Leyendo la prensa española parecería que las elecciones en USA han sido un enorme fracaso para Obama. Creo que es una afirmación que puede llevar a consecuencias equivocadas.
El sistema norteamericano tiene una peculiaridad y es que las dos cámaras (Cámara de Representantes y Senado) del Parlamento (el Congreso) no se renuevan en bloque, sino de forma parcial cada dos años. Son las elecciones que llaman de «mid-term» o elecciones que se producen en el ecuador del mandato presidencial. De esta forma, los diseñadores del sistema norteamericano consiguieron algo muy inteligente que es obtener un retrato de la marcha del país con una especie de «macro-encuesta» que sirve para enjuiciar la labor de un presidente.
El dato cierto es que es habitual que el partido que apoyó a un presidente recién elegido pierda apoyos. Un análisis de los datos electorales en los últimos decenios es elocuente:
– Harry Truman en 1946 perdió 54 representantes y 12 senadores… pero fue reelegido en 1948.
– Ronald Reagan en 1982 perdió 26 representantes y no ganó ningún senador… pero fue reelegido en 1984;
– Bill Clinton en 1994 perdió 54 representantes y 8 senadores… pero fue reelegido en 1996.
En el caso de Barack H. Obama, los datos parecen indicar que su partido ha perdido en este 2010 50 representantes y una cifra de unos 8 senadores.
Unas cifras que apuntan a que el Partido Republicano se hará con el control de una de las Cámaras, la Cámara de Representantes… pero el Partido Demócrata conservará la mayoría del Senado, aunque sin llegar a la cifra de los tres quintos (60/100) que proporciona una mayoría cualificada para aprobar importantes asuntos.
Si tenemos en cuenta que de las dos Cámaras el Senado es la más importante, resulta a mi juicio, injustificado, dar por muerto a Obama.
Antes al contrario, creo que estos resultados, que no han sido una victoria, han sido una «derrota», pero no una «grave derrota».
Hago mío el comentario de Martin Kettle en The Guardian:
Cuando estás preparado para una catástrofe, la supervivencia te hace sentirte sorprendentemente bien. Hoy, cuando se posa el polvo levantado por las elecciones norteamericanos del ecuador del mandato, está claro que los Demócratas han recibido una paliza histórica -perdiendo el control de la Cámara de Representantes después de cuatro años, en un vuelco mayor que el experimentado en 1994.
Pero los Demócratas y el sistema bipartito han sobrevivido a la revuelta del «Tea Party» de 2010 de forma más reconocible a lo que algunos de los comentarios más superficiales y apocalípticos hubieran llevado a esperar.
¿Qué consecuencias tendrá esto en su política exterior?
Dado que la derrota no se ha debido tanto al avance de sus adversarios como al abandono de sus apoyos en la clase media, a mi juicio es probable que Obama se reafirme en sus posiciones básicas de política exterior.
El tiempo dirá si este juicio es acertado.
POST-DATA (4-XI-2010)
Hoy el que puede considerarse máximo experto español en Derecho Constitucional norteamericano, Rafael Navarro-Valls, ha publicado un artículo en El Mundo titulado «Los restos de una estrella» que creo que coinciden básicamente con lo que he sostenido aquí.
