En ellos Cristo mismo se hace presente. Así repetiremos en nuestras vidas el misterio de Belén
(Martín Gelabert).- Cuando San Francisco de Asís hizo el primer belén de la historia, en el año 1223, no puso ninguna estatuilla para representar al niño Jesús recién nacido, sino que puso un niño bien vivo para que, con su mirada encantadora e inocente, representase al Mesías, al Hijo de Dios, hecho uno de nosotros. Lo mismo hizo con los animales: puso un buey y una mula auténticos que presidieron la Misa de Media Noche.
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