Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

El juancarlismo provoca la crisis de la monarquía

Hace catorce meses, el 2 de enero de 2011, el diario Público difundió un reportaje titulado «¿Es posible la tercera República?«. El autor de dicho reportaje, Juanma Romero, contactó conmigo para pedirme mi opinión. Confieso que me sentí decepcionado al comprobar que la inmensa mayoría de las respuestas a las numerosas preguntas que me hizo el redactor no fueron publicadas. Ahora, después de que estallaran el «caso Urdangarín» y el escándalo «Corinna-Botswana», me voy a permitir rescatar las respuestas que envié a ese redactor los días 29 y 30 de diciembre de 2010. Creo que alguna de esas respuestas era «profética» y fue lástima que el redactor no la publicara. Pero no me resisto a dejar constancia de lo que escribí ANTES de que estallaran esos escándalos.

I. LO QUE EL DIARIO «PÚBLICO» PUBLICÓ
De todas las preguntas y respuestas que me hizo el redactor de «Público» el reportaje ¿Es posible la tercera República?» apenas publicó brevísimos fragmentos. Fueron estos:

(…)
Como IU, Pastor subraya que hay que presentar la república como «alternativa democratizadora», superando «la nostalgia» de 1931. «La recesión lleva visos de provocar una crisis del sistema político -responde categórico Ruiz Miguel-. Y llegará un momento de plantear responsabilidades y preguntarnos qué hizo la Monarquía para evitar esta situación».
Tesis opuesta a la de Cruz, Rueda Laffond, León o Gurrutxaga.
A medio camino, el sociólogo de la UCM Armando Fernández Steinko, autor de Izquierda y republicanismo (Akal, 2010): «Las crisis
sirven para poner en práctica cosas asumidas previamente. No son un buen momento para hacer avanzar una identidad compleja como la republicana. Aunque también abren oportunidades, pues en un proyecto republicano economía y política están al servicio del bien común, de los ciudadanos».

(…)
«Hay poca demanda social» para acabar con la Monarquía, certifica Carlos Ruiz Miguel, catedrático o constitucionalista de la Universidad de Santiago. «Está fuera de la agenda política, de las demandas de los partidos y de la sociedad», remacha Sandra León, politóloga de la Fundación Alternativas.

II. LO QUE ME PREGUNTARON Y LO QUE CONTESTÉ
Sin embargo, como dije, el autor de ese reportaje me sometió a un exhaustivo interrogatorio. Creo que, a la vista de los acontecimientos actuales, merece la pena recordar lo que opiné antes de que estallaran los escándalos «Urdangarín» y «Corinna-Botswana».
Sugiero especial atención a las respuestas 3, 6, 8, 10, 15.

1· ¿Cree que hay demanda social de cambio de la forma de gobierno?
– La pregunta es equívoca si entendemos que hoy en día la «monarquía» no es una «forma de gobierno», sino una «forma de Estado». Creo que hay poca demanda social de cambio de «forma de Estado» y hay una difusa demanda de cambio de «forma de gobierno».
Dado que el rey no ejerce ya el poder ejecutivo, la monarquía parlamentaria no es una «forma de Gobierno».
La «forma de Estado» alude, entre otras cosas, al modo en que se configura la representación externa del Estado.

2· ¿Por qué el republicanismo no cuaja?
– Creo que porque no acierta a presentar la diferencia que ofrecería respecto a la forma de Estado actual.

3· ¿Qué tipo de factores son los que pueden desgastar a la Monarquía?
– En mi opinión, sobre todo, dos. Uno sería la ruptura territorial de España. No puede haber «Reino de España» si deja de existir «España». El otro sería la eventual implicación de la monarquía en conductas reprochables.

4· ¿Qué condiciones se tienen que dar para que el debate republicano germine?
– Yo creo que las condiciones se dan ahora. Básicamente, estamos asistiendo a una crisis global, que ya no sólo es económica, sino
política. Porque el sistema político establecido en 1978, por un lado, ha sido una de las causas de la crisis económica actual y, por otro, no puede formar parte de la solución ya que tiene un coste económico insoportable en la presente situación.

5· ¿Estamos ante un agotamiento del sistema del calibre del que propició la proclamación de la II República?
– A mi juicio, el sistema actual está aún más agotado que el de la Constitución de 1876 cuando se proclamó la II república. La diferencia no está tanto en el agotamiento del sistema jurídico, cuanto en el consenso de ciertas elites en mantenerlo.

6· Cuando habla del coste del sistema, ¿se refiere al coste del sistema autonómico, que ya es insostenible?
– Por supuesto el coste autonómico es insostenible. Ahora, por ejemplo, se demuestra que es un error que la Constitución prohiba
la fusión de Comunidades autónomas, con el ahorro que ello conllevaría. Pero la quiebra afecta a todas las administraciones. La
Administración local, los municipios, se puede decir que o está en quiebra técnica o al borde de la misma. Las llamadas «administraciones autónomas», como las Universidades, otro tanto de lo mismo. Incluso la administración central tiene muchos órganos, costosos e inútiles. Por ejemplo: ¿cuanto cuestan y para qué sirven los «Consejos Económicos y Sociales» nacionales y autonómicos?

7· ¿El caldo de cultivo que podría darse debería ser semejante al que llevó a la II República?
– Considero que no tiene por qué ser semejante. De hecho, uno de los problemas actuales que puede desatar la crisis terminal del sistema, como son los nacionalismos, eran un problema bastante menos importante en 1931 y no creo que fuera entonces una de las causas relevantes de la proclamación de la II República.

8· ¿Cree que los nacionalismos pueden contribuir a ese colapso del sistema? ¿Los nacionalismos periféricos o el español también?
– El nacionalismo español hoy en día no existe. Pero los nacionalismos periféricos están contribuyendo, sin duda, no sólo al colapso
político, sino también económico, del sistema por su propensión a crear estructuras administrativas copiadas de las del Estado.

9· ¿Qué debemos aprender de las dos experiencias republicanas previas?
– Que no se puede sacrificar la realidad a la consecución de una ideología.

10· ¿Cómo puede penetrar con más fuerza en el discurso de los partidos?
– A través de la exigencia de máxima ejemplaridad en la política.

11· ¿Qué efecto tiene la crisis (si hace que ese debate se desinfle o no)?
– Como he dicho antes, me parece que la crisis económica puede tener un papel decisivo pues lleva visos de provocar una crisis del sistema político.

12· ¿qué síntomas percibe de que la actual crisis económica puede acabar alcanzando a la monarquía?
– ¿Síntomas? En sentido estricto, ninguno. Pero llegará el momento de plantear las responsabilidades de la situación. Y entonces las
pregunta serán: ¿qué hizo la monarquía para evitar que llegáramos a esta situación? y ¿se habría llegado a esta situación si hubiera
habido una república?

13· ¿Cómo afecta la poca transparencia de las cuentas de la Casa del Rey?
– Afecta poco porque los medios no conceden relevancia a la cuestión.

14· ¿Hay un cambio generacional? ¿Los jóvenes son más republicanos, mientras que los mayores están más aferrados a la monarquía?
– Se podría decir que los jóvenes son menos afectos a la monarquía, pero no por ello son más afectos a la república. Hay una peligrosa despoliticización en la juventud. Y al hablar de «despoliticización» no me refiero a tomas de posición en cuestiones concretas o de detalle, sino al modo de juzgar si la gestión política afecta positiva o negativamente al bien común. Se está perdiendo la idea de «bien común» y sin esta idea previa no puede cuajar, a mi juicio, un debate entre monarquía y república.

15· ¿Existe o no el llamado juancarlismo? ¿Habrá más desafección cuando llegue al trono el príncipe Felipe? ¿Se ha generado una imagen de la Corona como mito, como icono, como tabú? ¿Existe ese tabú en España y no en otros países (caso del Reino Unido)? ¿Por qué?
– Sin duda sí existe el «juancarlismo».
No habrá «desafección» sino que habrá un cambio de titularidad de los afectos. La «afección» al «juancarlismo» existe en una cierta base social, de cada vez más edad, pero también en una importante elite económica y política. El príncipe, junto con Letizia, creo que tienen más afecto entre los jóvenes, pero me temo que no tiene, y difícilmente tendrá, la oportunidad de tener complicidades con esa elite económica y política.
La Corona no puede dejar de ser mito o icono, porque si no sería tal. Pero no tiene por qué ser un tabú. El hecho cierto es que numerosas cuestiones relativas a la Corona son un tabú mediático, lo cual se explica por la complicidad de esa elite económica y política a la que me he referido. Esa complicidad, por cierto, también existen en monarquías como la británica o la holandesa.

16· ¿Cómo puede hacerse el cambio constitucionalmente? ¿Hay miedo a un referéndum?
– El cambio a través de la Constitución de 1978 es virtualmente imposible. Yo no creo que haya miedo a un referéndum. Es algo peor:
hay miedo al debate, tanto por los escasos militantes activos por el monarquismo o el republicanismo, porque ese debate obligaría a
clarificar muchas cosas en ambos bandos que esos bandos no quieren y, en algunos casos, no saben clarificar. En cualquier caso, si se produce una crisis terminal del sistema, habrá que convocar Cortes Constituyentes.

17· ¿Cree verdaderamente factible que en un plazo medio el sistema colapsaría de tal modo que haría inevitable la convocatoria de Cortes Constituyentes?
– Creo que el sistema ya ha colapsado. A mi juicio, existen muchos artículos de la Constitución que en este momento sólo son papel.
Ocurre que algunos tienen temor, a la vez que intereses, en que el modelo no cambie. Pero el hecho es que el modelo en aspectos
esenciales ya no es viable: valga por todos el caso del TC.

18· ¿Por qué se sigue asociando República con izquierda?
– Porque la izquierda asocia la República a sí misma, sobre todo simbólicamente. En el momento en que la izquierda apostara por una III República con la bandera nacional (que fue, por cierto, la de la I República) y no se obstinara en revivir los símbolos de la II
República, creo que el republicanismo empezaría a ser algo «transversal». Precisamente por eso, creo que los defensores del
«juancarlismo» son los primeros interesados en que la república quede simbólicamente asociada a la izquierda.

19· Para que la derecha se sume al proyecto republicano, ¿basta con despojar a la República de sus símbolos tradicionales?
– No sé si basta. Pero sin duda esto sería la condición «sine qua non» para que eso ocurriera. A partir de ahí, creo que el debate sería
posible porque existiría un terreno común que, ahora, no existe.

20· ¿No es la propia concepción de una jefatura del Estado no monárquica la que repugna a la derecha?
– No necesariamente. No todas las presidencias republicanas son iguales. No es lo mismo la alemana que la norteamericana. Creo que una presidencia como la norteamericana tiene un gran atractivo en el pensamiento liberal y conservador que forma el núcleo básico de la derecha.

Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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