Restaura en solitario el monasterio de Santa María la Real

Mariano García, media vida dedicado a salvar la joya perdida del Císter

Comunidad de Madrid y Fomento se vuelcan ahora en su obra con 1,9 millones

Mariano García, media vida dedicado a salvar la joya perdida del Císter
Mariano García, arquitecto de Valdeiglesias

Hay románico cisterciense, románico mudéjar, gótico, plateresco, renacimiento y barroco. Recoge la historia de la arquitectura del siglo XII al XVIII

«Setenta kilómetros de Madrid, vendo ruinas magnífico monasterio. Precio total, doce millones». Mariano García Benito, arquitecto, vio el anuncio publicado en las páginas de ABC en febrero de 1974. Le sorprendió tanto que decidió echar un vistazo. «Lo que vi me dejó impresionado»: se encontró con un monasterio bellísimo, el de Santa María la Real de Valdeiglesias, comparable en prestancia y valor artístico a los de El Escorial y El Paular. El tercer monasterio de Madrid, un completo desconocido a apenas 70 kilómetros de la capital, en Pelayos de la Presa. Tanto le gustó, que lo compró. Y empezó una carrera contra el tiempo para salvar las ruinas. Lo cuentan S. Medialdea y M. Oliver en Abc.

Su aventura está a punto de coronar los cuarenta años. Después de tanto esfuerzo en solitario, por fin ha recibido una noticia que ya no esperaba: el Estado y la Comunidad destinarán 1,9 millones de euros para recuperar el complejo. Ahora, Mariano echa la vista atrás y asegura que todos aquellos desvelos iniciales han merecido la pena. «Aquello no tenía ninguna protección ni de leyes ni de ordenanzas municipales. De hecho, estaba previsto levantar en su entorno una urbanización de chalets, algunos de los cuales lindaban con la misma fachada este del Monasterio», explica el arquitecto.

El Monasterio había sido fundado en 1150, por privilegio de Alfonso VII, que permitía así a los monjes benedictinos agrupar los doce eremitorios de este «valle de las iglesias». Desde 1177, el monasterio fue incorporado a la Orden del Císter, bajo los auspicios de Alfonso VIII, nieto del fundador.

Desde que vio el anuncio hasta que Mariano García Benito se hizo con la propiedad de la parcela, no pasaron ni seis semanas. Desde entonces, ha dedicado media vida a resucitar esta joya arquitectónica. «Cuando lo vi, pensé que tenía delante más de ochocientos años de historia y arte de España».

Víctima de la desamortización de Mendizábal de 1835, su estado era deplorable: había sido abandonado por sus nuevos propietarios, «tenía cornisas arrancadas, pavimentos levantados, sillares extraídos, imágenes de piedra arrancadas de sus hornacinas, la puerta de acceso al recinto monacal desmontada y trasladada…». Por si fuera poco, era expoliado por decenas de camiones que lo usaban como cantera de piedra labrada.

Nada más hacerse con la propiedad, empezó el trabajo más duro: conseguir la recuperación de aquella joya. Primero, eliminó la amenaza de la urbanización que se cernía sobre el conjunto. «En el pueblo, creían que yo también iba allí a tirarlo todo y construir; se sorprendieron mucho cuando lo primero que hice fue conseguir que en las primeras normas subsidiarias de Pelayos se declarara toda la propiedad monacal como privada, permitiendo sólo la recuperación del monumento».
Primera protección

Era la primera protección que logró para el Monasterio. Más adelante, tras reparar el cerramiento y limpiarlo -«con mis amigos de la tertulia del pintor Luis Garrido, que ayudaron todos»-, inició la restauración de la torre campanario renacentista, en la que posteriormente decidió vivir durante algunos años.

En 1983, un Real Decreto lo declara Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional, siendo ministro de Cultura Javier Solana. El 2 de diciembre de 2003, el arquitecto dona el Monasterio, de forma gratuita al Ayuntamiento de Pelayos, a condición de que se creara una Fundación para conseguir su total recuperación.

Y el 1 de diciembre, la Comunidad aprueba las obras de consolidación de la iglesia y las bóvedas del claustro. «Es muy importante; mientras yo estaba allí, se han caído varias bóvedas».

De la riqueza del edificio dan idea los distintos estilos arquitectónicos que conviven y se superponen en él: «Parte del Monasterio, una vez recuperado, se podría convertir en un museo: hay románico cisterciense, románico mudéjar, gótico, plateresco, renacimiento y barroco. Recoge la historia de la arquitectura del siglo XII al XVIII». En definitiva, un tesoro que hasta ahora vivía en el olvido.

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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