Parecía una noche tranquila en el Spotify Camp Nou, pero terminó siendo un examen de carácter. El Barça, que venía cumpliendo con sus objetivos europeos paso a paso, tuvo que tirar de épica para garantizar su presencia entre los ocho mejores de la Champions tras vencer 4-1 al Copenhague.
El gol inicial del joven Dadason, a los cuatro minutos, cayó como un jarro de agua fría sobre el equipo de Flick, que además había tenido que reinventar su centro del campo ante las bajas de Pedri y De Jong. Con Eric García y Dani Olmo como ejes improvisados, el arranque fue un torbellino danés. Koundé erró en salida, el islandés no perdonó, y el silencio invadió las grados.
A partir de ahí, el Barça se lanzó a una ofensiva constante. Eric García estrelló un balón al larguero, Dani Olmo lo intentó sin suerte y Lewandowski consiguió el empate, pero el guardameta Kotarski se erigía en el muro. Con las protestas de Lamine Yamal y los nervios a flor de piel, el descanso llegó con un inquietante 0-1 y un murmullo de preocupación.
Flick movió el banquillo antes del segundo acto. Entró Marc Bernal y el Barça rompieron el cerrojo con una salida en tromba. En apenas tres minutos, un pase exquisito de Olmo a Lamine terminó en los pies de Lewandowski, que empató con instinto asesino. El alivio fue inmediato, pero la ansiedad no cedía.
El 2-1 llegó con la firma de Lamine Yamal, que, tras un disparo desviado, desató la locura en la grada. El penalti transformado por Raphinha consolidó la remontada y la falta directa de Rashford puso la guinda final. El Barça, pese a los sustos, los goles encajados y los altibajos, cerró la fase de liga europea con la sensación de equipo competitivo y resiliente.
Flick, consciente de que las rondas venideras exigirán todavía más, se permitió celebrar con mesura. El objetivo está cumplido: el Barça ya mira de frente a los grandes de Europa.

