EL HOMBRE Y LA FE

España: Aconfesionalidad señores del PSOE, pero también respeto esta Semana Santa

España: Aconfesionalidad señores del PSOE, pero también respeto esta Semana Santa
La Legión, Cristo y la Semana Santa EP

Aunque algunas hermandades comenzaron a hacer estación de penitencia el pasado Viernes de Dolores, es la jornada de este 14 de abril de 2019, Domingo de Ramos, la que marca el comienzo de una Semana Santa que a través de sus pasos procesionales proyecta un sentimiento religioso que el resto del año no suele trascender el umbral de la intimidad (La mitad de los jóvenes españoles confiesa no creer en Dios y en España ya sólo el 20% se casa por la Iglesia).

Es lo que corresponde a una sociedad que ha sabido separar el ámbito público del privado y, siguiendo la máxima del Evangelio de Marcos -«al César lo que es del César»-, vivir la fe dentro la aconfesionalidad de un Estado que, sin embargo, está obligado a reconocer las dimensiones y el calado del hecho religioso que vertebra a los españoles, cimiento de su cultura y civilización (El número de católicos españoles que no va casi nunca a misa ha subido un 22,7% en los últimos 20 años).

Nadie pide a las instituciones públicas que tomen partido, hacia uno u otro lado, para lo bueno o lo malo, en una manifestación que ha de permanecer circunscrita al ámbito más personal, pero sí respeto, al menos el mismo que demuestran hacia credos marginales (El momento exacto del apuñalamiento de un sacerdote durante una misa Radiografía de la hostia española: lo que tragas en misa cuando comulgas).

La fe va por dentro, pero la Iglesia define una forma de vida que en España se aprecia en la educación, la asistencia social o la cultura (Con la Iglesia hemos topado: Los monjes de Montserrat rezan por los golpistas que pasarán ‘su segunda Navidad en la cárcel’).

La aconfesionalidad del Estado ha de considerarse una conquista social, pero nunca la excusa de la ofensiva laicista que suele marcar la gestión de la izquierda cuando llega al poder (Un cura holandés sale del armario en plena misa: «He sufrido mucho por la homofobia en la Iglesia»).

Heredera de la persecución religiosa del siglo pasado, ese ataque -ahora inmaterial, ejecutado desde el CIS a los medios públicos de comunicación, pasando por la escuela, cuando no por normativas del más variado espectro- se basa en la trasnochada identificación del cristiano con el votante conservador y en la confusión de fe e ideología (La Reina Letizia se mete en un convento, se apunta a misa y va de procesión).

Nada hay más liberador y progresista, sin embargo, que el Evangelio (¡Manda huevos!: El Papa Francisco dice que viajará a España ‘cuando haya paz’).

Respetar a los fieles es una obligación, cívica y política, de un Estado que no ha sabido evolucionar al paso de los creyentes.

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