Respuesta a los curas independentistas

¿Hay realmente verdad en el procés?

"Ser independentista no es 'pecado', pero... ¿y la mentira?"

¿Hay realmente verdad en el procés?

¿Por qué os empeñáis en destruir una Cataluña querida y admirada en aquellos años para sustituirla por la animadversión a una quimera sin futuro en la dinámica mundial?

(Rafael Esteve Secall).- He leído con suma atención su carta abierta del 3 de diciembre dirigida a los católicos españoles bajo el título «Por el respeto y la concordia».

Coincidiendo con los fines de la misma me permito, como católico español comprometido con mis creencias y con lejanos antecedentes catalanes, interpelarles anteponiendo como frontispicio a su carta algo anterior al deseo que manifiestan dado que, -entiendo- hay un requisito previo y fundamental al citado título: «la verdad». Porque sin verdad no puede haber respeto y sin éste la concordia es imposible. Si permanecéis en mi palabra, seréis discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. J 8, 31-32.

¿Hay realmente verdad en el procés? Porque si está plagado de mentiras, por mucho que los sentimientos sean plenamente respetables, el procés, -cuanto menos- es moralmente rechazable. Perdónenme, pues, que les diga que el contenido de su carta abierta desdice plenamente su título. Me limitaré a comentar algunos aspectos de la misma.

Me dirijo a Vds. en primer lugar como independentistas.

De entrada hay algo que parece no entender el independentismo catalán: la inmensa mayoría de los españoles amamos a España, pero también a Cataluña que consideramos parte de nuestra patria y, por tanto, objeto también de nuestro amor que no es disociable en parcelas excluyentes; ni mucho menos pretendemos confrontar a España con Cataluña como inversamente hacen Vds. en su carta abierta.

Toda España y todas sus regiones y nacionalidades son de todos los españoles. No tienen Vds. derecho a apropiarse en exclusiva de Cataluña, ni de los sentimientos de los catalanes no independentistas, ni de los del resto de los españoles. Unos sentimientos que, desde finales de los sesenta del pasado siglo y hasta bien entrada la democracia, los que éramos jóvenes entonces expresábamos cantando en catalán las canciones de los cantautores catalanes -también de Lluís Llach- con las que aprendimos bastante esa preciosa lengua en los discos con la edición bilingüe de sus letras, o de los poemas de Espriu…

¿Por qué nos queréis robar los recuerdos de la lucha por la libertad de nuestra juventud contra el verdadero franquismo? ¿Por qué os empeñáis en destruir una Cataluña querida y admirada en aquellos años para sustituirla por la animadversión a una quimera sin futuro en la dinámica mundial?

Luego se basan Vds. en un lamentable escrito de los obispos de Cataluña de 1985, que no conocía y me deja perplejo. Dijeron ellos entonces, y Vds. asumen, que hablaban como obispos encarnados en el pueblo de Cataluña. Y yo les pregunto: Si Vds. afirman que dos millones de catalanes han avalado el procés, ¿qué ocurre con los otros cinco millones y medio de personas que residen también en Cataluña? ¿No forman parte también de ella, es decir no las consideran Vds. pueblo? En tanto que sacerdotes ¿son ustedes pastores solamente de un rebaño minoritario y segregador? ¿No merecen esas personas que Vds. se encarnen también en esa parte del pueblo de Cataluña?

Otra afirmación -que me parece gravísima- consiste en su alusión a que la Constitución del 78 no respeta la dignidad de la persona humana ni sus derechos fundamentales. Afirmación calumniosa impropia de personas letradas como Vds; difamación con la que pretenden enmascarar un deliberado «trilerismo» político para hacer creer que el inexistente derecho a catalán a la autodeterminación (secesión, desconexión, libre elección, a decidir, o como quieran llamarlo) forma parte de los derechos fundamentales de la persona. Una cosa son estos últimos y otra muy distinta el derecho internacional público aplicable a la descolonización de los pueblos. Algo que ningún organismo internacional reconoce pueda esgrimir Cataluña.

Si tan amantes de la historia de Cataluña se proclaman, ¿por qué se olvidan de la historia más reciente en que los catalanes aprobaron la Constitución del 78 incluso con un porcentaje de votos afirmativos superior al del resto de España? Es decir conceden Vds. más veracidad a la quimera inventado sobre hechos ocurridos hace siglos que a la historia real que hemos vivido hace una generación. ¿Podrían explicar esa contradicción?

Utilizan Vds. también la doctrina social de la Iglesia para tratar de justificar un inexistente «derecho a la secesión», en una interpretación bastante discutible de aquélla. Pero lo realmente grave es vincular esa doctrina social con la reivindicación de derechos y valores culturales de las minorías étnicas dentro de un Estado. Unas referencias que me parecen un insulto a la inteligencia y al resto de los españoles.

Aplicar el concepto de minorías étnicas a Cataluña diciendo, además, que es perseguida, destruida y asimilada a la cultura mayoritaria es una falsa afirmación sobradamente demostrada por la ciencia y la realidad estadística, impropia de unos pastores de la iglesia católica.

Salvo los doscientos mil marroquíes, y algunos grupos muy inferiores en número, como gitanos, rumanos, chinos, etc, ¿qué otras minorías étnicas existen en Cataluña? ¿Me pueden Vds. señalar cuáles son esos derechos y valores culturales conculcados por la cultura mayoritaria española? Cuando se hacen acusaciones de ese calibre no basta con generalizar -digan exactamente en qué consisten- porque, se trata de una mentira más de los partidarios del procés que Vds. comparten.

Por otro lado, ¿a qué cultura mayoritaria se refieren? Porque en España no existe eso que Vds. llaman una «cultura mayoritaria», afortunadamente. España es un mosaico de culturas de una riqueza excepcional y tan relevante como por ejemplo la gallega con una lengua propia tan valiosa como la catalana; o la andaluza tan manipulada por todos, (es más yo diría que andaluzas en plural); o como las castellana, manchega, valenciana, canaria, etc.; comunidades autónomas cuyas manifestaciones culturales de índole folklórico, musical o gastronómico e incluso lingüístico por citar algunas, presentan enormes diferencias.

Luego no hay nada de excepcional en la cultura catalana -salvo la lengua y algunas normas jurídicas- diferente a otras partes de España que, a su vez, son muy diferentes entre sí. Existe una lengua española universal con la que conviven las lenguas catalana, gallega, vasca y variados dialectos del español; pero en modo alguno una cultura española avasalladora. Si acaso la riquísima diversidad de las culturas que conviven en armonía desde hace siglos y la catolicidad sean las características más relevantes de eso que se llama cultura española. Nada pues que ver con el victimismo catalán que, en esta materia como en otras, utilizan como herramienta manipuladora de conciencias.

Hay pues en el discurso independentista una deliberada e interesada confusión entre cultura y lengua. Como deliberada confusión es la que manejan en el concepto de democracia que Vd. limitan al voto, prescindiendo de la existencia de la ley como fuente precisamente de ese voto. Sin ley que permita la convivencia de una sociedad no existe democracia alguna. Es una condición previa de la que Vds. reniegan.

Y cuando se vulnera deliberada y conscientemente la ley, se presiona o se impide que el poder judicial cumpla con su función y, además, se utilizan conceptos étnicos para defender esa actitud, créanme, que eso huele a nazismo.

Pero al margen de estas cuestiones fundamentales, lo que resulta moralmente inaceptable es que: a) no haya habido en Cataluña un mínimo debate sobre la verdadera historia de Cataluña y de España, sustituido desde hace décadas por una propaganda tergiversadora y mentirosa; b) la exposición y valoración sobre los efectos y las consecuencias de una decisión del calibre de una independencia ha brillado y sigue brillando por su ausencia -salvo el postrer esfuerzo de Borrell,- sustituida desde hace décadas por simple propaganda basada en mentiras históricas y en «cuentos de la lechera»; y c) se hayan «acallado» por muchos medios, que Vds. conocen mejor que yo, a quienes discrepaban de la deriva secesionista.

La respuesta lógica a la ¿ingenuidad? del independentismo ha sido la huida empresarial, la salida de miles de millones de euros de cuentas corrientes personales, la pérdida del prestigio de Cataluña en el mundo -también, pero menos, de España-, la constatación de la carencia de reconocimiento internacional alguno, etc. Dos meses han bastado para enfrentar al independentismo con la dura realidad de su quimera, su irresponsabilidad y sus falsedades.

Por otro lado, consideran Vds. desacertados e injustos los encarcelamientos preventivos de quienes han violado gravemente las leyes, incluídas las propias normas catalanas. Yo les admito que puedan considerarse desacertados. Pero… ¿injustos? ¿Significa que Vds. avalan las acciones delictivas que todos hemos visto y que, en su día, los tribunales juzgarán? ¿Incluida la malversación de fondos públicos que son de todos los españoles y no solo de los catalanes?

Y sigo preguntando: ¿cuándo el número de personas es criterio para juzgar delictiva o no una determinada acción de vulneración de unas leyes justas que nos dimos y aprobamos entre todos? ¿Se convierten Vds. en jueces del César? Si el poder judicial español, que es independiente aunque el independentismo no quiera admitirlo, no puede adoptar las decisiones que estime oportunas en defensa de la legalidad, ¿qué futuro de convivencia nos espera?

Entendería que Vds. pidieran clemencia o misericordia en el futuro para quienes sean condenados por los tribunales. Pero eso es una cosa y otra muy distinta solicitar la impunidad de los gravísimos delitos cometidos por autoridades y otras personas. Además … ¿por amor a la justicia? De verdad, me dejan alucinando.

Permítanme que ahora me dirija a Vds. estrictamente en cuanto sacerdotes católicos.

Perdonen que sea tan duro en mis comentarios pero si, según dicen Vds., dos millones de catalanes están por la independencia, eso significa que el resto de los residentes en Cataluña no están por ella. Y entre estos últimos posiblemente otros dos millones claramente en contra de la separación de España.

¿No creen que antes de hablar de convivencia respetuosa entre Cataluña y España tendrían que conseguir soldar la enorme fractura social que el independentismo ha creado entre los propios catalanes, incluso en el seno de las familias? ¿No tienen Vds. remordimientos por el daño social al que han contribuido? ¿No creen Vds. que éste es el problema prioritario que como responsables del rebaño católico catalán deberían abordar? Porque si, previamente, no hay un «encuentro» fraterno entre los catalanes, cómo lo va a haber con el resto de España. Tienen Vds. una enorme responsabilidad y una inmensa tarea por delante.

Celebro que «lamenten» lo que ha contribuido a alimentar la tensión y la agresividad, aunque las expresiones de su carta abierta se compadecen mal con ella. Sin embargo, hay hechos y actuaciones religiosas que nos han herido a los católicos españoles en lo más profundo de nuestras convicciones cristianas, sobre lo que no hemos conocido el menor reproche, la más mínima petición de perdón o muestra de arrepentimiento de su parte, imprescindible -pienso- para mantener la credibilidad apostólica de iglesia de Cataluña de la que Vds. forman parte. Me refiero a las imágenes del recuento de votos del 1-O en una celebración eucarística. Y yo me pregunto y les interpelo:

¿Qué diría Jesús ante esas imágenes donde se contaban las monedas del César -los votos del 1 de octubre- en la casa de su Padre, al pie del altar y en plena celebración eucarística? ¿No los habría echado del templo con un azote de cordeles? «Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de bandidos» Mt. 21,13; Lc. 19, 46. ¿No habrán Vds. confundido las caras de las monedas poniendo a Dios al servicio del César, como hicieron las autoridades religiosas judías, que condenaron a Jesús a la cruz? ¿En qué parte del Evangelio encontramos a un Jesús «nacionalista» dirigiendo a sus seguidores contra las vendidas autoridades religiosas de su tiempo o contra los romanos?

Ni Jesús fue el Mesías guerrero que el pueblo judío esperaba, ni creó fronteras, ni dividió al pueblo de sus dirigentes, ni marginó a los samaritanos proclamando la supremacía de los judíos, ni estimuló el desprecio por los galileos, ni…. ¿Es el Hijo de Dios que se encarnó hace dos mil años el que Vds. predican? De verdad siento decirlo, pero el Jesús en el que yo creo no aparece por ningún lado de su carta.

Evidentemente comparto plenamente la necesidad de escucharnos y de buscar sinceramente el bien de todos, más allá de nuestros sentimientos patrióticos. Ojalá las bienaventuranzas del hambre y sed de justicia y del trabajo por la paz dominasen el corazón de todos, como bien dicen.

Pero cuando todo el procés se ha articulado en torno a la mentira, la falsificación y tergiversación de la historia y la manipulación de las conciencias, ni caben equidistancias ni, mucho menos, el apoyo a unas posiciones políticas con tales fundamentos. Por lo visto, para Vds. el fin justifica los medios, aunque esos medios vulneren gravemente los principios morales del cristianismo.

Ser independentista no es «pecado», ha escrito recientemente un benedictino. Evidentemente; pero… ¿y la mentira? ¿Y el falseamiento de la historia para engañar la buena fe de las personas? ¿Y saltarse la ley y las normas -incluidas las específicamente catalanas- que nos hemos dado democráticamente todos los españoles, incluidos los catalanes? ¿Y la manipulación fraudulenta de las imágenes en televisión? ¿Y la interpretación sesgada y torticera de las palabras de los papas? ¿Y el creerse superiores y actuar como tales respecto de los no independentistas?

Ese mismo benedictino también ha evocado para Cataluña el ejemplo de Serbia cuyos dirigentes nacionalistas desencadenaron hace 30 años la espantosa guerra de los Balcanes provocando el desastre humanitario y el desencadenamiento de las xenofobias mutuas y consiguientes limpiezas étnicas; crímenes que están siendo juzgados y sentenciados por el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Sin comentarios.

Si Vds., como parte de los pastores que tienen la sagrada misión de cuidar el rebaño de las ovejas catalanas, piensan y actúan como se manifiestan en esta carta abierta me temo que el problema catalán excede con mucho el mero problema político y trasciende al propio catolicismo de esa tierra.

Fraternalmente.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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