todos, mientras que el interior permanece reservado.

En dirección al Atlántico, el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia alberga tesoros como las Islas Cíes, Ons y Sálvora. La legislación vigente desde 2002 prohíbe los desembarcos libres: hay cupos diarios estrictos y navegación limitada a actividades pesqueras artesanales y gestión ambiental.

No se permiten vertidos, construcciones ni extracciones. Estas islas, con sus 2.658 hectáreas marítimas en Vigo y 2.171 en Pontevedra, son refugio para especies endémicas y aves en áreas especialmente protegidas. Islotes como los de Biduidos o Cortegada (en Arousa) también caen bajo este veto: cualquier alteración del entorno natural o fondeo sin autorización puede acarrear multas severas. Un auténtico paraíso que se resguarda celosamente.

En Canarias, el Parque Rural de Anaga en Tenerife custodia islotes y roques dentro de reservas naturales integrales como son Ijuana, El Pijaral y los famosos Roques de Anaga. Playas como la de Antequera requieren horas caminando o tomando un barco para acceder; no hay carreteras que faciliten el paso.

Este lugar ostenta un récord europeo en endemismos por kilómetro cuadrado y fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2015. Sebadales y ZEPAs limitan también los accesos para proteger tanto a las fanerógamas marinas como a las aves locales. Antaño, piratas surcaban sus costas; hoy solo senderos homologados como el PR-TF 6 permiten vislumbrar estos lugares, pero desembarcar en islotes vírgenes es pura ilusión.

No faltan búnkeres militares en el ámbito del Mediterráneo. Islotes como los del archipiélago Columbretes (Castellón) o las Islas Chafarinas (frente a Melilla) están bajo control del Ministerio de Defensa. Se necesitan permisos especiales debido a su vigilancia estratégica; el público no tiene acceso alguno. La ecología y la soberanía van íntimamente ligadas aquí: en las Chafarinas, aves marinas anidan sin ser molestadas, mientras búnkeres abandonados cuentan historias susurradas sobre la Guerra Fría.

Estas islas no son meros trofeos costosos; son baluartes que defienden tanto nuestra soberanía como nuestro entorno natural. ¿Por qué no soñar con un ferry diplomático? Las reglas son estrictas, pero disfrutar del paisaje desde lejos bien vale la pena.

Anecdotas y curiosidades que te dejarán con la boca abierta

  • En la Isla de los Faisanes, el relevo semestral implica firma de documentos y un café institucional entre los representantes españoles y franceses. ¡Imagina al guardia galo entregando las llaves al español justo en medio del río!
  • Toralla fue urbanizada durante los años sesenta bajo Franco; hoy cuenta con menos de 170 residentes que presumen tener piscinas dentro del espacio público permitido por ley. Los ecologistas han comenzado a llamarla «la marquesa gallega».
  • Las Cíes limitan su aforo a 2.200 visitantes diarios durante el verano; si ese día ya se ha alcanzado el límite, toca regresar sin playa incluida en la agenda. ¡Una lotería natural!
  • Anaga fue refugio para piratas en barrancos como San Andrés; actualmente sus playas nudistas como Las Gaviotas atraen a surfistas, pero los roques cercanos permanecen intocables.
  • Las Chafarinas han visto intentos marroquíes por ocuparlas durante los años sesenta; ahora sus conejos y gaviotas pasean libres.
  • Columbretes, volcánicas y remotas, alimentan leyendas sobre tesoros fenicios ocultos; solo se puede acceder mediante catamarán autorizado, acompañado por geólogos aficionados.

¡Saca tu mapa y sueña con lo prohibido!

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