
(PD).- Pese a que la palabra trasvase se ha convertido en una especie de tabú para el Gobierno socialista y parte de la población aragonesa, la opinión pública desconoce que en la actualidad, y desde hace años, se transfiere un importante volumen de agua a otras cuencas desde ocho puntos distintos, aunque en algunos casos de forma reversible.
Explica Manuel Trillo en ABC que, gracias a estas obras se satisfacen las necesidades de abastecimiento de las principales concentraciones urbanas de Cantabria y el País Vasco -es decir, de la España verde-, así como Tarragona e, incluso, Francia.
La propia Confederación Hidrográfica del Ebro recoge en su página web la existencia de estos trasvases entre la información básica de la cuenca.
La cuestión no es baladí, puesto que, tras la última reforma del Estatuto aragonés, las autoridades políticas de la Comunidad tienen el mandato expreso de tratar de evitar «transferencias de aguas de las cuencas hidrográficas de las que forma parte la Comunidad Autónoma que afecten a intereses de sostenibilidad, atendiendo a los derechos de las generaciones presentes y futuras», para cumplir con lo cual «la Comunidad Autónoma emitirá un informe preceptivo para cualquier propuesta de obra hidráulica o de transferencia de aguas que afecte a su territorio».
De hecho, el Gobierno aragonés ha sacado a relucir estos preceptos para mostrar su oposición a la captación de aguas planteada desde Cataluña en el Segre, si bien el tono empleado no ha sido como el que se enfrentó al trasvase del Ebro a Levante.
Las conexiones, una a una
En concreto, hay cinco trasvases de aguas de la cuenca del Ebro a la cornisa cantábrica. Dos de ellos suministran agua a las principales poblaciones de Cantabria -Santander y Torrelavega-, dos al Gran Bilbao y otro tiene uso industrial.
El trasvase Ebro-Besaya comunica desde 1982 el embalse del Ebro con las cuencas del Saja-Besaya y sirve para mejorar el abastecimiento urbano e industrial en la comarca de Torrelavega. Asimismo, un trasvase del Alto de Tornos, en la cabecera del Cerneja (Nela), abastece poblaciones de la cuenca del Norte en Santander.
Los habitantes de Bilbao y su entorno cuentan también desde 1961 con aguas del río Cerneja, que vierte parte de su caudal al embalse de Ordunte, así como del Zadorra, que gracias a la turbinación del salto de Barazar y a través del Arratia llegan a la cuenca del Norte.
A ellos se suma en Guipúzcoa el trasvase Alzania-Oria, en la cabecera del primero (afluente del Araquil). Aunque de escasa entidad, funciona desde 1927 y sirve para producir energía, si bien también se emplea con fines industriales y en la actualidad hay concesiones de abastecimiento.
El único caso que afecta al país vecino es el trasvase Carol-Ariége, situado íntegramente en territorio francés y que aprovecha hidroeléctricamente los caudales regulados en el Lago Lanós. Los caudales trasvasados desaguan a la cuenca del Ariége y se devuelven cada año a menor cota.
Los dos trasvases que afectan a Tarragona son el Ciurana-Riudecañas, con fines agrícolas y urbanos en la comarca de Reus, y el Ebro-Campo de Tarragona. Éste es el más reciente, de 1997, y junto con el de Besaya el único que toma sus aguas directamente del río principal de la cuenca. Suministra en torno a 55 hectómetros cúbicos para abastecimiento urbano e industrial en el entorno de la capital tarraconense.
Además, también la cuenca del Ebro recibe aguas de otra cuenca, la del Duero. Se trata de una obra que permite el suministro de la ciudad soriana de Ólvega desde el Araviana y en este caso no es reversible.
Desde tiempos de los romanos
A estas conexiones entre cuencas distintas cabría añadir los numerosos trasvases internos entre subcuencas. Algunos de ellos, como destaca la Confederación, son antiguos, como el Flumen-Isuela, anterior a 1700. De hecho, la política de trasvases es casi tan antigua como la civilización occidental, ya que hay vestigios de un trasvase en tiempos de los romanos entre las cabeceras de los ríos Guadalaviar y Jiloca.