
Cucharadas del libro El sacrificio de ganar.
Hablar del amor y de la derrota no es fácil. Tampoco lo es cagar en el campo sin saber con qué limpiarte. Luis Miguel Madrid me ha acristalado la mañana del domingo, desayunando versos ocultos tras una hoja reciclada. Dice:
Junto a ti me pongo un güisqui
Y me desparramo en el sofá
Extasiado en el oficio de mirarte.
Después pasa lo que pasa, que no es poco, y mi lengua siente ganas de seguir con la locura de alcanzar esa gloria que se escapa. Continúa:
Mentir no es grave cuando andamos
Casi ya de retirada, apurando la penúltima
En el último bar.
Deseo que llegue el ayer que no conozco, en la frontera de silencio que me separa de la derrota definitiva. Duelen las palabras. Acaba:
Tampoco las verdades tienen importancia
Cuando estamos a punto de ser nadie.
No está mal comenzar así a desperezarse de la inopia, a separar la costra de mierda que uno lleva siempre adherida.
Vale.
