El Real Madrid se desata: 4-1 al Elche, zarpazo a la Liga y fiesta de la cantera

Un ‘zambombazo’ de Güler, a 68 metros de la portería del Elche, pone en pie al Bernabéu

Rüdiger abrió el camino, Fede firmó otro gol de videoteca, Huijsen remató y Arda Güler cerró la noche con un misil desde su campo para dejar a los blancos a un punto del Barça y lanzados hacia City y Atlético

Un 'zambombazo' de Güler, a 68 metros de la portería del Elche, pone en pie al Bernabéu
Arda Güler Agencias

El Bernabéu anocheció tenso y despertó en fiesta, con el Real Madrid volando otra vez con la flecha hacia arriba y la Liga respirándole en la nuca al Barça.

El 4-1 al Elche no fue sólo una goleada cómoda, fue una declaración de intenciones: este equipo llega a la semana grande contra City y Atlético con las piernas justas, pero con el alma encendida.

El cuarto gol, por lo inusitado, es el que dejará huella.

El tiro fue desde su propio campo, ejecutado con una vaselina perfecta con la zurda que entró tras rebotar en el suelo.

La distancia oficial del disparo, según datos de estadísticos como MisterChip y mediciones de LaLiga, fue de 68 metros (algunas fuentes precisan 68,6 metros o cifras muy cercanas como 68-69 m). Esto lo convierte en uno de los goles más lejanos de la historia de LaLiga, igualando récords históricos.

Lo clave de la jugada fue que el portero Matías Dituro estaba adelantado (fuera de su área, posicionado muy adelantado en el campo, probablemente por presionar o por un error de cálculo en los minutos finales).

Arda lo vio rápidamente, levantó la cabeza y decidió intentarlo con un globo magistral que superó al guardameta argentino sin que pudiera reaccionar a tiempo. ¡Esa visión y audacia lo hicieron imparable!

El choque arrancó con un Madrid espeso, pesado de piernas y de cabeza, como si todavía tuviera en la retina la batalla europea.

Elche se atrevió a morder arriba, a defender en campo contrario y a mostrar la valentía de quien se juega la vida sin red, aunque sus llegadas apenas inquietaron a Courtois. Durante media hora, el dominio blanco fue tibio, de posesión sin veneno, con las áreas convertidas en un territorio casi prohibido.

Tuvo que ser, cómo no, Fede Valverde quien agitara la coctelera. En una falta lateral, su cañonazo desde la frontal provocó el rechace de Dituro y, entre piernas franjiverdes, emergió Rüdiger para empalar de volea el 1-0 y desatar el primer rugido de la noche. Gol de central con alma de delantero para premiar un primer tiempo más bien inane del equipo de Arbeloa.

El tanto transformó al Madrid. De la apatía se pasó al colmillo y el Bernabéu olió sangre. Justo antes del descanso, Valverde congeló el tiempo en la frontal, recortó con una pausa de crack, sentó a Chust y colocó la pelota en la escuadra con una rosca seca, tele dirigida al ángulo. Quinta diana en ocho días, uruguayo desatado, todocampista total y falso nueve por necesidad, pero delantero de hecho por inspiración.

Con el 2-0, el partido quedó sentenciado en el marcador, pero no en el guion. Elche regresó del descanso con la orden de subir todavía más la apuesta y lo pagó carísimo: más metros a la espalda, más espacio para correr y más margen para que el Madrid convirtiera la noche en laboratorio de futuro. Brahim tuvo en sus botas el 3-0 tras un error grosero de Chust, se plantó solo ante Dituro y cruzó demasiado alto un disparo que pedía red. Fue el último capricho de un once titular que ya miraba de reojo al Etihad.

Entonces Arbeloa empujó todas las fichas al centro de la mesa. Se marcó un ‘all in’ de manual: seis cambios en cinco minutos, media columna vertebral al banquillo y el Bernabéu convertido en guardería de lujo, con la cantera ocupando líneas enteras del acta. Se marcharon Tchouaméni, Valverde, Vinicius y Rüdiger, y aparecieron Yáñez, Gonzalo, Manuel Ángel, Palacios, Aguado y un Arda Güler llamado a ser protagonista. La Liga estaba en juego, pero también las piernas que deben sostener el órdago europeo.

Con los niños en el césped, el viento aún sopló más fuerte de cara a los ilicitanos. Yáñez clavó su tarjeta de presentación con un centro templado y tenso desde la derecha, de los que piden cabeza más que nombre, y Huijsen, que ya siente más cariño que pitos, atacó el balón casi sin necesidad de saltar para firmar el 3-0. El marcador ya era una losa para un Elche que, desde diciembre, parece atrapado en un bucle de fragilidad que lo arrastra hacia el abismo.

El guion aún reservaba una concesión al equipo de Sarabia: una camavingada en toda regla, un error en la salida que acabó con un balón en el área, asistencia lateral y remate que Manuel Ángel desvió a su propia portería en su intento de despeje. El 3-1 fue un arañazo menor en una noche de sonrisa permanente para el madridismo, una mancha estadística en un partido que ya olía a baño.

Y entonces llegó el gol que cambiará las repeticiones de toda la temporada. Arda Güler recibió en su propio campo, levantó la cabeza, midió la posición adelantada de Dituro y conectó un zurdazo monumental desde más de 60 metros que viajó en parábola perfecta hacia la portería del fondo sur. El Bernabéu se puso de pie como en las grandes noches, el equipo entero corrió a abrazarle, Courtois incluido, y el turco se fue directo al banquillo a fundirse en un abrazo con los cracks reservados y con Arbeloa, el técnico que le ha dado las llaves del talento. El tanto, digno del gol que Pelé nunca llegó a marcar, cerró el 4-1 y la fiesta.​

Al otro lado, el Elche se marchó con la sensación de haber chocando contra un muro cuando por fin el Madrid decidió apretar el acelerador. Valiente en la presión, atrevido en el plan, pero roto por cada fallo atrás, el equipo ilicitano se asoma peligrosamente a la zona de descenso mientras mira de reojo un calendario que ya no perdona. El Bernabéu, en cambio, se fue a casa con la certeza de que este Madrid, plagado de bajas pero lleno de presente y futuro, llega lanzado a una semana de órdago: City, Atlético y una Liga que vuelve a latir muy fuerte.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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