Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Romper viejos moldes

España es un pais de políticos sordos, amén de otras características que más o menos están en la mente de una sonada mayoría. Hace seis meses, en otra de las convocatorias electorales con que el sucedáneo de sistema democrático que vivimos nos obsequió, con listas cerradas llenas de desconocidos, pobladas de impresentables y nutridas de inútiles, cuyas virtudes no suelen ir mas allá del mamoneo constante al capo de cada partido, el llamado pueblo, ese que de forma políticamente correcta se dice que no se equivoca, aunque falle más que una escopeta de feria, dio como resultado el no facilitarle a nadie una mayoría absoluta obligando, a los figuras de poltrona recién estrenada, a entenderse en beneficio del pais y de su gobernabilidad.
Tras unos cuantos meses de espectáculo bochornoso en los que la desmedida ambición de los principales líderes abortó cualquier tipo de entendimiento, finalmente y en aras de su sordera, nos pidieron a todos que volviéramos a opinar sobre el particular. Ayer lo hicimos y el resultado, con matices, volvió a ser el mismo en cuanto a no dejar nada claro, salvo que no estamos dispuestos s volver a repetir lo no entendido.
Hoy he tenido que escuchar como alguien, en un grupo de arregladores del pais, aseguraba haber votado al PP, esta vez, ya que todos roban y al menos estos son ya conocidos (filosofía de “sabio” pueblo soberano…), lo que nos lleva a la evidencia de que desgraciadamente la corrupción no es una linea roja, ni lo ha sido nunca en Andalucía con el PSOE, donde su máxima dirigente, tras toda una vida en el partido, codo con codo con los presuntos dirigentes corruptos, parece no haberse enterado de nada de lo que pasaba cuando ahora lo controla todo, ni lo es en España con el PP, un partido cuyo líder siempre ha ejercido una férrea dictadura interna controlando y dirigiéndolo todo, salvo cuando se trata de la financiación del partido, un asunto del que, según sus propias manifestaciones, lo desconoce todo, de sus tesoreros, de la sede del partido, de las prácticas de alcaldes y consejeros, de todo tipo de chanchullos, escuchas e investigaciones fraudulentas, etc. Desconocimiento absoluto.
La situación real es que no solo nadie dispone de mayoría absoluta, sino que ninguna alianza natural da como resultado la posibilidad de gobierno, por lo que habrá que llegar a acuerdos dolorosos para todos, pero imprescindibles por el bien del pais, y ahí las quinielas comienzan a echar humo, al inicio de una timba de tahures en la que nadie, de nuevo, parece querer enseñar sus cartas, dispuestos todos a salir de farol.
Capitulo aparte es el mundo de las encuestas, que ya no sabemos si está plagado de inútiles, si están amañadas, o si el españolito medio es un mentiroso recalcitrante, pero lo cierto es que los fracasos son escandalosos y continuados en linea creciente. Hoy el PP ha doblado a UP, cuando algunas situaban a estos discutiendo la mayoría, al tiempo que todas daban por hecho el sorpasso, cuando el PSOE se sitúa a bastante distancia de quienes, a pesar de haber fagocitado a IU, han perdido más de un millón de votos.
Ni la coalición natural PP-Ciudadanos da mayoría absoluta, ni ocurre tampoco con PSOE-UP, por muchos saltos malabares con satélites incompatibles que se le añadan a ambas coaliciones.
Considerando que tanto PP como PSOE y Ciudadanos están totalmente de acuerdo en que nada quieren saber de UP sobre quien se ha desatado con éxito la política del miedo, el posible acuerdo, al menos en teoría, se limita a esos tres partidos. La voluntad de pacto de Ciudadanos parece la más clara, hasta el punto de haber pactado anteriormente con el PSOE de forma absolutamente gratuita, ya que se trataba de un pacto sin posibilidad alguna de cuajar en nada, fruto de la inexperiencia y la precipitación. Ahí Ciudadanos perdió muchos enteros, pues mejor le hubiera ido asegurar una oferta de pacto a los dos principales partidos, si ellos eran capaces de conciliar alguna mayoría, e imponer entonces sus exigencias de programa (política de centro que le hubiera hecho mantener a sus votantes), pero nunca decantándose por uno sin que ello sirviera para nada, algo que lo ha pagado tan caro que hoy no dispone, por la aplicación de una absurda y poco democrática ley electoral, y de sus propios errores, del número suficiente como para formar un gobierno de coalición.
Así las cosas, parece que solo existe una posibilidad, sin que Ciudadanos sea fagocitado por el PP, ni el PSOE vote por la investidura de Rajoy, ni se involucren en un gobierno mixto de consecuencias previsiblemente caóticas.
Hace unos meses, y tras largas negociaciones, el mencionado pacto PSOE-Ciudadanos arrojó un programa de consenso entre ambos en el que se contenían toda una serie de propuestas de cambio que ambos partidos estaban dispuestos a llevar a cabo. Consideran ademas que no admitirán, bajo ningún concepto, un nuevo gobierno del PP con el mismo equipo de la corrupción, y de las reformas legales que a su entender propiciaron la nefasta salida de una crisis, en la que aun estamos inmersos sin demasiados visos de salir indemnes.
En esas condiciones, la única salida con cierta lógica, parece ser la de negociar a tres bandas, con el programa de consenso entre PSOE-Ciudadanos sobre la mesa, a los efectos de llegar a un acuerdo final con el PP en el que se fundan aquellos acuerdos a los que los tres puedan llegar, para ejercer una política basada en tales objetivos, política que habría de llevar a cabo en solitario el PP, renunciando Ciudadanos y PSOE a entrar en gobierno alguno, aunque con un nuevo equipo de gestión, ajeno a toda la trayectoria reciente del Partido Popular, quien asumiría el poder desde nuevas perspectivas de gobierno, absteniéndose tanto el PSOE como Ciudadanos en la investidura y pasando a ejercer una labor de vigilancia de cumplimiento de los acuerdos, so pena de propiciar una moción de censura en caso de faltar el PP a tales compromisos.
El acuerdo supondría una reforma interna en el PP, por otra parte absolutamente necesaria, una nueva forma de hacer política, más transparente, de mayor comunicación con los ciudadanos, con mayores planteamientos de consenso y colaboración, características absolutamente ajenas a la actual cúpula del PP, quien tras estas últimas elecciones, de planteárselo, incluso podría homenajear a su presidente, siendo aclamado por los suyos en su generosidad al hacerse a un lado (al estilo Artur Mas) y entregar el relevo a quienes ya aborrecen tanta práctica nada recomendable en un estado democrático.
No nos olvidemos, de todas formas, que el ciudadano, salvo que el líder de cada partido coincida con su demarcación, no vota al líder, sino a la lista cerrada de sumisos que el partido presenta en cada provincia, y que en el caso concreto del PP, sus votante suelen serlo del partido por encima de todo y de todos, dándose el caso que según todas la encuestas (!Oh, las encuestas…!), Mariano Rajoy es el político peor valorado de todo el elenco de fenómenos de la política española, incluso contestado (secretamente) en su propio partido, a quien ha llevado, en estos últimos años de irritante inmovilidad, de una mayoría absoluta holgada, a la necesidad de complicados pactos para que el partido pueda seguir ejerciendo el poder.
¿Aceptará Rajoy y su equipo sacrificarse en bien de su partido, del gobierno de España y del consenso entre los partidos constitucionalistas?, Si esa fuera la oferta del PSOE y Ciudadanos para otorgar el poder al PP por medio de su abstención en la investidura y el PP se negase, ¿quien sería entonces el culpable de propiciar unas terceras elecciones por mantener sus propias ambiciones, incluso por encima de las de su propio partido?.
Por otra parte, si finalmente es el PSOE, como de inicio plantea, quien se niega a pacto alguno que acabe dando el poder al PP, y ello nos conduce a unas terceras elecciones, parece evidente que el resultado llevará a los socialistas al mismo vertedero al que ahora ocupa UP, pues un pais no puede soportar tres elecciones para decir lo mismo, a costa de un sin gobierno durante mas de un año, sencillamente porque los partidos y sus dirigentes anteponen a todo sus propios intereses y ambiciones.
Sinceramente, no veo otra salida, pues un pacto manteniendo a Rajoy y su equipo en el machito, sin concesión alguna a quienes finalmente le darían el poder al partido, no haría más que encumbrarlo y perder credibilidad a unos partidos que apostaron por lo contrario, obteniendo votos en esa linea, y que desde la oposición han de velar por el cumplimiento de los acuerdos, por mantener a distancia a UP, y por enterrar viejas prácticas políticas que ya no son bien recibidas en una España que aspira a más altas cotas de noble representatividad en sus políticos quienes, de cara a sus ciudadanos, tienen una asignatura pendiente de capital importancia, el demostrar que han venido a servir y no a servirse, una asignatura que solo se aprueba a base de renuncias, sacrificios y generosidad, algo hasta ahora absolutamente escaso o desconocido en la política española.
Romper viejos moldes y evitar una nueva convocatoria, es inaplazable.

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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